La historia del deporte de élite está repleta de ilusiones rotas y vidas destrozadas. Ansiedad y frustración ejercen como auténticas trituradora de deportistas profesionales. Nadja (pronúnciese Nadia) Manjón Mihalic lo tenía todo para triunfar en el tenis. O casi. Y ese casi marca la diferencia. La presión por no decepcionar, los entrenamientos exhaustivos y el ambiente asfixiante que rodea a quienes coquetean con la gloria la engulleron. Ahora vuelca su rabia y sus demonios en un libro, ‘Los que no llegaron’. Que, en realidad, es la historia de todos los que se quedan por el camino.

«El libro me ha permitido mirar atrás sin que duela. Como una terapia, pero nadie me dijo, ni un psicólogo, que lo hiciera. Ha sido una liberación, la única manera de expresar todo lo que sentía. No me va a juzgar nadie», declara a modo de inicio.

La gallega errante con una raqueta

Santiago de Compostela. Un diez de diciembre de 1997 viene al mundo (perdón, a Galicia) Nadja. Desde pequeña «mi vida era tenis, casa, tenis, colegio… No había cumpleaños, ni nada parecido. Cero. Absolutamente nada». A esta situación, se suma su peregrinaje de ciudad en ciudad, de academia de tenis en academia de tenis. «No me daba tiempo a hacer ninguna amistad. No cuadraba, era la nueva que jugaba al tenis. Y ahí vas navegando, entre medias, te tienes que acostumbrar a un sitio nuevo».

Nadja Manjón nació para ganar. Pero a la verdadera Nadja Manjón la estaba devorando la ansiedad. «He estado muchos años sometida a un nivel de presión muy alto. Y la historia tenía previsto otro final.

Portada libro Nadja ManjónPortada del libro Los que no llegaron de Nadja Manjón: ansiedad, frustración y un sueño que a punto estuvo de aplastarla. FOTO: D.R.
Nueva vida sin la raqueta

Su entorno soñaba con que fuera la Serena Williams gallega El pasado a veces duele. Por eso cuesta visitarlo. «Mi padre aun no lo ha leído. Le he dicho que espere hasta que yo le diga. Mi madre se ha emocionado mucho, ha llorado. En ‘Los que no llegan’ hay mucha realidad, es mi historia, hay cosas en el libro que yo no les contaba… Están muy contentos de que esté encontrando mi ruta», explica.

Hoy trabaja en una inmobiliaria de lujo, como autónoma. Ella se organiza, tiene el mango de su vida, habita en su propia casa (en Boadilla del Monte) junto a su querido perro Enrique.

Cuando tus sueños son los de otros

La historia de Nadja repite el patrón de otros muchos deportistas de alto rendimiento que se quedaron por el camino. Demasiada presión, demasiadas expectativas y demasiada gente soñando con un futuro para su vida sin dejarles que ellos mismo decidieran si ese era su sueño. Porque ahora los sueños de Nadja son otros. «Aquello era un sueño impuesto. Pero te lo meten desde tan pequeñita que llega a ser tuyo. Yo hacía tres deportes, gimnasia rítmica, patinaje y al final fue el tenis… Pero no quiero que mis padres carguen con esa especie de culpabilidad por abandonarlo. Mi padre lo hizo lo mejor que pudo y para darme una oportunidad».

En ‘Los que no llegan’ se mastica la presión, el agobio, la asfixia, el cansancio insoportable, sobre todo, la salud mental en caída libre. Porque, la verdad, los que llegan son los menos. ¿Es cuestión de talento? «El talento es como el que tiene suerte, pero sin esfuerzo no sirve de nada».

Bloqueo entre la élite

En los deportes no solo juega el cuerpo. También lo hace la mente. Y a veces, no puede más. Nadja se fue a Estados Unidos a estudiar gracias a su condición de deportista de élite. Compartía entrenamientos con Sara Sorribes y Paula Badosa. «Me esforzaba muchísimo. Corría más que nadie. Estudiaba todos los días. Hacía ejercicios de coordinación antes de irme a dormir… pero el aspecto mental era tan importante que, luego, a la hora de jugar, me bloqueaba», recuerda la ex-tenista.

El silencio lo invade todo y brota una reflexión al aire: «¿Si no hubiese pasado esa presión hubiera llegado? No lo sé, y nunca lo sabré».

Hasta que la presión se hizo insoportable

Tener un deportista de alto rendimiento en casa es un orgullo. Pero también una sangría económica difícil de sobrellevar para muchas familias. Ese era el caso de Nadja y la culpa por lastrar a los suyos sin triunfos la estaba devorando por dentro. «El último mes en Valencia resultó horrible a nivel psicológico. Llegaba a los entrenamientos llorando por la presión que sentía en casa», recuerda.

Iba al entrenamiento en coche. Su padre conducía y le dijo «da la vuelta, se acabó. Ni una duda. Literal. Regresamos a casa. Llamé al entrenador y le solté: no vuelvo a jugar».

Empezar de cero para lograr la paz emocional

En ese arrebato de furia liberadora recuerda de «descolgué toda la ropa, agarré todos los trofeos, lo metí todo en una bolsa de basura, excepto las raquetas, y lo tiré».

Ahí no quedó todo. «Borré todos los contactos del teléfono. Empecé de cero. Supe que se acababa el tenis. Después ya no había nada más. Pero ya está, no hay excusas. La recompensa fue la tranquilidad emocional, se acabó todo el mundo. Ni una llamada. Ni un mensaje. Cero». Tenía ante sí un libro lleno de hojas en blanco que ahora debía escribir ella sola.

Una nueva vida

Durante mucho tiempo el tenis fue tabú. Dolía demasiado. No podía ni ver tenis por televisión. «Este año he visto mi primer partido profesional sin llorar».

De vuelta a Galicia decide irse a Estados Unidos unos años. «Jugué el mejor tenis de su vida, porque llevaba cuatro años allí sin sentir ninguna presión, me lo pasaba bien jugando, liberada totalmente». En aquel país vivió «como en una película, y me encantó». Aquella experiencia americana «fue una auténtica huida. Huía de mi vida anterior. No quería estudiar en ningún sitio en España que me recordarse el tenis, no quería estar en casa».

De todo un poco

Un máster. Ejerce de monitora de tenis, entrena pero sin ninguna exigencia. Trabaja en una firma de ropa, en una start up. Es feliz. Se termina la visa americana y ha de regresar a España. Encuentra una buhardilla en el barrio madrileño de Malasaña y se pone a escribir ‘Los que no llegaron’ (disponible en Amazon).

Nadja (también la pueden llamar Ana) ha creado una comunidad en Instagram de nombre homónimo al título de su libro. En pocos días una plétora de personas se han ovillado en ella con historias similares. Ambición, sacrificio, la calma, la reinvención. ¿Qué es el éxito? «Salud, una familia cercana y, obviamente el dinero suficiente para estar tranquila».