Rafael Jodar
Rafa Jódar o el año en el que el talento decide caminar solo
El español cayó en la final en el Challenger de Canberra en su primer torneo tras dejar la universidad
January 10, 2026

Jamie Squire/Getty Images
Rafa Jódar, durante un partido en el US Open júnior de 2024.
By Redacción ATP
Hay decisiones que no se anuncian a gritos, pero que cambian por completo el rumbo de una carrera. En 2026, Rafa Jódar ha realizado uno de esos movimientos determinantes: dar el salto definitivo al profesionalismo. No como un gesto precipitado ni como una huida hacia delante, sino como la consecuencia natural de un proceso que llevaba tiempo pidiendo el siguiente paso.
La etapa formativa de Jódar, que había realizado un gran papel a final de 2025 en las Next Gen ATP Finals presented by PIF (derrotando a Learner Tien y Martín Landaluce), se entiende desde el tenis universitario estadounidense, un contexto que ha marcado de forma decisiva su evolución como jugador. Allí ha encontrado algo que pocos caminos formativos garantizan: competición constante, responsabilidad semanal y una exigencia mental muy cercana a la del circuito profesional, a la vez que estabilidad a nivel estudiantil, pudiendo formarse con una carrera también en las aulas.
En ese entorno, Jódar no solo ha crecido como tenista, sino como competidor. Ha aprendido a gestionar calendarios largos, a rendir bajo presión y a asumir un rol protagonista dentro de un equipo, desarrollando una madurez competitiva poco habitual en jugadores que dan ahora el salto al profesionalismo. Más que una transición abrupta, su paso al circuito ATP es una continuación lógica de un proceso ya muy avanzado.
Uno de los aspectos más significativos de la decisión de Jódar es el cómo. No hay prisa desmedida ni necesidad de validar nada de inmediato. El profesionalismo aparece como una elección consciente, no como una obligación impuesta por el entorno o por el calendario.
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Entrar en el circuito profesional significa casi empezar de cero. Y Jódar, campeón del US Open en categoría júnior en 2024, ha aceptado ese escenario desde una premisa clara: crecer desde dentro, no desde la expectativa externa.
Ese planteamiento encontró una primera confirmación muy pronto. En las primeras semanas de 2026, el español dejó claro que su salto al profesionalismo no era simbólico, sino competitivo. En el Workday Canberra International, un ATP Challenger 125, el madrileño firmó una semana de enorme solidez, enlazando cinco victorias consecutivas sin ceder un solo set y accediendo a la final tras superar incluso la fase previa del torneo.
En el partido decisivo se midió este sábado al belga Alexander Blockx, uno de los jóvenes con mayor proyección del circuito. Jódar cayó por 4-6, 4-6, pero la lectura fue inequívoca: capacidad para sostener el ritmo, madurez para gestionar partidos exigentes y una presencia en pista propia de alguien que ya entiende las dinámicas del circuito profesional. Más allá del resultado, Canberra funcionó como una declaración temprana de intenciones.
Con solo 19 años, Jódar aparecerá este lunes con la mejor posición en el PIF ATP Rankings de su carrera, entre los 150 mejores del mundo. Así llegará a la fase previa del Abierto de Australia, que se disputará del 12 al 15 de enero.
Sin embargo, el juego de Jódar llevaba tiempo reclamando más. Más ritmo, más exigencia, más castigo físico y mental. Su tenis, construido desde la iniciativa, la agresividad bien medida y una notable capacidad para sostener intercambios, encuentra en el circuito profesional un terreno más honesto.
En este nivel no hay partidos cómodos ni contextos favorables garantizados. Cada encuentro exige una lectura completa, una adaptación constante y una gestión emocional que va más allá del marcador. Ahí es donde el salto adquiere pleno sentido. No porque el nivel sea más alto, sino porque la competencia es más real.
A partir de ahora, Jódar empieza a escribir una historia distinta. Sin etiquetas de edad. Sin protección de categorías. Sin comparaciones forzadas. El profesionalismo le ofrece algo tan exigente como valioso: la posibilidad de construir una identidad competitiva propia.
No hay prisa por definir hasta dónde puede llegar. El primer objetivo es más simple y más complejo a la vez: pertenecer. Sentirse parte del circuito. Competir cada semana con sentido. Aprender a gestionar el día a día de un tenista profesional.
Porque el verdadero salto no es el que se da al cambiar de circuito, sino el que se consolida con el tiempo. Y en ese camino que ahora comienza, Jódar no busca certezas inmediatas. Busca recorrido. Y eso, en el tenis profesional, ya es una declaración de intenciones.