Mil páginas repartidas en tres tomos. Ese es el volumen que ocupa la obra que acaba de ver la luz bajo el título César Manrique. Cien años de memoria viva, un completo y riguroso estudio, con textos en español e inglés, elaborado por Francisco Galante, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna (ULL) y amigo del genio lanzaroteño.

En él desarrolla un análisis del proceso de formación del artista y de sus intervenciones urbanas y arquitectónicas, así como de su conexión con la sociedad isleña a través de su implicación en la defensa del territorio, que comenzó a fraguarse en 1968, tras regresar a Lanzarote, cuando el cemento y hormigón comenzaban a extenderse como una plaga por las costas canarias en pleno boom del turismo de masas.

“Era de justicia y un deber rendir un cercano y emotivo estudio a un amigo y artista ejemplar, por lo que he procurado trazar un retrato humano y artístico de César, que en el proceso del trabajo se ha convertido, además, en un autorretrato”, explicó a DIARIO DE AVISOS su autor, Francisco Galante, director de la Cátedra Cultural César Manrique de la ULL, quien destacó la “obra de arte” en que convirtió su vida el faro conejero: “Él mismo era arte y su propia vida fue un ejemplo de vitalidad irrefrenable, con una ilusión y un entusiasmo desmedidos”.

La importancia de la figura de Manrique crece con el paso del tiempo. 33 años después de su desaparición, Canarias sigue sin descubrir un personaje histórico capaz de aglutinar su talla artística, su iconografía ecológica del desarrollo y su proyección social. Su memoria sigue más viva que nunca, al igual que su mensaje, plenamente vigente en una tierra con demasiadas tropelías urbanísticas. “César fue un destacado referente en la defensa del medio ambiente, de la ecología, del animalismo, de la justicia social y de los derechos humanos”, destaca el autor de la obra, que sitúa ese aprendizaje que formó parte de la vida del creador canario a partir de su estancia en Nueva York, en los años 60, en un clima de libertades y reivindicaciones sociales.

El completo estudio, publicado por los Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote, con la colaboración de la ULL y la Fundación César Manrique, bajo el patrocinio de los programas de los Fondos de Desarrollo de Canarias, cuenta con valiosas aportaciones redactadas por estudiosos de la obra de Manrique, artistas plásticos que le han rendido tributo y los testimonios de técnicos que trabajaron codo con codo con él, como es el caso de los ingenieros Juan Alfredo Amigó y José Luis Olcina, ejecutores de su obra durante 25 años a los que el conejero se refería como “mi familia de Tenerife”.

Rosa Aguilar, exrectora de la Universidad de La Laguna, expresa en el prólogo su deseo que la obra no sirva solo de homenaje a la figura de uno de los grandes creadores del arte contemporáneo en Canarias, sino “como una invitación a redescubrir y defender su espíritu, a seguir aprendiendo de su legado y a mantener su lucha por un mundo más bello y sostenible”. Y es que Manrique, además de firmar una trayectoria marcada por la expresividad, pluralidad y versatilidad, como subraya Aguilar, entabló una relación indisoluble entre la estética y la vida.

César Manrique. Cien años de memoria viva’: la gran obra del artista totalCésar Manrique. Cien años de memoria viva’: la gran obra del artista total

Solo un artista como él era capaz de imaginar y construir obras insólitas en espacios públicos estableciendo un diálogo permanente con la naturaleza, con la que instauró una íntima relación y a la que defendió con arte, uñas y dientes a través de “su compromiso social, su papel como activista medioambiental y denunciando el poder destructor de la especulación y defendiendo la naturaleza con una energía inagotable”, como remarca la exrectora.

El primer tomo recoge un estudio crítico de Francisco Galante centrado en la resonancia de la obra de Manrique en el tiempo y su capacidad visionaria, adelantándose a debates sobre la ecología, la intervención paisajística y el propio arte total. Esta parte del libro destaca el papel del creador lanzaroteño como activista y su compromiso social como defensor incondicional de los valores paisajísticos y denunciante de los zarpazos especulativos sobre el territorio. También incluye un preámbulo de Víctor Nieto Alcaide, delegado del Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El segundo tomo profundiza en una dimensión más íntima de su universo creativo a partir de las primeras intervenciones urbanas y pictóricas en Lanzarote hasta llegar a la plenitud artística en su isla natal. También se analizan sus actuaciones en los entornos marítimos del Puerto de la Cruz, donde materializó su proyecto más emblemático, el Lago Martiánez; Santa Cruz de Tenerife, capital en la que no pudo ver finalizado el parque marítimo que actualmente lleva su nombre, y Ceuta, ciudad que sigue presumiendo hoy de un espacio acuático excepcional. También ocupan un lugar destacado en este segundo volumen los proyectos que no pudo desarrollar.

El tercero de los tomos incluye nueve ensayos de diversos autores en los que se abordan aspectos clave de su trayectoria y su compromiso, así como la valoración de destacadas voces de diferentes disciplinas y los testimonios de técnicos y colaboradores, para terminar con un tributo de once artistas contemporáneos que rinden homenaje al recordado autor, fallecido a los 73 años en un accidente de tráfico en las proximidades de su fundación.

Francisco Galante destaca la “enorme complejidad” que ha supuesto analizar la obra de un artista de gran versatilidad que abarcó distintas disciplinas del conocimiento humano: “César fue un creador poliédrico con aristas tangenciales, iluminado por una intuición y sensibilidad fuera de lo común, capaz de incorporar las artes haciendo que formara parte de un todo”.

Otro de los alicientes del libro es la explicación de la vida y la obra de Manrique en los contextos donde experimentó y proyectó su privilegiada mirada: Madrid, París, Nueva York, Venezuela, México, Brasil y, por último, Lanzarote, la niña de sus ojos, que encumbró tejiendo casas, cuevas, grutas, miradores, monumentos y jardines, jugando con lo mágico y oculto, como subraya Galante, mediante efectos sorpresivos a través de inéditas perspectivas y encuadres que dieron vida a la naturaleza.

“Esa fue la utopía de Manrique, un sueño que hizo posible la ilusión del artista con la que logró dar sentido pleno a su vida”, destaca el autor de César Manrique. Cien años de memoria viva, que concluye con un deseo convertido en un llamamiento: “Su arte debe perdurar como expresión cultural en las plácidas marismas y en la eternidad del tiempo. Que nadie lo arrebate, ni haga un uso indebido”.

La publicación, que será presentada junto a un documental en el auditorio de los Jameos del Agua (Lanzarote), la Universidad de La Laguna, Madrid, Berlín y Nueva York, rescata en toda su dimensión humana, artística y social a César Manrique, el artista total visionario que se enfrentó a los poderes fácticos y despojó de complejos a los canarios, educando su mirada y haciéndoles ver el paraíso natural en el que les tocó vivir.