Las decepciones y caídas superan a las alegrías de Van Aert

La reciente retiradade Wout van Aert en el ciclocross de Mol, que ha terminado con una fractura de tobillo y paso por el quirófano, no es un incidente más; es el enésimo freno a una carrera que empieza a parecer un laberinto de caídas y sinsabores.

El belga, que ya sabe lo que es reconstruirse desde cero, vuelve a la casilla de salida justo cuando el motor empezaba a rugir de nuevo. Es una constante en su trayectoria reciente: el talento de Van Aert es tan inmenso como su mala fortuna, y el ciclismo, que no tiene memoria, empieza a ser cruel con él.

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Si echamos la vista atrás a 2024, el patrón es desolador.

En A Través de Flandes sufrió una caída brutal que le privó de sus grandes objetivos de primavera, las piedras que tanto ansía.

Tras meses de una recuperación agónica para recuperar un golpe de pedal digno, llegó a la Vuelta a España.

Allí, cuando por fin volvíamos a ver a ese corredor total, dominante y ambicioso, otro golpe seco contra un murete bajando lo mandó a casa.

La rapidez con la que Van Aert pierde la forma tras cada parón es proporcional a lo que le cuesta alcanzarla; es un atleta de precisión que necesita meses de rodaje para ser él mismo, y estos cortes abruptos son letales para su progresión.

Es frustrante ver cómo un corredor que ha sido la pieza clave en los éxitos más grandes de sus compañeros en el Visma, sacrificando opciones propias por pura jerarquía de equipo, apenas ha podido levantar los brazos en tiempos recientes.

De hecho, su gran alegría última fue en París el año pasado, en aquel estreno en Montmartre donde recordó al mundo quién es cuando las piernas le acompañan.

Ganó a Pogacar, ojo.

Desde entonces, el desierto.

El problema no es solo la lesión física, es el desgaste mental de volver a empezar.

Van Aert necesita la suerte que su entrega merece porque, de lo contrario, es imposible optar a algo grande.

Cada vez que vuelve a sentirse poderoso, el asfalto o el barro se encargan de recordarle que el ciclismo es un deporte de equilibrios imposibles.

Sin esa pizca de fortuna necesaria para encadenar seis meses de competición sana, el mejor Van Aert corre el riesgo de quedarse en el recuerdo de lo que pudo ser y no le dejaron ser.

Imagen: A.S.O./Billy Ceusters