Baluarte de la Marina es el nombre del nuevo hito arquitectónico urbano que Valencia aspira a levantar. Un edificio de 108 metros de altura y de hasta 30 plantas que será para uso terciario, preferentemente hotelero, … y que está proyectado en el aparcamiento donde se ubica The Terminal Hub, en las inmediaciones del puerto de València. Los pormenores de la torre todavía están por definir y su levantamiento todavía no está en el horizonte, pero el Ayuntamiento está decidido a que este nuevo hito no corra la misma suerte que otros grandes proyectos que nunca llegaron a materializarse.
La Esfera Armilar, una escultura redonda de 90 metros de altura; las torres trillizas de Calatrava, de 58, 70 y 80 plantas; o la noria de la Marina, de unos 120 metros de altura, son tres ejemplos de hitos urbanos cuyo desarrollo se vendió a bombo y platillo, pero, bien fuera por la falta de solvencia económica, por el rechazo ciudadano o por la negativa de las administraciones, se quedaron en el tintero.
Sobre el Baluarte de la Marina, la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, anunció a mediados de diciembre junto a la presidenta de la Autoridad Portuaria de Valencia (APV), Mar Chao, que el Ayuntamiento se ponía manos a la obra para depurar física y jurídicamente la parcela para la posterior reversión a la entidad pública que dirige el puerto de Valencia. Una vez efectuada, será la APV la encargada de licitar las constitución de un derecho de superficie para que los interesados presenten sus proyectos. La previsión es que, en el tercer trimestre de 2026, se hayan realizado las licitaciones.
«Hemos pedido que tenga un alto valor arquitectónico para que sea un edificio icónico», expresó Catalá el día de la presentación, en unas palabras que reflejan la intención del Ayuntamiento de que la nueva torre pase a formar parte del imaginario colectivo cuando se cita al Cap i Casal. Las dimensiones, el valor arquitectónico, la integración con el entorno de la ciudad y la visibilidad son cuatro de las características que debe de tener un hito urbano, según los arquitectos consultados.

A medida que vayan avanzando los trámites, será más sencillo imaginar en qué queda la promesa del nuevo hito arquitectónico. Hasta el momento, el proyecto, recogido en el plan especial la Marina Real Juan Carlos I, sigue su curso sin grandes trabas, pero mira de reojo lo ocurrido recientemente con el rascacielos hotelero que se iba a levantar en el puerto de Málaga y que está paralizado por la falta de garantía jurídica.
El listado de hitos arquitectónicos urbanos que quedaron en papel mojado en Valencia, y al que no quiere sumarse el Baluarte de la Marina, comenzó a redactarse décadas atrás. A continuación, se recogen algunos de los más llamativos del siglo XXI y que todavía persisten en la memoria de los valencianos que ya llevan unas décadas viviendo en el Cap i Casal.
Torre Eólica
Ubicada en uno de los extremos de la Marina de Valencia, la Torre Eólica iba a crecer hasta los 170 metros de altura —el edificio actual más alto del Cap i Casal es el Hotel Meliá Valencia en Cortes Valencianas, que alcanza los 117 metros—. La idea era que los mil generadores eólicos y las placas fotovoltaicas instaladas suministraran de energía eléctrica al puerto de Valencia, ya que, entre ambos, suman la potencia de un generador de grandes dimensiones.
La inversión prevista era de unos 20 millones de euros, pero el proyecto finalmente fracasó porque, tras varias dudas sobre la viabilidad económica de la construcción, el promotor del edificio y arquitecto valenciano, Fran Silvestre, se quedó sin socio inversor.
Esfera Armilar
La construcción de una esfera gigante de 729.000 metros cúbicos (90 de altura por 90 de anchura por 90 de profundidad) era una idea que empezó a rondar a mediados de los años 90 del siglo pasado. El Ayuntamiento llegó a promover una exposición de la maqueta en Campanar, y la exalcaldesa Rita Barberá mostró en 1997 interés en acogerla, pero el asunto quedó momentáneamente aparcado. Más adelante, en 2004, el ‘expresident’ de la Comunitat Francisco Camps recuperó el proyecto, cuyo coste se estimaba en 60 millones de euros.
En las distintas idas y venidas del proyecto a la conversación política y pública, se barajaron hasta tres ubicaciones distintas: el parque de Cabecera, el Grau y el parque Central. Finalmente, Valencia desechó la idea de acoger la Esfera Armilar, diseñada por Rafael Trénor junto con José Antonio Fernández Ordóñez.
