Javier Varela

Sábado, 10 de enero 2026, 15:44

| Actualizado 17:04h.

Sábado redondo para Carlos Alcaraz en Seúl. Noventa minutos, una victoria y un cheque digno de un Grand Slam. Así ha arrancado el número uno del mundo su temporada, imponiéndose a Jannik Sinner en un partido de exhibición en la capital de Corea que dejó una cifra tan llamativa como el propio duelo: cerca de dos millones de euros por saltar a pista, según La Gazzetta.

El encuentro, sin puntos para el ranking y concebido como un espectáculo, convirtió cada minuto de juego en oro puro. Alcaraz ingresó alrededor de 22.000 euros por cada minuto disputado, una remuneración que sitúa este amistoso al nivel de los mayores premios del circuito profesional. Para ponerlo en contexto, el botín obtenido en Corea del Sur es apenas 400.000 euros inferior al que recibe el campeón del Open de Australia tras dos semanas de máxima exigencia competitiva. en el primer Grand Slam del año.

Ante 12.000 espectadores que abarrotaron las gradas del Inspire Arena las entradas costaban entre los 100 y los 700 euros- el español y el italiano ofrecieron un enfrentamiento intenso, más cercano a un entrenamiento de lujo que a una batalla oficial, pero con la calidad que los define como los dos mejores tenistas del momento. El triunfo cayó del lado de Alcaraz por 7-5 y 7-6, que utilizó el duelo como preparación de alto nivel antes del inicio del calendario oficial.

Durante el partido, un joven coreano saltó a la pista, por invitación de Sinner, para jugar frente a Carlos Alcaraz y que fue capaz de ganarle un punto al número uno mundial.

El negocio de los ‘bolos’

Este tipo de exhibiciones se ha convertido en una vía cada vez más habitual para las grandes figuras del tenis. En un calendario saturado y exigente, los partidos amistosos concentran en un solo día ingresos que en ocasiones superan a los de torneos enteros, con un desgaste físico y mental mucho menor. Para los organizadores, reunir a nombres como Alcaraz y Sinner garantiza atención mediática global; para los jugadores, supone una oportunidad económica difícil de rechazar.

El propio Alcaraz se ha defendido públicamente de las críticas que genera esta tendencia. «Es normal que la gente no entienda por qué nos quejamos del calendario y luego jugamos las exhibiciones», explicó hace tres meses en Riad tras otra exhibición. El murciano subrayó entonces la diferencia de exigencia entre ambos formatos: «Un torneo es muy duro, tanto física como mentalmente, porque son dos semanas de máxima intensidad. Una exhibición es solo un día: hay que estar concentrado, calentar y entrenar poco, pensando únicamente en ese partido».

El caso de Seúl es especialmente significativo: Alcaraz ganó en una hora y media casi lo mismo que obtendría si conquistara su primer Open de Australia. Una comparación que refleja hasta qué punto el negocio de las exhibiciones ha alcanzado cifras propias de los grandes títulos y confirma el estatus del español como una de las principales atracciones del tenis mundial.

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