El día a día, las clásicas, de nuevo el objetivo de Soudal-Quick Step
Hubo un tiempo en el que el asfalto de Flandes y el pavé de Roubaix tenían dueño.
Un tiempo donde la estructura de Patrick Lefevere no corría para defender un maillot, sino para asaltar la carrera.
Tras el paréntesis de Remco Evenepoel —un ciclo marcado por el punto de mira en el Tour y el sacrificio del colectivo en favor de un solo hombre—, el Soudal Quick-Step de 2026 ha decidido soltar lastre.
Se acabó el sueño amarillo; vuelve la dictadura de las piedras.
El adiós de Remco no es una tragedia en las oficinas de Wevelgem, sino un alivio táctico.
El equipo recupera su “gen”: ese tablero de ajedrez donde cualquier pieza podía dar el mate.
Sin embargo, el escenario ha cambiado.
Ya no basta con ser muchos; ahora hay que batir a los “monstruos”. Tadej Pogačar y Mathieu van der Poel han elevado el listón a una altura que roza lo sobrenatural, y el Wolfpack lo sabe. Ya no son los favoritos, son los insurgentes.
En esta nueva era, la esperanza tiene nombre francés y juventud insultante.
Paul Magnier se ha convertido en la gran apuesta de futuro.
Con solo 21 años, el chico ya no solo quiere ganar sprints masivos; su mirada está puesta en el arcoíris y en las grandes citas de un día.
Representa esa transición dulce hacia un corredor total que pueda estar en la pelea cuando la carrera se rompe. Su confianza es el motor de un equipo que necesita creer que se puede ganar sin un líder absoluto.
La nota discordante, sin embargo, la pone el presente más inmediato. Tim Merlier, el hombre llamado a asegurar el botín de victorias mientras los jóvenes maduran, arranca el 2026 con el pie cambiado.
Una lesión de rodilla ha frenado en seco su debut de temporada.
Sin Merlier al 100%, el plan de dominación temprana se tambalea.
Con todo, Lefevere ha vuelto a su esencia: un equipo sin ambages, agresivo y hambriento.
Pero la nostalgia es un terreno peligroso en el ciclismo moderno.
Recuperar el ADN del Wolfpack es necesario, pero frente a la tiranía de los dos grandes dominadores actuales, el equipo belga ya no puede limitarse a “estar ahí”.
Necesitan que Magnier explote y que la rodilla de Merlier responda, ah y que Mikel Landa vuelva a liderar una estructura en una gran vuelta.
Si no, el retorno a las raíces podría acabar siendo, simplemente, un viaje al pasado sin billete de vuelta al podio.
Imagen: Sprint Cycling Agency

