A quienes les estropean las fachadas de su propiedades con grafitis es probable que no entiendan los motivos detrás de esas creaciones rápidas, que nada … tienen que ver con los murales callejeros que decoran algunos rincones de la ciudad. Pues bien, estos autores tienen sus explicaciones y, según cuenta un antiguo grafitero que prefiere mantenerse en el anonimato, esas pintadas hechas en pocos minutos «dan reconocimiento. Como en este mundillo hay ‘crews’, es una forma de alimentar ese sentido de pertenencia al grupo. Tiene que ver con sentir que existes y que la gente te valora por algo. El grafiti tiene mucho de ego», precisa.
Lo cierto es que una de las reglas de oro de los grafiteros es que «nunca se intercambian las firmas». Este conocido también señala que «muchos empiezan por moda» pero «se enganchan» porque «hay mucha adrenalina en lo ilegal, en pintar de noche, que te puedan ver… Eso atrae».
Mediación
Respecto al perfil, indica que la mayoría son «jóvenes que pintan unos años, entre dos y seis, y luego lo dejan. También hay otros que empezaron hace muchísimo y ha seguido pero son los menos», repasa. «Lo que también ha cambiado es que cada vez hay menos huecos para pintar, por eso se nota más los nuevos grafitis».
En este sentido, de parte del Ayuntamiento de Vitoria, la sanción nunca es el primer paso. Cuando se identifica al autor, se le propone una mediación (se ha hecho en 11 casos), que pasa por reparar los daños y adquirir un compromiso expreso de no volver a emplear las paredes como lienzos.
8 personas optaron por ese camino, indica el Consistorio, consultado por este periódico. A otros dos que se les propuso no reconocieron firmar con el ‘tag’ y una volvió a pintar, por lo que se le puso una multa de 3.000 euros por saltarse la ordenanza de limpieza. A la inversa, hubo otro individuo que asumió el ‘pacto’ de no grafitear tras pagar 1.501 euros.