Con el estreno de la nueva versión de El hombre menguante, el cine de ciencia ficción recupera un clásico que llegó a los cines en 1957.

Es además adaptación de la novela de Richard Matheson de 1956, en lo que supone el otro gran eje de las revisiones del género: volver una y otra vez a la literatura.

Vamos a conocer los orígenes de este fenómeno, cómo han cambiado los remakes a lo largo del tiempo y el modo en que esta reinterpretación de la ciencia ficción refleja cada época.

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Origen y consolidación

La ciencia ficción cinematográfica nació tan pronto como el propio medio, y tuvo su filón de material en los libros, primer material que habría de dar lugar a remakes.

Novelas como El hombre invisible, Doctor Jekyll y Míster Hyde o Frankenstein recibieron sus primeras adaptaciones, que no tardarían en tener revisiones, tan pronto como llegó el cine sonoro.

Ya entre las películas mudas hubo propuestas originales de enorme calado. La más influyente es, sin duda, Metrópolis (Fritz Lang, 1927), obra fundamental que tendría remake animado en Japón.

La Guerra Fría

En los años 50, títulos como El enigma de otro mundo (1951), La invasión de los ladrones de cuerpos (1956), El Hombre Menguante (1957) y La Mosca (1958) mostraron la paranoia social y política de su tiempo.

También aparecieron adaptaciones como La guerra de los mundos (1953), primera versión del clásico de H. G. Wells. Ganó un Óscar por sus efectos especiales y fue un estándar para futuras revisiones del mismo material.

Este periodo sentó la tradición de tomar ideas ya probadas en pantalla para actualizarlas en décadas posteriores. Siempre, con un subtexto que refleja los problemas de la época en que se realizan.

Los 60 y la libertad creativa

La Guerra Fría siguió presente en el cine de los 60, con cintas como El pueblo de los malditos (1960); pero también abrió un periodo de mayor experimentación y creatividad.

Películas desprejuiciadas como Barbarella (1968) convivieron con otras que hacían comentario político; entre ellas la saga de El planeta de los simios (1968).

Fueron largometrajes que, por su éxito, han tenido remakes (o los van a tener); del mismo modo que se revisitaron las adaptaciones literarias, entre ellas La máquina del tiempo (1960).

Nueva era

A partir de los 70, los remakes y la revisión de la ciencia ficción se consolidaron en Hollywood; pero pocas cintas fueron tan significativas como La invasión de los ultracuerpos (1978).

La película trasladó la metáfora del miedo exterior a un contexto más urbano, que reflejaba el fin del Sueño Americano, y ansiedades distintas a las del Macartismo de los cincuenta.

Eran temas también presentes en El último hombre… vivo (1971). Segunda adaptación de la novela de Richard Matheson tras la versión de 1964, The Omega Man fue premonitoria por su trama: la de un único superviviente a una pandemia global.

La consolidación del remake

Con los 80 y el epílogo de la Guerra Fría, la ciencia ficción tuvo una pátina de superficialidad. Pero bajo ella, pervivían temas trascendentes; presentes en remakes como El terror no tiene forma (1988) e Invasores de Marte (1986).

La Cosa de John Carpenter (1982) rehizo El enigma de otro mundo de manera magistral, y reforzó un concepto esencial en esa era: el temor al “otro”, bien fuera un agente político o una enfermedad imparable.

Ese tema también se encuentra en La Mosca (1986). El remake de David Cronenberg usó el horror corporal para hablar de virus como el SIDA, por entonces causando estragos; pero también trata la decadencia del organismo.

Una época distinta

En la década de la «blockbusterización» del cine hubo remakes destacables, aunque minoritarios: ahí están La isla del Dr. Moreau (1996), El pueblo de los malditos (1995) y Secuestradores de cuerpos (1993), tercera versión de La invasión de los ultracuerpos.

Más fértiles fueron las adaptaciones: Starship Troopers (1997) convirtió la novela de Robert A. Heinlein en una afilada sátira del fascismo; mientras que 12 monos (1995) se basó en el corto francés de ciencia ficción La Jetée (1962).

Pero sin duda, el género de la década alcanzó la gloria con propuestas inéditas, del calibre de Terminator 2 (1991), Parque Jurásico (1993), Gattaca (1997) y The Matrix (1999).

El desigual comienzo del siglo XXI

¿Consiguen las mismas historias conectar con distintas generaciones? Por un exceso de comercialidad y falta de sustancia, los remakes del nuevo siglo no lograron trascender.

