“Nunca hablamos de ambiente. Para nosotros, las casas hay que vivirlas con naturalidad”, dice Mafalda Muñoz. El tono del estilo maximalista está marcado. Casa Muñoz, el dúo que forma con su marido Gonzalo Machado, ve la arquitectura de interiores a través del prisma de la historia. La de sus ocupantes y la del propio edificio, sin caer nunca en el historicismo fácil. La pareja madrileña presenta su interior como “un resumen de todo lo que aman, con la sensación de que el tiempo ha pasado”. El tiempo es la palabra clave en este lugar, habitado por varias historias entrelazadas que vamos descubriendo poco a poco durante la visita.

En la sala se exponen obras adquiridas por la pareja a lo largo de los años. Una lámpara colgante de Aurèlia Muñoz se alza junto a cuadros de Ángel Alonso (izquierda) y Miguel Marina (derecha), una cabeza egipcia de piedra y un librero de Claudio Salocchi.
Giulio Ghirardi
«Nunca hablamos de ambiente. Para nosotros, las casas deben vivirse con naturalidad».
La interiorista Mafalda Muñoz
Situada en el barrio de Justicia de Madrid, esta casa estilo maximalista, construida en 1900, envuelve un patio interior a modo de galería, y el departamento ocupa una de las plantas de esta luminosa isla. “Con cuatro metros de altura de techo, había un marco para crear algo de verdad”, confiesan, igualmente contentos de haber encontrado molduras, un elemento decorativo bastante raro en la capital española. Cuando llegaron, el departamento albergaba las oficinas de un bufete de abogados, sin cocina ni baño, “pero te da la impresión de que siempre ha sido una casa, conservando la esencia de lo que era cuando se construyó”, explica Mafalda Muñoz. “Dada su estructura, no es un lugar que hubiéramos podido demoler y rehacer por completo”, añade Gonzalo Machado, “así que nuestro principal reto fue adaptar nuestra forma de vivir en familia a este espacio singular”.

En la sala, bajo un lienzo de Alex Marco, un sillón Directoire y una mesa auxiliar de Bernard Vuarnesson. La lámpara de cerámica es obra del estudio de diseño de Casa Muñoz, CM Editions.
Giulio Ghirardi
La sala de TV se concibió como un set de cine, con un sofá tapizado en tela (Dedar) y cubos metálicos (todo de CM Editions) sobre los que se coloca un candelabro (Fredrikson Stallard). En las paredes, de izquierda a derecha, una fotografía de Grillo Demo, una instantánea de Bastiaan Woudt, un cuadro de Nacho Torra (arriba) y otro de Robert Malherbe (abajo).
Giulio GhirardiDos salas, dos ambientes
“No intentamos desarrollar un estilo”, continúan, “sino conservar la pátina original para evitar la impresión de que el espacio se había transformado demasiado”. Los detalles arquitectónicos del pasado de la casa estilo maximalista se conservaron e incluso se realzaron, como las molduras doradas de la sala, que se dejaron tal cual “para aportar información sobre la historia del departamento”. Aunque quisieron aprovechar lo que ya existía, Mafalda Muñoz y Gonzalo Machado no dejaron de hacer que sus interiores vivan al ritmo de sus deseos. “Buscamos y diseñamos muchos muebles, así que cambiamos regularmente el color de las telas, los sofás… Esta sala ya ha visto tres sofás y cuatro alfombras”, bromean. El blanco de las paredes también se tuvo muy en cuenta para abarcar todas las posibilidades. En contraste con el gran salón soleado, la pequeña sala contigua tiene un ambiente oscuro y silencioso. “Esta habitación, donde vemos la televisión, se diseñó especialmente para la noche”, apunta Gonzalo Machado. “El techo negro, las paredes naranjas y los cuadros le dan un aire cinematográfico”.