Torres trillizas de Calatrava
Uno de los hitos arquitectónicos urbanos más reconocibles de Valencia —sobrecostes y despilfarros mediante—, la Ciutat de les Arts i de les Ciències, iba a tener tres torres de 58, 70 y 80 plantas a su alrededor. Más del doble que el Baluarte de la Marina. Bautizadas como ‘las torres trillizas de Calatrava’, por ser este último el arquitecto que las diseñó, su destino era convertirse en una urbanización de viviendas de lujo cuyo coste total ascendía hasta los 335 millones de euros. El ‘expresident’ de la Comunitat Francisco Camps presentó una maqueta en 2004 con los tres rascacielos.
De las torres, más de dos décadas después, ni rastro. Eso sí, Calatrava se llevó 15 millones de euros a cuenta del Consell entre 2005 y 2007 por la redacción del proyecto, tal y como certificó la Fiscalía.
Ampliación de la cubierta del IVAM
La ampliación del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) es otro de los proyectos que estuvo enquistado durante varios años. La idea de los arquitectos japoneses Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, presentada de manera oficial en 2003, era crear una estructura que recubriera el edificio dejando pasar la luz y el aire (a través de miles de ojos de buey) y la creación de nuevos espacios. El nombre, una vez más, estaba ya creado antes de poner la primera piedra: la ‘piel’ del IVAM.
El precio a pagar por cambiarle la fachada al IVAM se estimó en 45 millones de euros, pero el proyecto quedó relegado después de que el Consell de aquel entonces, dirigido por Francisco Camps, centrara sus esfuerzos económicos en otras grandes obras como el Palau de les Arts. La crisis de unos años más tarde, en 2008, terminó por sentenciarlo.
Noria gigante de la Marina
De nuevo la Marina de Valencia, donde está proyectado el nuevo rascacielos de 108 metros y 30 plantas, fue protagonista de una iniciativa fallida. Una noria gigante de 120 metros de altura permitiría vislumbrar la ciudad con una buena panorámica a unas 1.000 personas por hora, con 40 cabinas capaces de transportar a 25 personas a la vez cada una. Arquitectos consultados explican que, a principios de los 2000, las administraciones trataron de que la ciudad virara del río hacia el mar y vieron en la Marina un lugar de gran potencial.
La infraestructura, de la que se tuvo constancia en abril de 2019, se desestimó por primera vez un año después, en 2020, tras el rechazo de la Marina a acoger tal proyecto. En aquel momento, la promotora de la noria propuso la opción de reubicarla cerca del Oceanogràfic, pero la alternativa siguió el mismo camino que la idea original.
Museo de la FIFA
De igual manera que con la Esfera Armilar, el parque de Cabecera se barajó para acoger otro proyecto arquitectónico a principios de los años 2000. Se trata del museo de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación), una idea por la que la Generalitat llegó a pagar más de un millón de euros por estudios previos y asesoramiento.
Como el resto de proyectos, se guardó y se sacó del cajón en diversas ocasiones. La Generalitat se comprometió a financiar parte del proyecto, presupuestado en 54 millones de euros, pero nunca se llegó a colocar la primera piedra. Finalmente, el museo de la FIFA cambió de destino y se trasladó a la ciudad suiza de Zurich.
Teleférico que cruzaba la ciudad
Cruzar la ciudad de Valencia por los aires, desde el Palacio de Congresos hasta el puerto de la ciudad, era una idea en la que el empresario inmobiliario Óscar López se entestó en 2009. Quería construir un teleférico como atractivo turístico y, para ello, dijo contar con el apoyo de un grupo de empresarios, del que no se llegó a conocer la identidad. Todavía pervive una cuenta de LinkedIn con una breve descripción del recorrido.
El coste previsto era de unos 100 millones de euros y, para llevar a cabo la construcción, necesitaba el permiso de las tres administraciones y cerca del 70% de la financiación. Ni las consiguió ni se supo nada más del teleférico. Otro proyecto al cajón.
Una pista de esquí en un centro comercial
Sin duda el más estrambótico de los proyectos fue el de construir una pista de esquí en un centro comercial. Neutopía, que era el nombre de las instalaciones comerciales proyectadas en el barrio de Malilla, preveía dos pistas de nieve artificial de 100 y de 250 metros, respectivamente, para completar su oferta de ocio.
Así se proyectó en 2005, cuando la empresa Nieve y Comercio presentó su proyecto. La idea era desarrollar un centro comercial en el que se pudiera esquiar, tal y como ocurre en el del complejo Xanadú de Arroyomolinos, en Madrid. A día de hoy, Valencia sigue esperando la nieve que nunca llegó.