Apenas son unos cientos de metros, entre Atocha y el corazón de Lavapiés, pero concentran más galerías de arte contemporáneo que ninguna otra calle del país. La calle Doctor Fourquet se ha consolidado desde hace más de una década como un punto de encuentro dentro del mapa cultural madrileño: un eje peatonal, casi doméstico, donde conviven espacios históricos y proyectos jóvenes, galerías con proyección internacional y otras de perfil experimental. En total, como una docena, puerta con puerta, que permiten recorrer buena parte del pulso artístico actual sin salir del barrio. Más que un lugar al que ir, Doctor Fourquet es una calle para volver. Las exposiciones cambian cada pocas semanas, los lenguajes son diversos y la experiencia se parece más a una ruta que a una visita puntual. Pero este fenómeno no surgió de la noche a la mañana. A partir de los años 2000, varias galerías comenzaron a instalarse en este entorno atraídas por alquileres asequibles y por la cercanía al Museo Reina Sofía. Con el tiempo, la masa crítica hizo el resto: llegaron más espacios, se consolidó un público fiel y la calle empezó a funcionar como un pequeño distrito artístico, con vida propia y ritmo constante durante todo el año, más allá de ferias y grandes citas.
Además, su localización no es casual: se sitúa a escasos minutos —literalmente a pie— del llamado Triángulo del Arte, formado por el Museo Reina Sofía, el Prado y el Thyssen-Bornemisza. Esta cercanía ha convertido la zona en una prolongación natural del circuito museístico madrileño, pero con un pulso más cotidiano y menos institucional. Hoy, pasear por esta calle es cruzarse con estudiantes de Bellas Artes, coleccionistas, artistas que montan o desmontan exposiciones y vecinos que ya han incorporado las galerías a su paisaje cotidiano. Un ecosistema poco frecuente en una ciudad grande.
Barroco, terciopelo y descaro
En el número 28, F2 Galería arranca el año con «Montonera», de Jorge Diezma, disponible hasta el día 24. La exposición propone un choque tan improbable como efectivo: pintura de ecos barrocos ejecutada sobre terciopelo negro. El resultado oscila entre la devoción y la parodia, con obras que remiten a un museo del siglo XVII pasado por el filtro del mercadillo, el exceso y el humor. Diezma trabaja con la copia y la reinterpretación sin complejos, exagerando el artificio y reivindicando el derecho a dialogar con la historia del arte desde el descaro. Una muestra magnética, teatral y sorprendentemente accesible, perfecta para empezar la ruta.
La geometría como error
A pocos pasos, Espacio Mínimo presenta «NAO ES TU, EZ DA ZU, NO ES TU», nueva exposición de Manu Muniategiandikoetxea (disponible hasta el 31 de enero). Es la octava colaboración entre el artista y la galería y el resultado de dos años de trabajo entre Tabakalera y la Academia de España en Roma. Aquí la geometría no es un sistema cerrado, sino un campo en tensión: tramas perforadas, estructuras que se rompen y se recomponen, materiales erosionados. El error —lingüístico, técnico, formal— se convierte en motor creativo. La muestra funciona casi como una arqueología de lo que queda cuando los sistemas fallan. Sobria, precisa y muy coherente con la trayectoria del artista.
Pintar lo que sostiene escena
En Galería Silvestre, Gloria Martín Montaño expone «Retablo», disponible hasta el día 24. La artista se fija en elementos tradicionalmente secundarios en la historia del arte —sargas, fondos de retrato, estructuras arquitectónicas— para convertirlos en protagonistas. Sus pinturas proponen espacios vacíos, preparados para que algo ocurra. Telas plegadas, estructuras arqueadas, superficies que sugieren más de lo que muestran. El título no es casual: el retablo como soporte que ordena y sostiene una narración. Una exposición silenciosa, muy pensada, que recompensa la mirada lenta.
Bordar la vida
En el número 8, MPA Room acoge «Amor mira como vivo», de Gema Polanco (hasta el 17 de enero). La artista despliega un universo profundamente autobiográfico donde conviven textil, dibujo, escritura y objetos simbólicos. El hilo, la aguja y el bordado funcionan como herramientas de reparación y sanación. Colores intensos —rojos, azules—, palabras cosidas, talismanes y referencias culturales se entrelazan en una exposición que habla de vulnerabilidad, memoria y fuerza femenina. Es una de esas muestras que se leen casi como un diario visual, íntimo y político a la vez.
Otras galerías de la calle se encuentran justo en momento de transición. Galería Helga de Alvear, una de las pioneras del eje, prepara nuevos proyectos tras cerrar su última exposición, manteniendo su línea de artistas consolidados y apuestas internacionales. En Galería Juan Silió, la muestra actual finaliza hoy, a la espera del anuncio de la próxima exposición, que previsiblemente seguirá combinando artistas históricos del conceptual español con nombres contemporáneos. Algo similar ocurre en Galería Hilario Galguera Madrid, que también clausura exposición en estas fechas y anunciará en breve su siguiente proyecto, habitualmente vinculado a artistas de fuerte carga conceptual y política.
The Goma, T20 y Artizar
Completan la ruta otros espacios imprescindibles. The Goma mantiene su perfil experimental y crítico, con exposiciones que suelen dialogar con la actualidad social y política desde lenguajes contemporáneos. T20 Fourquet, con sede también en Barcelona, aporta una programación sólida y equilibrada entre pintura, escultura e instalación. Galería Artizar, por su parte, combina artistas jóvenes con trayectorias más consolidadas, siempre con una atención especial al proceso y al pensamiento visual.
Doctor Fourquet no funciona como un museo ni como un centro cerrado. Es, más bien, una calle en permanente actualización. La recomendación es sencilla: ir sin prisas, entrar en todas las galerías, dejarse sorprender y volver cada pocos meses. Las exposiciones cambian, pero la sensación de estar ante un mapa concentrado del arte contemporáneo sigue estando ahí.