En 2025 el mercado del arte resucitó obras y artistas que pasaron a la historia sin pena ni gloria, situándolos en el epicentro de un panorama en constante cambio.
El pasado año, obras desapercibidas y talentos olvidados alcanzaron precios estratosféricos en subasta. Mujeres de diferentes contextos, piezas de arte textil, obras adscritas al modernismo indio… El revisionismo y el redescubrimiento por parte de las galerías y museos han sido las claves para comprender esta nueva inclinación en el mercado, así como un apetito por las rarezas.
Estos son cinco nombres de artistas desconocidos que han despegado de la oscuridad para hacerse un hueco en el mercado. Por cierto, más de la mitad son mujeres, y todos pertenecen al siglo XX:
Sophie Taeuber-Arp
La artista suiza es una de las figuras clave en el modernismo geométrico y el dadaísmo, pero su revalorización como tal ha sido más bien reciente. Activa durante el periodo de entreguerras hasta su muerte en 1943, fue pintora, escultora, interiorista y bailarina. Su producción abarca lienzos, collages, esculturas, tapices, marionetas en madera y las curiosas cabezas-dadá. Si bien su trabajo fue muy apreciado y valorado por sus contemporáneos, la academia posterior la hizo pequeña en la historia del arte y los museos la despojaron de su valor real, siendo eclipsada por su marido y por hombres de su círculo cercano como Kandinsky.
Ver su nombre y su obra en subasta no es algo muy habitual, pero el pasado año un relieve policromado en madera que Taeuber-Arp realizó en 1936 se vendió por 3,3 millones de dólares en Christie’s París, casi triplicando su último récord en subasta. Sus formas geométricas y coloridas, así como su estilo interdisciplinar y optimista convierten su obra en original y peculiar, dos características que el mercado persigue últimamente.
Olga de Amaral
Colombiana, devota de la práctica artesanal y con una profunda conexión con la vida del campo, Olga de Amaral ha obtenido el reconocimiento mundial a los 92 años de edad —mejor tarde que nunca, o eso dicen—. La Fundación Cartier le dedicó por primera vez una retrospectiva en Europa a finales de 2024, un gesto que terminó de dinamitar el interés general por sus creaciones etéreas. En el pasado mes de noviembre, su tapiz de oro Pueblo H (2011) cuyo valor estimaba entre los 400.000 y los 600.000 dólares se subastó por nada menos que 3,1 millones de dólares en Christie’s Nueva York.
Su producción está marcada por la abstracción y las dimensiones a gran escala, vinculada a prácticas como la cestería y la elaboración de ruanas o mantas. Si bien su formación artística está relacionada con el dibujo arquitectónico, la obra de Amaral se orienta por completo a la textilería y sus creaciones se caracterizan por la constante experimentación técnica y material. A caballo entre la tradición y la modernidad, la artista ha elevado el arte textil a la altura de otras prácticas más valoradas como la pintura.
Maqbool Fida Husain
Uno de los éxitos más inesperados del pasado 2025, y también una de las anécdotas más rocambolescas. Maqbool Fida Husain fue un artista —pintor y cineasta— así como un político expatriado de la India por la cantidad de demandas que recibió contra el contenido de sus obras. Pintaba en todos lados, repartiendo brochazos largos y descuidados por doquier, y sus temáticas abarcan desde interpretaciones mitológicas erotizadas —lo que le llevó ante los tribunales— o episodios nacionales, hasta retratos de Teresa de Calcuta o Madhuri Dixit.
Sus intervenciones como miembro del Parlamento fueron inexistentes, pues se dedicaba a guardar silencio y garabatear caricaturas de los allí presentes. Tenía una interesante y costosa colección de coches deportivos, y sus grandes inspiraciones artísticas fueron Cèzanne y Matisse.
Por primera vez, Fida Hussain se encuentra entre los 50 artistas más vendidos en subasta según Artprice, y su lienzo monumental sin título que narra la “historia de un pueblo” en 13 viñetas se vendió el mes de marzo por 13,75 millones de dólares —diez millones de dólares por encima de su precio estimado— en Christie’s Nueva York. Llámenlo locura o pieza clave del modernismo indio.
Michael Andrews
Hijo de la posguerra, discípulo de Lucian Freud y William Coldstrain, y miembro inadvertido de la Escuela de Londres, Michael Andrews fue un verdadero observador de la quietud y la calma. Mientras más de la mitad del mundo se resguardaba en una abstracción desgarradora y atormentada, él se centró en retratar paisajes evocadores, escenas de reuniones festivas o rostros pensativos, e hizo unos cuantos estudios sobre la luz —si uno da un paseo por el Thyssen podrá toparse con algún que otro cuadro suyo—.
Sus lienzos profundamente narrativos y portadores de una gran sensibilidad han generado un interés renovado este año, mostrando a su vez una inclinación del mercado hacia la pintura figurativa de posguerra. Su obra School IV, que data de 1978, fue subastada en Londres por 7,8 millones de dólares —la estimación inicial bailaba entre los 3,8 y los 6,4 millones-. El cuadro ilustra un fondo marino navegado por atunes plateados que, en su día, debía tener a los abstractos tirándose de los pelos.
Lynne Drexler
La obra de Lynne Drexler es lo opuesto a los pececillos zen de Andrews. Pintora y fotógrafa nacida en la América de los años 20, se codeó con los gigantes de la abstracción, pero curiosamente su nombre acumuló tanto polvo como el de Jane Wilson o Lois Dodd, que en un principio estuvieron muy vinculadas al expresionismo abstracto. Vivió en el Hotel Chelsea y formó parte de todo lo que se allí se cultivó, a la par que asistía a la ópera y ejercía de líder laica de una iglesia tribal. Sin embargo, acabó por exiliarse con su marido a la isla de Mohegan, huyendo de la atención y el barullo de la ciudad.
Su trabajo está siendo redescubierto ahora y el nombre de Lynne Drexler ya se considera como fundamental de la llamada “segunda ola de la abstracción”. Uno de sus lienzos más grandes se vendió en noviembre en Nueva York por 2 millones de dólares, y es representativo de su lenguaje propio, colorido y vibrante en el que la mancha prevalece sobre la forma.
El éxito indiscutible de estos cinco artistas tan dispares muestra un mercado artístico que no solo se encuentra en constante cambio, sino que últimamente se arriesga a derribar los límites de lo tradicional para dar paso y otorgar un espacio destacado a quienes en vida habitaron a la sombra de los gigantes.