La retirada de ayudas públicas y la presión competitiva moderarán las ventas, mientras China eleva los estándares de eficiencia, seguridad y conducción autónoma

El mercado chino de turismos podría entrar en una fase de desaceleración en 2026, tras varios años de fuerte crecimiento impulsado por los vehículos electrificados. Sin embargo, los analistas coinciden en que este menor ritmo no supone un freno estructural para la industria, sino el inicio de una nueva etapa centrada en la calidad, la seguridad y el avance tecnológico, con implicaciones de alcance global para el sector de la automoción.

Según un análisis publicado por China Daily, las previsiones apuntan a que las ventas de vehículos de pasajeros en China rondarán los 29,9 millones de unidades en 2025, con un crecimiento cercano al 9%, para descender posteriormente hasta el entorno de los 28,5 millones en 2026, lo que supondría una caída aproximada del 5%. Entre los principales factores que explican este escenario figuran la retirada progresiva de las subvenciones de los gobiernos locales y la incertidumbre sobre posibles incentivos por parte de los fabricantes ante un eventual aumento del impuesto de compra.

Divergencia de previsiones y presión competitiva

Tal y como recoge China Daily, otros análisis anticipan un ajuste más moderado, en torno al 2%, acompañado de una ralentización en el crecimiento de los vehículos de nueva energía. En este contexto, las marcas chinas seguirían contando con margen para ganar cuota a los fabricantes extranjeros en los segmentos de mayor valor, mientras que las ventas en el exterior se perfilan como un elemento clave para sostener la rentabilidad en el mercado de volumen.

Las estimaciones más optimistas apuntan incluso a un ligero crecimiento del mercado en 2026, hasta situar las entregas en torno a los 28,2 millones de unidades, con los vehículos electrificados representando cerca del 70% del total. En una posición intermedia, otros expertos consideran que el mercado podría cerrar el ejercicio con un comportamiento plano, condicionado por un primer semestre débil y un posible repunte en el último trimestre gracias a las políticas de sustitución de vehículos.

Nuevas exigencias de eficiencia y seguridad

Más allá de la evolución de la demanda, China Daily subraya que 2026 marcará un punto de inflexión regulatorio. China ha puesto en marcha los primeros límites obligatorios de consumo energético para turismos eléctricos a nivel mundial, endureciendo los requisitos en torno a un 11% respecto a la normativa anterior. Para los modelos de alrededor de dos toneladas, el nuevo estándar fija un consumo máximo de 15,1 kWh por cada 100 kilómetros, lo que permitirá mejorar la autonomía media de los vehículos eléctricos en torno a un 7%, según estimaciones oficiales.

A estas exigencias se suman nuevas normas de seguridad para las baterías, que entrarán en vigor a partir de julio. Las baterías deberán resistir al menos dos horas sin incendiarse ni explotar tras un episodio de fuga térmica, frente a los cinco minutos exigidos hasta ahora, y la temperatura en los puntos monitorizados no podrá superar los 60 grados centígrados.

Impulso a la conducción autónoma

El cambio de ciclo también vendrá acompañado de avances significativos en conducción autónoma. De acuerdo con la información recogida por China Daily, algunos modelos eléctricos ya han iniciado pruebas piloto de nivel 3 en vías públicas de grandes ciudades chinas, un paso relevante hacia la comercialización de sistemas capaces de asumir el control total del vehículo en condiciones determinadas.

A diferencia de los sistemas de nivel 2, mayoritarios en la actualidad, el nivel 3 libera legalmente al conductor de la supervisión constante durante su uso. Diversos fabricantes chinos prevén incorporarse a este despliegue en los próximos meses, situando a 2026 como un posible punto de partida para una adopción más amplia de estas tecnologías.

En conjunto, el mercado chino se prepara para un cambio de fase: menos crecimiento cuantitativo, pero mayor exigencia regulatoria, más innovación y una competencia más intensa, con efectos que se dejarán sentir en toda la industria mundial de la automoción.