El comedor es, ante todo, un espacio de trabajo para la pareja que diseñó los libreros, la chimenea, las lámparas de alabastro y el tablero de la mesa de pergamino, con base de Luigi Saccardo.
Giulio Ghirardi
En la habitación de invitados, una cama con las iniciales de Máxima, la hija de la pareja, circa 1940. A ambos lados, mesitas de noche (CM Editions). En la pared, un espejo de Audoux Minet. Colcha (Dedar).
Giulio GhirardiUn interior rico e íntimo
“Nos gusta acumular objetos y superponer capas por todas partes”, continúa Mafalda Muñoz. El departamento rebosa de obras de arte, vajillas refinadas y libros, acumulados a lo largo del tiempo o heredados del pasado. “Me encanta todo lo que tengo en casa. Puede que sea un poco caótico, pero el resultado está lleno de recuerdos, es muy personal y cálido”. En cuanto al mobiliario, fue diseñado por el estudio para dar la ilusión de que simplemente había sido colocado allí. “Cuando se construyó la casa en 1900, no existían los muebles a medida. Así que diseñamos estructuras que no tocaban las paredes”. Este tipo de mobiliario se puede ver en todas las habitaciones, sobre todo en la cocina, diseñada como un bistró con suelo de mosaico.

Giulio Ghirardi

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Nos gusta acumular objetos y superponer capas por todas partes.
La interiorista Mafalda Muñoz
El dormitorio principal también refleja la historia del lugar, revelando el entramado y los ladrillos originales a través de la cal blanca enlucida en las paredes. Para contrastar con estos materiales naturales, la pareja añadió una larga y frugal chimenea de acero y una cama quimera con patas de león pero de tela de piel de oveja. La iluminación del techo está pensada para ser “cerrada y teatral”, para realzar los objetos queridos por la pareja, como los bustos de obispos pertenecientes a los padres de Mafalda Muñoz. Muy apegada a su herencia familiar, la interiorista quiso utilizar el modelo de estantería creado por su padre, diseñador antes que ella, para albergar estas reliquias. “El dormitorio es el último paso antes de dormir, es un templo”, subraya.

Delante del escritorio art déco, adquirido en los Países Bajos, una silla de André Sornay. A la derecha, un armario diseñado por la pareja. En la pared, dos grabados de Bastiaan Woudt (Galería Machado-Muñoz) y, sobre el pilar, una lámpara de Paul Dupré-Lafon. Alfombra (David Hicks). Altavoz (Bang & Olufsen).
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En el despacho-vestidor de Gonzalo Machado, el ambiente es oscuro y misterioso. Aquí, una estantería para perfumes diseñada por Casa Muñoz parece responder a un espejo Brot de los años 30.
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Como prolongación de este santuario, el espacio de cada persona se diseñó para que sea lo más íntimo posible, como los departamentos privados de los regentes de antaño. Mientras que el baño-vestidor de Mafalda Muñoz se diseñó como una prolongación del dormitorio, con un espíritu sereno, el despacho-vestidor, donde Gonzalo Machado trabaja de madrugada, desprende un aura más oscura. “Es como una cueva”, explica. “Para nosotros, es importante que los espacios sin luz natural sean realmente oscuros”. Autenticidad, siempre. Al revelarnos su interior, Casa Muñoz parece proclamar su búsqueda de la verdad.

La entrada con suelo de mosaico está bañada por la luz natural. En el centro, la mesa redonda es obra de Allan Jones y los sillones son de Raymond Subes. En la pared, los apliques de hierro forjado (CM Editions) estructuran el espacio.
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En un rincón del salón, sobre una mesa francesa de roble de los años cuarenta, una lámpara de Jean Besnard y un cuadro de Stine Regilf. En la vitrina, una obra de Álvaro Catalán de Ocon. En las paredes, obras de Teo Soriano, arriba, y de Grillo Demo, abajo. A la derecha, una obra de Antonio Ballester Moreno.
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Los arquitectos de interiores Mafalda Muñoz y Gonzalo Machado, el dúo de Casa Muñoz.
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Artículo publicado originalmente en AD Francia.