Después de ver los 751 capítulos de ‘La Promesa‘, hay un detalle que, aunque ha ido creciendo de forma silenciosa, ahora se revela como uno de los motores más determinantes del argumento: Lorenzo nunca quiso casarse con Ángela. Su objetivo real es destruirla. Y no por ella, sino por lo que representa: la última vía para golpear a Curro (Xavi Lock) donde más duele.
Durante meses, la serie ha jugado con la ambigüedad de Lorenzo, un personaje que domina el arte de la manipulación y que siempre actúa con varios planes simultáneos. Su aparente interés romántico por Ángela funcionaba como una cortina de humo, una estrategia para acercarse a ella, ganarse su confianza y, desde ahí, desestabilizarla. Pero ahora, con perspectiva, el patrón es evidente: Lorenzo no busca una alianza, sino una víctima.

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La llegada del psiquiatra a ‘La Promesa‘ confirma esta lectura. No es un gesto de preocupación ni un intento de ayudar a Ángela. Es un movimiento calculado, casi quirúrgico, que replica exactamente lo que ya hizo con Eugenia: utilizar la autoridad médica para fabricar una locura que no existe. En el universo de la serie, donde la palabra de un profesional pesa más que la realidad emocional de una mujer, este recurso se convierte en un arma devastadora.
La valentía de Ángela en ‘La Promesa’
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Ángela (Marta Costa), que ha demostrado ser una mujer fuerte, intuitiva y con una capacidad enorme para conectar con Curro, se ha convertido en un obstáculo para Lorenzo. Ella ve lo que otros no ven, cuestiona lo que otros aceptan y, sobre todo, representa un apoyo emocional que Lorenzo no puede permitir. Si quiere controlar a Curro —o destruirlo, según el día— necesita aislarlo. Y la forma más eficaz de hacerlo es desacreditar a la persona que más lo sostiene.
El paralelismo con Eugenia (Alicia Moruno) no es casual: es un recordatorio de que Lorenzo no improvisa. Su crueldad tiene método. Su violencia es silenciosa, elegante, casi institucional. No necesita gritar ni amenazar; le basta con sembrar dudas, manipular diagnósticos y dejar que el sistema haga el resto. Este giro no solo reconfigura la trama, sino que también ilumina la verdadera naturaleza del personaje: Lorenzo no es un villano impulsivo, sino un estratega que entiende el poder de la reputación, del miedo y de la palabra médica. Y Ángela, sin saberlo, se ha convertido en su nuevo objetivo. En definitiva, este detalle —este cambio de intención— no solo marca el presente de ‘La Promesa’, sino que redefine su futuro. Y promete un conflicto tan oscuro como inevitable.

Pilar Martínez es periodista especializada en contenidos de televisión y cultura, se graduó en la carrera en Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información (Universidad Complutense de Madrid) en el año 2018. Desde entonces ha pasado por las redacciones de Ecoteuve (El Economista), donde realizó sus primeras prácticas durante el verano del 2016.
Posteriormente, concretamente, en el año 2017 se pasó al grupo Hearst España, donde comenzó su andadura en las revistas de televisión: Supertele, Teleprograma, Telenovela. Ahora colabora con Diez Minutos, en su versión web, donde se encarga de realizar los avances semanales de las ficciones diarias de moda, así como entrevistas y artículos sobre los melodramas o telenovelas que aterrizan en nuestro país y aquellos que están por venir.
Toda una cazadora de exclusivas. A esto, se suma su puesto como redactora jefe de la sección de novela narrativa en la revista Culturamas, medio digital de alto impacto al que lleva unida desde el año 2013. Ávida lectora, cinéfila y seriéfila de primer nivel, ha hecho de su vocación su oficio.