Con total sigilo, Moeve (antigua Cepsa) y su homóloga portuguesa Galp han mantenido negociaciones en los últimos meses con el fin de integrar sus negocios en la Península Ibérica, que han dado como resultado el anuncio de un acuerdo no vinculante para avanzar, ya con luz y taquígrafos, en una operación que podría cerrarse a mediados de este año. A primera hora de la mañana del jueves, Galp anunció a la Bolsa de Lisboa (donde cotiza el 55% de su capital) el acuerdo de intenciones con la española, que hizo lo propio en un comunicado de prensa (Moeve no cotiza).
El asombro en el sector energético llegó por dos vías: por fin, una empresa energética portuguesa y otra española deciden integrarse tras años de recelos mutuos que han impedido la creación real de un mercado ibérico de la energía; por otro lado, ha sorprendido el diseño de la propia operación, “bien urdida, con economías de escala y potencial de crecimiento, en el que los egos empresariales o políticos parecen haber quedado a un lado”, señalan, de un modo u otro, fuentes del sector.
Tal como se informó ampliamente el jueves, la propuesta consiste en la creación de dos empresas (de manera provisional, IndustrialCo y RetailCo), a las que se aportarían, respectivamente, los activos de refino y las estaciones de servicio (el llamado downstream o negocio aguas abajo) de Moeve y Galp. Los accionistas seguirían siendo los mismos, aunque en proporción a lo que aporten. Así, los de Moeve (el fondo de Abu Dabi, Mubadala, con un 63% y Carlyle, con un 37%) controlarán el 80% de las acciones de la futura empresa industrial resultante de la integración, y los de Galp (el grupo Amorim, con un 37,5%, y el Estado portugués, con un 8%) compartirían al 50% el capital de la segunda compañía en ciernes.
IndustrialCo estaría centrada en el refino, química, comercialización, hidrógeno verde y combustibles bajos en carbono, orientada a consumidores industriales, mientras que RetailCo abarcaría todo el negocio de movilidad: la venta de combustibles (fósiles y renovables), recarga de vehículos eléctricos o servicios destinados a clientes minoristas. Ello daría lugar a una red de 3.500 estaciones de servicio, sumando a las de España y Portugal las que ambas compañías tienen en otros países del mundo, como México, Marruecos o Angola.
En la Península Ibérica, Moeve y Galp tienen 3.208 puntos de venta: los 1.598 de Moeve (1.340 en España y 258 en Portugal); los 380 de su marca de bajo coste, Ballenoil, y los 1.230 de Galp (524 en España y 706 en Portugal). Un parque que estrecha distancia con el de Repsol, que cuenta con 3.800 estaciones de servicio en la Península. La primera compañía del sector se enfrenta a un competidor que nace con ventajas nada despreciables.
Del diseño racional de la propuesta da cuenta el hecho de que los futuros socios han dejado fuera de la misma el negocio de exploración y producción (upstream o negocio aguas arriba) de Galp, que aún mantiene importantes yacimientos en Brasil y África (Namibia y Santo Tomé y Príncipe). Esta actividad es casi testimonial en el caso de Moeve que, tras la venta de sus activos en Abu Dabi, apenas le quedan los históricos pozos de Argelia. De hecho, Moeve sí los integrará (junto con los negocios menores de comercialización de electricidad o renovables) en la nueva empresa industrial. No así Galp, que se quedará con ellos y seguirá cotizando en la Bolsa portuguesa.
En el caso de las petroleras de tamaño medio, el upstream es un negocio que con frecuencia castigan los mercados. De ahí la desvinculación que ha hecho Repsol con el reciente acuerdo con TotalEnergies para fusionar sus negocios de petróleo en el Mar del Norte británico, que le ha beneficiado.
El papel de Amorim y Carlyle
La alianza entre Moeve y Galp podría asestar un duro golpe a la primera petrolera española en el mercado peninsular, pero no solo porque el número de gasolineras del nuevo competidor se le vaya acercando (a tan solo 300 menos), sino porque su parque de refinerías es, según los expertos, más racional y adecuado: tras el cierre de Tenerife, Moeve cuenta con dos, las de Hueva y Gibraltar-San Roque, y Galp tiene un complejo bien ubicado en el Atlántico, el de Sines. Por contra, Repsol tiene una cartera muy saturada con cinco refinerías algunas de gran tamaño (Cartagena, Bilbao, Tarragona, A Coruña y Puertollano).
Según fuentes empresariales, en el principio de acuerdo entre Moeve y Galp han jugado un papel esencial la presidenta del grupo portugués, Paula Amorim, y el segundo accionista de Moeve, Carlyle, al que Mubadala habría dejado el protagonismo, sin dejar a un lado al propio consejero delegado de la empresa española, Maarten Wetselaar. Desde su llegada a Cepsa, en 2022, al ejecutivo holandés se le había acusado de “visionario”, por sus empeños en negocios inciertos (como el hidrógeno verde) o por cambios de imagen sin contenido real, un adjetivo que se puede volver positivo en las nuevas circunstancias. La compañía fue criticada por cambiar la marca de Cepsa por Moeve (a cuenta de un posible greenwashing), por el alto coste económico y el riesgo que podría suponer en el mercado
Sin embargo, al primer paso de cambiar la imagen puede sucederle el de un cambio real de las estaciones de servicio y la modernización prometida por Wetselaar, al que puede contribuir el pragmatismo de la presidenta de Galp. El principal accionista de Galp es el grupo luso Amorim, conocido como el rey mundial del corcho, negocio que explota a través de Corticeira Amorim. Una de las familias más ricas de Portugal se une, por tanto, a dos grandes fondos internacionales, dos visiones que podrían complementarse.
Moeve es, a efectos de la Sala de Regulación de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC), un operador principal y dominante en España en el mercado de carburantes. Pero no será esta sala la que analice la operación, sino la de Competencia. A primera vista, en España no se atisba ninguna posición de dominio de RetailCo, y de apreciarse en Portugal (donde Galp tiene más del 20% del mercado) sería poco relevante. Los Gobiernos español y portugués, al tanto de las negociaciones, han aplaudido la posible integración. Las empresas mantendrán sus marcas: en España las gasolineras llevarían mayormente la marca Moeve y se mantendría la de Ballenoil, y en Portugal continuaría Galp.
Se podría dar la paradoja de que, gracias a las economías de escala que se generasen (con ahorros de costes en la distribución), la concentración derivara en una mayor competencia comercial. Y a ello contribuiría la modernización prometida de los servicios a minoristas.
El principio de acuerdo Moeve-Galp ha vuelto a revivir los intentos frustrados de otra fusión hispano-lusa, la de Naturgy y EDP en el sector eléctrico, que podría impulsar el Míbel. Pero, como puntualizan fuentes del mercado, “los accionariados son muy diferentes y, en este caso, no ayudan”.