J. Sainz

Domingo, 11 de enero 2026, 18:39

El Ebro, ancho y calmado, discurre junto a un Logroño que parece a medio levantar. Es el año 1920 y el fotógrafo más reconocido en la ciudad se ha encaramado a las faldas del monte Cantabria para capturar una panorámica desde el lugar exacto en el que, medio siglo antes, lo había hecho por primera vez el célebre Jean Laurent. Entre la torre de San Bartolomé y las gemelas de La Redonda se aprecia el antiguo Seminario del Muro de los Reyes (Muro de la Mata) y, junto a Santiago, humea la chimenea de la Tabacalera, en la calle del Mercado (Portales). Detalles que ya solo se pueden verse a la luz de la fotografía.

Un siglo después, Alberto Muro (Calahorra, 1870 – Logroño, 1945), referente de la memoria visual de esta tierra, sigue siendo merecedor de recuerdo. En su última campaña, la Biblioteca Nacional de España ha digitalizado más de seiscientas obras de 154 autores españoles fallecidos en 1945, cuya obra pasa a ser de dominio público este año y que se puede consultar y descargar a través de la plataforma BNE Digital.

En el caso de Muro, lo que la Biblioteca ha informatizado es el catálogo de la exposición fotográfica que el Ayuntamiento de Logroño le dedicó entre 2009 y 2010 y que suscitó gran interés en la ciudad. Fue producto de un nada sencillo trabajo de recuperación por parte de la Casa de la Imagen de la obra muy dispersa –y, en el peor de los casos, perdida para siempre– de este artista, retratista, documentalista y maestro. En el periódico se referían a él como ‘fotógrafo de la aristocracia’, pero más allá de esa faceta en la que también destacó, fue un fotógrafo total, testigo de la historia en marcha de un pueblo. Y no solo de Logroño, sino de toda una Rioja aún por hacer.

«Alberto Muro –afirma Jesús Rocandio, comisario de aquella muestra– es el fotógrafo de Logroño con mayor importancia y representación de los que hayan existido a lo largo de la historia de la fotografía». Practicó el reportaje al estilo de los grandes documentalistas del siglo XIX, el retrato de gran nivel creativo y la fotografía artística, y se especializó en artes gráficas produciendo las mejores imágenes impresas de La Rioja. Fue maestro de grandes fotógrafos a nivel nacional, fomentó el arte de la fotografía en Logroño con la organización de exposiciones y publicó imágenes de gran calidad en prensa de la época, incluido este periódico.

Nacido en Calahorra, Muro estudió fotografía en Bilbao y, después de su ciudad natal, se instaló profesionalmente en Logroño entre 1895 y 1898, heredando la tradición y la clientela de los pioneros en la capital riojana Chacón y Ducloux. Junto al Espolón primero y en la calle Bretón después, su estudio fue la principal referencia del oficio en su tiempo. Él mismo sería a la postre transmisor de aquella herencia hacia sus hijos y nietos, toda una saga de fotógrafos, así como a sus discípulos, como Jalón Ángel, antes de que una hemiplejia le impidiese seguir ejerciendo los últimos diez años de su vida.

Retratos individuales y colectivos muy diversos, no solo de personajes relevantes como Sagasta o Amós Salvador, o grupos familiares de clase alta. Estampas logroñesas cotidianas, tanto de su paisaje urbano como social, panorámicas de la ciudad y detalles de sus calles. Patrimonio histórico-artístico, desde los monasterios de San Millán hasta la catedral de Calahorra. Imágenes –muy pocas– de las revueltas anarquistas de 1933 y de la Guerra Civil…

Y reportes de otros momentos irrepetibles, como la construcción del dique del pantano de La Grajera en 1909; una curiosa expedición municipal a la sierra de Cantabria en busca de agua potable para Logroño comandada personalmente por el alcalde Francisco Íñiguez en 1912; o las obras de la sinuosa carretera de las Viniegras en 1930, con los peones trabajando a brazo partido a orillas del Najerilla.

Aunque son solo algunas muestras de un patrimonio mucho mayor perdido en traslados de archivos y en la demolición del edificio que acogió su estudio, las fotografías de Muro componen hoy una documentación única sobre nuestra región y sobre nosotros mismos. El pasado de este futuro que vamos construyendo con los años.

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