En esta pequeña obra de arte viva, de solo 68 metros cuadrados, el espacio y la luz están aprovechados al máximo. Por ello, lugar de con tabiques, la distribución se ha conformado con un gran mueble-estantería de obra, en cuyo interior se encuentran los baños. A ellos llega la luz natural de las fachadas abiertas a la calle a través de perforaciones.

Dormitorio principal.
Germán Saiz
El cambio ha sido total: “La casa estaba obsoleta a nivel de distribución, instalaciones y acabados”, recuerdan Lucas y Hernández Gil. “Prosperidad es uno de los últimos refugios accesibles dentro de la M-30, un lugar donde muchos jóvenes aterrizan a costa de asumir la rehabilitación de casas que ya rozan los 70 años. En este contexto, reformar es una responsabilidad: cualificar los interiores, adaptarlos a nuevas formas de habitar más pequeñas, cuidar texturas y materiales sin borrar la huella honesta de su arquitectura original. Mejorar sin traicionar”, resumen desde el estudio. Su trabajo, sin duda, lo consigue, otorgando una personalidad única al espacio y dibujando una nueva vida para el matrimonio y el bebé que ahora lo habitan.

El dormitorio, con su propio baño, conecta con el salón.
Germán Saiz