Atelier AM concede tanta importancia a los espacios como al mobiliario que contienen, en este caso firmado por grandes maestros del siglo XX: armarios y mesas de Jean-Michel Frank, lámparas de Alberto Giacometti, sillas de Eugène Printz, Marc du Plantier y Jean Royère, un biombo de Jean Dunand y un taburete de Émile-Jacques Ruhlmann. Y eso solo en el salón… Lo realmente admirable es que ninguna de estas piezas pretende destacar por encima de las demás.

En el dormitorio del hijo, una pintura de Jef Verheyen cuelga en las paredes, revestidas con paneles de roble realizados por Féau Boiseries. La alfombra a medida es de FJ Hakimian. Al fondo, vista a través de la puerta, obra de Man Ray.
Arte Jef Verheyen © 2026 Artists Rights Society (ARS), New York / Sabam, Brussels. Man Ray © Man Ray 2015 Trust / Artists Rights Society (ARS), NY / ADAGP, Paris 2026.Más tiempo y más subastas
La sensación es de armonía: una atmósfera contenida, un equilibrio entre forma y espacio. Gran parte de la belleza de estas estancias se revela con el tiempo, en una segunda, tercera o cuarta mirada. Incluso los objetos más pequeños tienen presencia y pedigrí: un paragüero de Pierre Chareau, un espejo de Line Vautrin, una mesa auxiliar de Jules Leleu, una bandeja de Claude Lalanne. “Aunque incorporar el segundo apartamento complicó el proyecto”, admite Alexandra, “también nos dio más tiempo para adquirir las mejores piezas. Nos regaló una o dos temporadas de subastas”.

Sobre el aparador de la izda., jarrón del ceramista japonés Shin Fujihira (en Ippodo Gallery) y hacha maya de piedra con forma de serpiente, de entre los años 550 y 950 en México (en Sotheby’s).
Una pequeña joya atmosférica
La sensación de serenidad se refuerza con la paleta cromática sutil de los tejidos y alfombras. Los tonos apagados de ciruela, crema, dorado, óxido y bronce evocan otra época. “Estos clientes suelen preferir los neutros”, dice Alexandra, “pero cuando sugerí añadir un poco de color, dijeron: ‘Hagámoslo’. La paleta fue evolucionando y también respondía a la naturaleza de los muebles: no son nuevos, y eso se refleja en los tejidos”. Como un seductor terciopelo en el sofá, crin de caballo en un par de butacas, cortinas de seda y cojines de cachemira y lino bouclé.
“Nuestro trabajo trata más de la atmósfera y el estado de ánimo que de los objetos”, sostiene Michael. “Pretendíamos difuminar todas esas piezas tan especiales. Queríamos que el apartamento resultara cercano y fuera del tiempo. ¿Es de los años 70 o de los 30? ¿Qué es exactamente?”, se pregunta. A lo que Alexandra añade: “Sí, es una pequeña joya, pero también es cálido y acogedor. Y a los propietarios les encanta”.