«Son los otros los que dicen que no soy normal, pero yo sí lo soy. Los hay que ganan 100 millones de dólares y 25 títulos y quieren seguir ganando. Para mí esto no es lo normal. Si tienes ganas de dormir, duermes. Por no entrenar un día no pasa nada. A mí puedes verme de fiesta en París la noche ante de jugar unos octavos en Roland Garros«, significó este mismo curso en el Grand Slam sobre tierra batida, en el que acabó llegando a cuartos. Su mejor resultado en esta categoría.
El anuncio de que uno de los tenistas más talentosos del circuito seguiría generando polémicas, aunque a la vez desarrollando su real potencial para estar con los mejores. Sólo reaccionó realmente cuando en marzo de 2025 se vio el 82 del mundo, temiendo perder su condición de top-100, de no entrar directamente en los Grand Slams.
Se puso manos a la obra. No renunció a su lengua viperina, a romper raquetas, a desafiar rivales para una vez acabada la jornada deportiva. Tampoco, ni mucho menos, a sus saques por debajo, que ha convertido en una táctica oportuna en ocasiones y un desastre absoluto cuando más que un recurso supone el reflejo de un mal estado anímico.
A sus 28 años, este ruso nacionalizado kazajo se ha metido en el club más selecto del ranking mundial, el top-10. Alexander Bublik arrebata el puesto al lesionado británico Jack Draper, cumpliendo uno de sus sueños.
Para ello tuvo que ser campeón del torneo ATP 250 de Hong Kong, su noveno título. La temporada anterior había cazado cuatro, en todas la superficies posibles: la hierba de Halle, la tierra de Gstaad y Kitzuehel. Repite en dura, como ya sucediera en Hangzhou.
Bublik batió a quien será este lunes nuevo número cinco mundial, el italiano Lorenzo Musetti, por 7-6 (2) y 6-3, en una hora y 38 minutos.
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El transalpino se había asegurado ascender desde la séptima plaza llegando a la final. Compartirá top-5 con su compatriota Jannik Sinner. Un consuelo a su mala racha en finales. Es la séptima consecutiva que pierde, tras haber ganado las dos primeras, en la tierra batida de Nápoles y Hamburgo. En ambas ocasiones sobre tierra batida.