La pregunta que podría resumir el proyecto de la fotógrafa Mar Agüera, qe puede verse estos días en La Misericòrdia (justo en frente del Arxiu del So i la Imatge de Mallorca) es la siguiente:¿Y si fuera una persona en lugar de un animal? Se trata de En carn pròpia, un proyecto en el que la artista refleja sobre todo los dilemas morales a los que la sociedad y el espectador se suelen enfrentar cuando uno reflexiona sobre el consumo de carne y el funcionamiento de la industria cárnica.

Elaborado a lo largo de varios meses y con la colaboración de conocidos y amigos, Agüera retrata a varias personas en posiciones que suelen ser las habituales para millones de animales a diario en el mundo entero. Se pueden ver a mujeres envueltas en redes de pesca de arrastre o siendo inseminadas en lugares sombríos; también a personas hacinadas en espacios claustrofóbicos, con pocos centímetros de espacio personal, o a punto de ser sacrificadas, troceadas e incluso envasadas para la venta en supermercados y establecimientos.

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Imagen panorámica de la exposición de Agüera en La Misericòrdia.

El título de la muestra ya lo dice todo, y la fotógrafa no lo oculta: «Quiero hacer calar un mensaje», que no es otro que el de concienciar y el de abrir la puerta a la reflexión o, por lo menos, a que el espectador salga de la sala expositiva pensando sobre sus propias acciones y sobre lo que implica para seres vivos el que tengamos acceso como sociedad a alimentos cárnicos.

Comisariada por Francesc X.Bonnín, responsable del Arxiu del So i de la Imatge de Mallorca, la muestra acabó su recorrido ayer y se compone de una veintena de fotografías tomadas en varios lugares de la Isla para reflejar «el maltrato y la crueldad que sufren los animales destinados a consumo, unas prácticas inherentes a la ganadería y pesca industriales».

Así pues, partiendo de modelos humanos, muchos de ellos pertenecientes a asociaciones que luchan precisamente contra el maltrato animal, Agüera ha buscado más la sutileza, aunque le mensaje es contundente, que la crudeza en sus imágenes, que no buscan ni la violencia gratuita ni el impacto sangriento que ya forma parte de por sí a la industria que se está criticando por sus prácticas.

Así pues, la exposición propone un recorrido a lo largo de la sala que se inicia con imágenes que critican la pesca de arrastre, «el peor tipo de pesca porque supone la muerte de muchos animales que no son el objeto de esa pesca y que daña el fondo marino», para pasar a la manera de funcionar de los mataderos y de la industria ganadera, la forma en que se agrupan a los animales, se les separa de sus crías, se les deslecha o insemina o incluso se los ceba, como en el caso de los gansos. Una de las imágenes más potentes es la de dos personas envasadas al vacío como si estuvieran listas para ser compradas o la de otras que tienen pintada en la espalda la fecha de su propio sacrificio, como ocurre con los animales que van a ser sacrificados.

Agüera es consciente de que la exposición probablemente no «hará que alguien se haga vegano de un día al otro», pero si consigue que al menos «durante un minuto alguien al salir se quede pensando en lo que ha visto, recapacite y reflexione», ya será un logro y una victoria.

Por otro lado, esta exposición, según detallan desde el Consell de Mallorca, inicia un ciclo que está dedicado a revisar la obra de fotógrafos residentes en Mallorca que destacan de alguna manera en el panorama retratístico isleño a través de sus propios proyectos personales.