El sábado 10 de enero, a las siete de la tarde, el Teatro de la Laboral acoge la inauguración del MUSOC, siglas de la Muestra de Cine Social y Derechos Humanos de Asturies, un festival que cruza cine, activismo y pensamiento crítico. La apertura llega con el estreno de MCA. La llucha eterna, el documental de Alejandro Nafría sobre el Movimiento Comunista de Asturies. Que este documental inaugure el MUSOC no es casual.

La película llega tras dos años de trabajo y lo hace en un contexto muy distinto al que la vio nacer. “Sabes cómo empiezas un documental, pero no cómo lo terminas”, explica Nafría. Cuando arrancó el proyecto, la ultraderecha ya asomaba, pero muchas conquistas parecían consolidadas. “Pensaba que esta historia era recuperable hace dos años. Ahora me parece todavía más recuperable”.

Fotograma de Una Llucha Eterna, documental dirigido por Alejandro Nafría.

Un partido pequeño, una huella larga

El MCA nunca fue un partido de grandes resultados electorales. Esa es la parte más conocida de su historia. La otra —menos visible, pero más persistente— es su papel como base social, cultural y política de muchos movimientos que vinieron después. “Es que a mí eso es lo que me gusta del MC”, señala Nafría. “Cómo anticiparon ideas y, sobre todo, cómo supieron adaptarse a los tiempos e ir adaptando esas ideas”.

En el documental aparece una frase que resume bien esa actitud, pronunciada por uno de sus protagonistas: “El comunismo de hoy no tiene por qué ser el comunismo de ayer”. Y en esa capacidad de mutación se condensa buena parte de su legado. Como vino a decir Cheni Uría, militante histórico y una de las figuras clave del Movimiento Comunista de Asturies, el MCA ocupó un lugar diminuto en la Historia con mayúsculas, pero uno descomunal en la experiencia vital de quienes lo hicieron posible.

Historias de derrota que no lo son

A Nafría le atraen las historias que no encajan del todo en los relatos de éxito. “A mí me encantan las historias de derrota. Si acaba bien, no me gusta”, dice, medio en serio medio en broma. El MCA es una de ellas, aunque solo si se mide en términos estrictamente electorales. “Triunfaron en otra cosa”, apunta, “en las ideas, en lo organizativo, en lo social”.

La comparación surge casi sola. “Yo estuve en Podemos al principio, aquí en Asturias, y nos creíamos súper modernos. Y esta gente pedía todo eso treinta años antes. Para nosotros era fácil. Para ellos, muchísimo más difícil”.

Voces antes que documentos

MCA. La llucha eterna no es un documental de archivo al uso. Hay imágenes, carteles, vídeos y pegatinas —“tengo miles”, reconoce el director—, pero el peso del relato recae en quienes estuvieron allí. “Las voces. Las voces, sin duda”, responde cuando se le pregunta qué pesa más en la película. “Yo no me siento capaz de hablar por ellos. Hablan ellos y hablan ellas”.

Nafría grabó más de veinte entrevistas, más de veinticuatro horas de material. “Si lo contara todo, no acabaríamos nunca. Por eso la película dura algo más de hora y media. Para que te quedes con una idea clara de qué era aquello, qué hicieron y por qué lo hicieron”.

Ética, militancia y vida entera

Lo que aparece en pantalla no es solo una organización política, sino una forma de vivir la política. Militancia constante, debates interminables, compromiso cotidiano. “La militancia era grande, sí, pero nadie te obligaba”, insiste Nafría. “Lo hacías porque querías, porque estabas comprometido con una causa”.

El documental no fuerza un único relato. Hay quien recuerda aquella entrega sin pesar y quien reconoce que la militancia “les costó la juventud”. Nafría no corrige ni equilibra: deja hablar. “A mí lo que me gusta es que no todos dicen lo mismo. Que cada uno diga lo que le parece”.

Autocrítica y capacidad de cambio

Si hay una idea que el director subraya como legado central del MCA, es su capacidad de autocrítica. “Se equivocaron, claro. Como todo el mundo”, afirma. “Fueron maoístas, luego revisaron el marxismo, apoyaron la lucha armada de ETA, llegó la democracia, tardaron en cambiar… pero supieron hacerlo”.

Ese proceso no fue inmediato ni cómodo. Incluso en 1985, recuerda Nafría, en un congreso celebrado en el Campoamor, todavía se pedía el voto para Herri Batasuna. “Fue el último cambio gordo”, señala. “Pero lo hicieron”.

Cuando el partido dejó de tener recorrido, tampoco se detuvieron. “No se rindieron. Siguieron en asociaciones vecinales, en movimientos sociales, en Lliberación, luego en Acción en Red. Nunca tiraron la toalla”.

Alejandro Nafría. Foto: David Aguilar Sánchez.

Humor, carteles y folixa

El documental también se permite respirar. No todo es clandestinidad, represión o debate ideológico. Hay humor, estética y cultura popular. “Tenían muchísima coña”, recuerda Nafría. “Los carteles eran brutales: ‘Si los obispos quedasen preñaos, el aborto ya sería libre’, ‘menos porras y más porros’…”.

El último tramo del documental hace un guiño festivo: un videoclip de Pinón Folisia, proyecto musical de sátira política y cultura popular muy vinculado al ecosistema cultural del MCA, junto a la Charanga Ventolín, habitual de manifestaciones, fiestas y movilizaciones en Asturies.

Una manera deliberada de romper con la solemnidad y recordar que aquella militancia también fue calle, ironía y gusto por la vida.

Charanga Ventolín.

Mirar atrás para pensar el presente

A Nafría no le preocupa que el espectador mire el pasado con ojos de hoy. “Hay una ética MCA que vale igual para los sesenta, los setenta o ahora”, sostiene. Tampoco le incomoda que la película suene a reivindicación. “Esto empezó como un homenaje y va a acabar como una reivindicación”.

Cuando se le pregunta qué le gustaría que alguien se llevase al salir del teatro, no duda: “La capacidad que tenían de reconvertirse. De pensar, de cambiar y de seguir”.

Este sábado, el MUSOC arranca con una película que no busca cerrar una historia, sino volver a ponerla en circulación. No como pieza de museo, sino como memoria viva que sigue interpelando al presente.