Estados Unidos ha intensificado sus amenazas contra Irán en plena ola de protestas antigubernamentales que atraviesa el país desde finales de diciembre, mientras Israel se ha puesto en estado de alerta ante la posibilidad de una intervención militar estadounidense en apoyo al movimiento de protesta.

Según varios altos funcionarios estadounidenses, el presidente Donald Trump ha sido informado en los últimos días de nuevas opciones para lanzar ataques militares contra Irán, como respuesta a la represión de las manifestaciones. 

Aunque no ha tomado una decisión definitiva, Trump estaría considerando seriamente autorizar un ataque si el régimen iraní continúa utilizando la violencia para sofocar las protestas, desencadenadas inicialmente por una grave crisis monetaria y que han derivado en demandas de cambios estructurales en el sistema político.

Entre las opciones presentadas al presidente figuran ataques limitados, incluidos posibles bombardeos contra objetivos no militares en Teherán. Trump ha reiterado públicamente su advertencia al régimen iraní. “Irán está mirando a la libertad, quizá como nunca antes”, escribió en redes sociales. “Estados Unidos está listo para ayudar”.

Organizaciones de derechos humanos cifran en al menos 116 los muertos desde el inicio de las protestas, la mayoría por disparos con munición real o balas de perdigones, y en más de 2.600 los detenidos. Entre las víctimas hay personal médico y al menos siete menores de edad.

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Helena Pelicano

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Teherán ha respondido con un tono igualmente duro. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, advirtió de que cualquier ataque estadounidense convertiría a Israel y a las bases militares de EE.UU. en la región en “objetivos legítimos”. En una intervención retransmitida por la televisión estatal, afirmó que Irán no se limitaría a responder tras un ataque y que podría actuar de forma preventiva en el marco de la “legítima defensa”.

El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, acusó a Estados Unidos e Israel de alimentar los disturbios y lanzó una advertencia directa: “La única parte verdaderamente delirante de la situación actual es creer que el incendiario no acabará quemándose”.

Por su parte, el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, aseguró que el gobierno “no retrocederá” frente a las protestas.

En este contexto, Israel se ha puesto en máxima alerta ante la posibilidad de una intervención militar estadounidense. Fuentes de seguridad citadas por medios internacionales señalan que Tel Aviv contempla distintos escenarios de represalia iraní, tanto directos como a través de aliados regionales.

El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, mantuvo una conversación telefónica con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la que abordaron la situación en Irán, así como la guerra en Siria y el acuerdo de tregua en Gaza. Netanyahu ha reiterado en numerosas ocasiones que Israel no permitirá que Irán continúe desarrollando capacidades nucleares ni de misiles balísticos.

La escalada se produce pocos meses después de los ataques estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes en Fordo, Natanz e Isfahan, y en un momento en que Washington intenta calibrar una respuesta que castigue al régimen iraní sin provocar una reacción en cadena que ponga en peligro a su personal militar y diplomático en la región.