La Universitat de València (UV) coordina el proyecto europeo PainGutPFC, en el que aborda uno de los problemas de salud más prevalentes a nivel mundial: el dolor crónico y sus complicaciones emocionales y cognitivas. En el proyecto se estudian las alteraciones en la comunicación cuerpo-cerebro que provocan el dolor crónico desde un enfoque innovador que combina la investigación básica con la aplicación clínica directa. Este mes de enero se inician los estudios en humanos en Valencia, con la colaboración del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Consorcio Hospital General Universitario de Valencia (HGUV).

El dolor crónico es la condición de salud más común en todo el mundo y una de las principales causas de discapacidad, especialmente entre las mujeres. A menudo, este dolor viene acompañado de problemas de salud mental que empeoran la situación de los pacientes y afectan gravemente a sus actividades cotidianas, relaciones familiares y sociales. Este es el caso de enfermedades como la artritis reumatoide, la artrosis y la fibromialgia, que frecuentemente presentan lo que se denomina dolor nociplástico y sensibilización central, donde el daño en las estructuras físicas no se corresponde con el sufrimiento experimentado por los pacientes. Los tratamientos actuales son a menudo insuficientes, lo que deja a muchos pacientes con condiciones de dolor complejas y dificultades en la regulación emocional, lo que conduce a una disminución de la calidad de vida y puede empujarles a automedicarse con alcohol para tratar el dolor y gestionar estos sentimientos.

Investigaciones recientes han destacado la importancia de la conexión entre el cuerpo (especialmente el intestino) y el cerebro que explican diferentes condiciones, como es el caso de la depresión o la ansiedad. Estas mismas conexiones podrían tener un papel importante en el desarrollo y mantenimiento del dolor, como se propone en PainGutPFC. Estudios previos del equipo de la UV tanto en animales como en humanos, han revelado que el dolor modifica significativamente el sistema de recompensa del cerebro, lo que puede conducir a emociones negativas y problemas de pensamiento. Estos cambios también pueden impulsar comportamientos poco saludables, como el consumo excesivo de alcohol, que a su vez puede empeorar el dolor, creando un círculo vicioso difícil de romper.

Lucia Hipólito, profesora del Departamento de Farmacia y Tecnología Farmacéutica y Parasitología de la UV y coordinadora del proyecto, explica: “esta iniciativa analiza esta cuestión utilizando una estrategia traslacional. Es decir, incluyendo estudios preclínicos en animales y clínicos en humanos en paralelo, con un enfoque fundamental de perspectiva de género que reconoce las diferencias significativas entre hombres y mujeres en las experiencias de dolor y respuestas al tratamiento”.

Los hallazgos ayudarán al desarrollo de terapias dirigidas y enfoques de medicina personalizada centrados en aproximaciones psicológicas y en la salud integral, y conducen a un alivio más rápido y sostenido del dolor crónico, una reducción de la dependencia de medicamentos y una menor carga de problemas emocionales asociados, como ansiedad, depresión y autotratamiento de estos con consumo excesivo de alcohol.

Marcadores de microbiota intestinal

En el marco del proyecto, el grupo de Microbioma e Innovación en Nutrición y Salud (Innobiome) del IATA-CSIC aporta su experiencia en el estudio del microbioma intestinal y su relación con la salud. Su contribución se centra en la identificación de marcadores de la microbiota intestinal asociados al dolor crónico y a las alteraciones conductuales, así como en el desarrollo de estrategias basadas en el microbioma con potencial para mejorar esta condición patológica.

El grupo investiga cómo el microbioma interactúa con factores ambientales como la dieta o el estrés y con el propio organismo humano, influyendo en los sistemas inmunológico, endocrino y nervioso, y modulando tanto la salud física como la mental. “La contribución del grupo se orienta al desarrollo de nuevas soluciones diagnósticas, preventivas y terapéuticas basadas en el microbioma, con el fin de promover la salud desde un enfoque integral”, explica el equipo de trabajo del IATA.

Además de Lucía Hipólito, el equipo investigador de este proyecto lo integran Miguel Ángel Serrano, Noemí Sanmiguel, Ana Polache y Vicente Herranz, por la Universitat de València. También participan Jorge Fragío (Consorcio Hospital General Universitario de Valencia, HGUV), y Ana Agustí y Marina Romaní (Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos, IATA-CSIC). El consorcio europeo se completa con la participación de la University of Picardie Jules Verne (Francia), Grenoble Alpes University y el Grenoble Institute of Neurosciences (Francia), y el Maj Institute of Pharmacology de la Academia Polaca de Ciencias (Polonia). La financiación se ha obtenido a través de EraNet Neuron, un programa de colaboración internacional europeo.

Fuente: UV