La combinación de tipos de interés elevados, crédito más caro y menor capacidad de ahorro marca el arranque de 2026 para los hogares. No se trata de un ajuste puntual ni de un repunte transitorio, sino de un entorno financiero más exigente que empieza a asentarse tras varios meses de endurecimiento de las condiciones.
Las familias afrontan al mismo tiempo hipotecas más caras y crédito al consumo con intereses elevados, con un margen de ahorro cada vez más reducido. Es la foto fija con la que arranca el año y que empieza a trasladarse a las decisiones financieras cotidianas, en un contexto marcado por un euríbor que ronda el 2,3%, un interés medio de los préstamos personales en torno al 7,2% TAE, y unos tipos oficiales en la eurozona estabilizados en el 2%.
El euríbor consolida niveles altos
Durante los últimos meses el euríbor ha dejado atrás la idea de un repunte transitorio y se ha instalado en niveles claramente superiores a los de años anteriores. A lo largo de 2025, el principal índice de referencia de las hipotecas variables pasó de moverse en el entorno del 1,9% a cerrar diciembre cerca del 2,3%, tras encadenar varios meses consecutivos de subidas.
Ese movimiento empieza a trasladarse a las revisiones hipotecarias, aunque de forma desigual. Olivia Feldman, economista de HelpMyCash, explica que el impacto depende en gran medida de la periodicidad de la revisión. En las hipotecas con revisión anual, muchas cuotas todavía salen a la baja porque el euríbor actual sigue por debajo del nivel de hace un año. En las revisiones semestrales, en cambio, ya son más habituales los ajustes al alza, aunque de forma moderada.
Este efecto puede intensificarse en los próximos meses si el índice se estabiliza o repunta. En una hipoteca media a 25 años, las revisiones menos favorables pueden traducirse en incrementos de varias decenas de euros al mes, una presión añadida en un momento en el que el coste de la vida sigue siendo elevado.
El mantenimiento de los tipos oficiales por parte del Banco Central Europeo (BCE) refuerza este escenario. La facilidad de depósito permanece en el 2% tras varias reuniones sin cambios, una pausa que consolida el encarecimiento de la financiación y aleja, al menos a corto plazo, un alivio para los hogares endeudados.
El crédito al consumo gana protagonismo
El impacto del entorno monetario no se limita a las hipotecas. El crédito al consumo entra en 2026 con un peso creciente en los presupuestos familiares y con cifras que se acercan a máximos de más de una década. El saldo vivo de los préstamos al consumo se situó en 2025 cerca de los 200.000 millones de euros, tras retomar la tendencia alcista en la segunda mitad del año.
Préstamos personales, financiación aplazada y tarjetas de crédito se han convertido en una herramienta habitual para cubrir gastos corrientes. A diferencia de otros ciclos, este tipo de financiación no actúa como un apoyo puntual, sino como una pieza estructural del equilibrio financiero de muchos hogares, justo cuando los tipos de interés aplicados a estos productos se mantienen elevados.
Desde Kelisto señalan que este mayor recurso al crédito se refleja también en el comportamiento de los usuarios. En las últimas semanas, las búsquedas de préstamos y tarjetas han repuntado con fuerza, un patrón habitual tras las Navidades pero que, en este inicio de año, apunta a una necesidad más persistente de liquidez.
Las tarjetas de crédito concentran buena parte de esta presión. En muchos casos aplican intereses superiores al 20% TAE, un coste que se prolonga en el tiempo y reduce de forma progresiva la renta disponible. El efecto no se percibe de golpe, sino mes a mes, a medida que los intereses se acumulan y ganan peso en el presupuesto familiar.
Ahorro alto, pero a menor ritmo
Frente al repunte del endeudamiento, el comportamiento del ahorro muestra una evolución más matizada. El volumen total de ahorro de las familias en el sistema bancario se mantiene en máximos históricos. Solo el dinero en cuentas a la vista alcanza los 920.000 millones de euros, a los que se suman unos 159.000 millones en depósitos, según los últimos datos disponibles de noviembre de 2025.
Lo que sí ha cambiado es el ritmo de generación de ese ahorro. Tras el pico registrado durante la pandemia, cuando la tasa de ahorro de los hogares alcanzó el 14,8% de la renta disponible en 2020, esta se ha moderado hasta el 12,4% en el segundo trimestre de 2025, según el INE. Feldman subraya la diferencia entre el stock acumulado y la tasa actual, una dicotomía que explica que convivan niveles elevados de ahorro con un repunte del crédito al consumo.
Reorganizar la deuda en un entorno más exigente
En este contexto, algunas familias empiezan a revisar la estructura de su deuda. Feldman apunta que la renegociación o la subrogación hipotecaria puede ser una opción cuando las condiciones actuales suponen una mejora y la deuda no supera el 80% del valor de la vivienda, aunque reconoce que en hipotecas de importe reducido las alternativas suelen ser más limitadas.
La reunificación de préstamos también gana protagonismo. Desde Kelisto señalan que este tipo de operaciones suele intensificarse cuando la carga mensual del crédito al consumo empieza a pesar más que la propia hipoteca, un síntoma adicional del cambio de ciclo financiero al que se enfrentan los hogares.
El arranque de 2026 deja así una lectura clara en los datos y en el comportamiento de las familias. Hipotecas, tarjetas y préstamos confluyen bajo un mismo denominador común, con menos amortiguadores que en ejercicios anteriores. Es ese solapamiento el que define el cambio de ciclo que empieza a consolidarse en la economía familiar.