Desde la enésima revisión de los ultracuerpos (Invasión, 2007) al anodino remake de Ultimátum a la Tierra (2008) y el de Solaris (2002), el balance de los 2000 deja poco que rescatar.

También las visiones autorales tuvieron problemas: El Planeta de los simios de Tim Burton (2001) fue objeto de burla; e incluso la notable La Guerra de los Mundos (2005), de Steven Spielberg, se señaló como ñoña y almibarada.

Ensayo y error

Una historia puede ser muy buena, pero en las manos equivocadas está destinada a la intrascendencia. En 2012, el remake de Desafío Total demostró que no bastaba con dar una capa de pintura a la cinta de 1990.

Incluso remakes más tradicionales, como La Cosa (2011) o RoboCop (2014), intentaron actualizar el subtexto de las originales, con resultados desiguales.

Un enfoque más acertado fue crear algo con entidad propia a partir de un concepto previo. Fue así como El origen del planeta de los simios (2011) consiguió triunfar y dar paso a una nueva franquicia.

El camino acertado de las series

La verdadera reinvención de género tuvo lugar en la televisión. Plataformas como HBO, Netflix y Amazon Prime Video fueron espacio ideal para expandir universos conocidos.

Galáctica (2004), basada en la serie de 1978, transformó una aventura espacial ligera en una tragedia política sobre terrorismo, religión y derechos civiles; debates que marcarían la década posterior.

Más recientemente, Westworld (2016) tomó la película de 1973 y la convirtió en una compleja reflexión sobre libre albedrío, conciencia artificial y explotación corporativa.

El filón literario

Los libros son fuente inagotable de películas de ciencia ficción, siempre bajo nuevos prismas que logran ofrecer propuestas de éxito; como El Hombre Invisible (2020), muy alejada del libro de H.G. Wells de 1897.

Las dos primeras entregas de Dune (2012 y 2024) ofrecen una reimaginación ambiciosa, sin renunciar a la fidelidad a la novela de Frank Herbert, y con mayor alcance que la versión de David Lynch.

Frankenstein como paradigma

El mejor ejemplo de este “eterno retorno” es Frankenstein. Desde 1910 hasta la reciente versión de Guillermo del Toro, la obra de Mary Shelley ha tenido infinidad de adaptaciones, y así seguirá ocurriendo en el futuro.

Este ciclo constante demuestra cómo un mito literario se puede convertir en arquetipo narrativo, y adaptarse a cada época.

Desde la reflexión ética del siglo XIX hasta la biotecnología moderna, Frankenstein es imprescindible para entender cómo el cine renueva sus propios orígenes, y es a la vez reflejo del mundo moderno.

Qué se actualiza y por qué funciona

Una de las claves de los remakes de ciencia ficción reside en su capacidad para adaptar temas universales a contextos contemporáneos.

Siempre es necesaria ese mensaje entre líneas: los miedos, interrogantes y dilemas que planteaban originalmente estas obras, deben traducirse a problemas actuales.

Pero es innegable que el mercado global y el streaming han cambiado estos remakes. A menudo, se rebaja su carga narrativa para atraer a la mayor audiencia posible, y no exigir demasiado de su atención.

Reflejando los temores de cada época

El elemento que más ha cambiado en los remakes es la naturaleza del miedo. En el cine clásico, la amenaza solía ser externa; pero hoy, los temores que muestran son difusos y sistémicos.

Lo ejemplifica el remake de Ultimátum a la Tierra, que sustituyó la amenaza nuclear por la preocupación ecológica: el planeta ya no necesita ser salvado de bombas, sino de nosotros mismos.

Este giro se consolida en títulos como la mencionada La Guerra de los Mundos, donde la invasión alienígena sirve como metáfora del terrorismo post-11S y el colapso de la seguridad occidental.

Balance y futuro

La historia de estas revisiones está llena de contrastes. Rehacer no siempre garantiza calidad, pero un buen remake puede ofrecer tanto espectáculo como profundidad narrativa.

Las obras que tocan temas universales (como la identidad, la tecnología o la ética), dentro de marcos contemporáneos, son las que mayor impacto tienen. No solo reproducen una historia, sino que la renuevan.

Y es un fenómeno que está lejos de agotarse. La confluencia de nuevas tecnologías, junto con las inquietudes científicas y sociales, mantendrán viva la conversación entre pasado, presente y futuro.

¿Has disfrutado por este recorrido de los remakes de ciencia ficción? No te pierdas las mejores películas del género de toda la historia, los títulos más influyentes y las series de ciencia ficción dura que te volarán la cabeza.