No es oro, o más bien hierro oxidado, todo lo que no reluce en el Museo Reina Sofía. La institución acaba de hacer públicas las nuevas adquisiciones: 404 obras de 130 artistas por un valor de casi once millones de euros, de los cuales casi tres provienen del Ministerio de Cultura, es decir, del dinero de todos los españoles.
El resto procede de las compras a cargo de los fondos propios de la pinacoteca, de donaciones y de depósitos a través de la Fundación Reina Sofía. El dinero aprobado por Urtasun para el Museo ha sido destinado con exclusividad en un 58,6 % para adquirir obras de artistas femeninas, independientemente del valor o el talento.
La idea de la «reparación» (de la política y la ideología) está (omni)presente en este caso, pues el porcentaje continúa la línea del Museo que dirige Manuel Segade de «completar los fondos con artistas o etapas poco representadas».
Es la «diversidad» en el arte (la ideología) que pretende representarlo todo, en los llamados «diálogos» («generacionales, artísticos o temáticos»: siempre la ideología) con obras clásicas (una de las excusas para meter lo que haya que meter) o en, por ejemplo, «la visibilización del trabajo de artistas que luchan por la igualdad de género, racial o cultural…».
Es decir, los que hacen ideología y no tanto arte, al menos como por ejemplo lo entendía Marc Chagall: «Un estado del alma» y no una doctrina. Artistas consagrados y valiosos como Maruja Mallo, Juan Genovés, Salvador Dalí, Pablo Gargallo o Juan Uslé forman parte de los nuevos fondos.
Pero también, por ejemplo, tres obras de la contemporánea «artista multidisciplinar» Laia Abril de su serie On Rape, «parte del amplio y aclamado ensayo fotográfico sobre la violación a consecuencia de la agresión de La Manada».
Abril ganó el Premio Nacional de Fotografía en 2023 por concentrarse «en temáticas que siguen siendo vigentes y que estructuran social y políticamente la discriminación, sobre todo de las mujeres, así como el sufrimiento individual y colectivo que relega a ciertas personas, como masa anónima, al margen de la sociedad».
Desde luego este no es el «estado de alma» de Chagall, o el entretenimiento como condición, según dijo Bertold Brecht, para que el arte sea bueno. Una de las cosas malas de la ideología en el arte es que es aburrida, precisamente porque prescinde del arte tergiversando su significado.
Hay obras artísticas en las nuevas piezas del Reina Sofía, pero las que conducen el museo madrileño son las ideológicas como «la denuncia del colonialismo» en distintos artistas como Filiberto Obama Nsué, de Guinea, o Ariella Aïsha Azoulay, judío-palestina que «critica la construcción occidental a través de la revisión de textos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Comité Internacional de la Cruz Roja o de la ocupación por parte de Israel de los territorios palestinos».
No falta que «También se engrosan los fondos de temática LGTBIQ+ con trabajos donados». Una de cuyas exposiciones será una de las mas importantes en 2026, según anuncia el Museo. Cultura ha adquirido arte catalán de principios del XX y de la vanguardia de los 50 y 60, además de arte vasco y «realismo madrileño» en clara separación regional equiparable a cómo separa de lo demás por ejemplo el minimalismo estadounidense.
También suma el Ministerio las incorporaciones realizadas en ARCO, con «dibujos de la artista clave en la generación del 27 y el exilio, Victorina Durán, la artista canaria redescubierta y pionera en la representación de la erótica en femenino Maribel Nazco y la pionera del arte contemporáneo argentino Marta Minujín».
Una aportación gubernamental que no acaba ahí. Parte de los casi tres millones del Ministerio, del Estado, de los españoles, se han dedicado a comprar la obra de las artistas Marina Vargas, quien «visibiliza el estigma del cáncer desde una visión feminista», Raquel Manchado, que se inspira en «la misoginia popular a comienzos del siglo XX» y la antes mencionada Laia Abril, quien «denuncia la persistencia de la cultura de la violación en el siglo XXI».
También en las fotografías de la «española afrodescendiente Agnes Essonti» y «el camino de ida y vuelta a los orígenes africanos de su familia». Ideología e ideología entre sandez y sandez a lo que llaman arte en el Museo Reina Sofía, financiado por el Ministerio de Cultura con el dinero de todos los españoles.