Hay imágenes que valen más que mil informes financieros o ruedas de prensa tácticas. Lo vivido anoche en Jeddah en el marco de la Supercopa de España no fue una una cena protocolaria; fue una explosión de alegría y en el centro de todo, como siempre, Joan Laporta.

El presidente, lejos de la rigidez institucional, se convirtió en el «capitán» de la animación. Verlo cantar el himno del Barça a pleno pulmón, rodeado de su gente, no es solo un gesto para la galería; es el motor de un optimismo que contagia a la plantilla y a la afición.

Dinamita y billetes

El momento cumbre llegó con la aparición de una tarta monumental que parecía sacada de una película de Hollywood. Un billete de 100 dólares y un paquete de dinamita sacando chispas de múltiples bengalas.

Si el fútbol es un estado de ánimo, el Barça entra en la final con el depósito lleno. ¡Que empiece el espectáculo!

Este clima de alegría desatada en la cena no nació del vacío, sino que vino precedida de un día de altísima tensión. Horas antes, Joan Laporta había sacudido los cimientos del Clásico con unas declaraciones contundentes en las que confirmaba la ruptura de relaciones institucionales con el Real Madrid. «La relación está dañada; es inviable mantener la normalidad», afirmó el presidente, señalando directamente el hartazgo del club ante los constantes ataques externos.