Ni tan siquiera los organizadores se esperaban una respuesta así. La sala reservada en la Biblioteca de Castilla y León se llenó en apenas unos … minutos (estaba a reventar) y cerca de cien personas tuvieron que quedarse en el patio y en la calle, sin poder acceder ante el límite de aforo a la presentación del documental ‘El hombre que amaba a los lobos’. Una convocatoria así da medida del impacto social y humano de Luis Mariano Barrientos, naturalista vallisoletano (fallecido en julio de 2024, a los 61 años)y una de las figuras más comprometidas con la defensa del lobo en España.

El acto, organizado por amigos, compañeros de campo y familiares, ha sido mucho más que una proyección cinematográfica. Se ha convertido en un homenaje colectivo a un hombre cuya vida estuvo marcada por una idea clara y constante: comprender, estudiar y defender al lobo, incluso cuando hacerlo suponía ir contracorriente.

Luis Mariano Barrientos comenzó a interesarse por la naturaleza desde muy joven. A principios de la década de 1980, cuando el lobo todavía era una especie profundamente perseguida y estigmatizada, el naturalista ya había decidido dedicarle buena parte de su vida. Posteriormente, inició un trabajo de campo sistemático que le llevó a recorrer durante décadas paisajes de Castilla y León, con especial atención en la provincia de Valladolid y sus territorios limítrofes.

En una época en la que la información era escasa y fragmentaria, Barrientos apostó por el rigor científico y la observación directa. Pasó incontables horas siguiendo rastros, observando manadas, recopilando datos sobre el comportamiento, distribución y dinámica poblacional. Ese trabajo silencioso y paciente sentó las bases para una mejor comprensión del lobo ibérico en el interior peninsular.Porque, además, elaboró censos, evaluó poblaciones y documentó la presencia del lobo en territorios donde muchos negaban su existencia.

Iván Serrano, Raúl Barrientos y Chusa de Lope intervinieron durante el acto de homenaje a José Manuel Barriento.

Iván Serrano, Raúl Barrientos y Chusa de Lope intervinieron durante el acto de homenaje a José Manuel Barriento.

José C. Castillo

«Fue de los pocos que puso datos encima de la mesa», recordó durante la presentación Iván Serrano, naturalista vallisoletano, fotógrafo y amigo personal de Barrientos. «Eso ayudó a comprender mejor al lobo y a desmontar muchos discursos construidos sobre el desconocimiento», afirmó. Ese trabajo se tradujo en la publicación de numerosos artículos científicos y divulgativos, así como en su participación en libros de referencia, aportando tanto textos como fotografías y datos de campo. Su figura se convirtió en un puente entre la ciencia, la divulgación y el activismo ambiental.

Su actitud crítica le llevó a enfrentarse abiertamente a las administraciones cuando consideraba que las decisiones no estaban avaladas por criterios científicos o éticos. Esta coherencia marcó toda su vida. «Nos inculcó la necesidad de no callarnos», señaló Serrano, a la par que añadía que «si algo estaba mal, había que decirlo, siempre desde el rigor científico y el compromiso con la naturaleza».

«Documentó la presencia del lobo en territorios dnde muchos negaban su existencia»

Iván Serrano

Naturalista vallisoletano

Colaboró con las principales organizaciones ecologistas del país y fue vocal de entidades internacionales, donde coordinó secciones dedicadas a los cánidos salvajes. Además, fundó la Asociación para la Conservación del Estudio del Lobo Ibérico (ASCEL), convirtiéndola en un referente de defensa de la especie.

En los últimos años, impulsó también el Grupo de Seguimiento de Fauna Silvestre en Valladolid, junto a amigos y compañeros, con el objetivo de formalizar el trabajo de campo y visibilizar una labor que durante mucho tiempo fue tratada con escepticismo.

Premios y coherencia

Su trabajo fue reconocido con distinciones como el Premio Castilla y León de Protección del Medio Ambiente y un homenaje de la Guardia Civil. Sin embargo, Barrientos nunca buscó el reconocimiento institucional ni la visibilidad pública. De hecho, hace apenas tres años rechazó («por principios», explicó entonces)una invitación para asistir a una gala del medio ambiente organizada por la Junta. «Dijo:’No voy a sentarme con una administración que persigue al lobo’», aseveró Serrano, replicando las palabras de Barrientos.

Durante el acto de presentación, su hijo Raúl Barrientos aportó una visión más personal. «Es un documental orquestado sobre todo por los amigos de mi padre. Yo he mamado lo de los lobos desde pequeño, pero el trabajo lo han hecho en ellos», añadió.

Raúl recordó que a su padre le gustaban especialmente las citas y las frases, por lo que compartió una «que resume el sentido del homenaje:’Una persona muere cuando fallece la última persona que se acuerda de ella’». También recordó otra máxima que guiaba su forma de vivir: «Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando cómo vive. Mi padre tenía los ideales claros y fuera contra quien fuera no renunciaba a ellos», concluyó.


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Probablemente, como recordó su propio hijo, Luis Mariano Barrientos no habría querido actos de este tipo ni homenajes públicos. Sin embargo, la respuesta del público –con un centenar de personas quedándose fuera– demuestra que su legado sigue muy vivo. El documental ‘El hombre que amaba a los lobos’ no cierra una historia, sino que la continúa. Porque, como ha quedado claro en Valladolid, Luis Mariano Barrientos sigue presente allí donde alguien defiende el lobo con conocimiento, coherencia y valentía. Y así lo han demostrado los asistentes al finalizar el documental, cuando muchos levantaron la mano para recordar entre risas anécdotas con el naturalista.