«Creo que es el mejor que he hecho en mi vida». Con estas once palabras define Óscar Tusquets el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, obra del arquitecto cuya trayectoria repasa Dios lo ve, el documental estrenado en Filmin hace unas semanas donde el también pintor y diseñador catalán regresa al espacio cultural de la capital grancanaria en cuya sala principal, con su espectacular cristalera abierta al Atlántico, rememora tirando de su habitual ironía cómo «hay directores de orquesta suficientemente tontos que dicen que el mar distrae al público». Las referencias de Tusquets al emblemático edificio invitan a recordar aquel fructífero periodo entre 1991 y 2005 en el cual Canarias comienza a construir o inaugura cuatro de sus actuales templos de la cultura en Tenerife, Fuerteventura y Gran Canaria empezando por el citado Alfredo Kraus seguido por los auditorios Adán Martín en Santa Cruz de Tenerife; el Magma Arte&Congresos de Adeje y el majorero de Formación y Congresos en Puerto del Rosario, cuatro infraestructuras de primer orden que a los amantes de la música y las artes escénicas del Archipiélago les aportaron no sólo alrededor de 7.600 nuevas localidades sino que se convirtieron en inmejorables escaparates para la producción cultural de las Islas.
Es bastante seguro que con el evidente desprecio o desinterés hacia la cultura mostrado en la actualidad, salvo contadas excepciones, por los dirigentes políticos sería imposible a día de hoy repetir lo sucedido entre 1991 y 2005 en Canarias, catorce años en los cuales se invirtieron más de 167 millones de euros para dotar a Tenerife, Fuerteventura y Gran Canaria de modernas -y necesarias- infraestructuras culturales por entonces inexistentes en el Archipiélago.
Se comienzan a construir e inauguran en aquel periodo histórico una serie de edificios convertidos ya en referentes nacionales e internacionales tanto de la música como de la arquitectura y que en el caso de las cuatro destacadas obras que, principalmente, aborda este reportaje están firmadas por Santiago Calatrava, Fernando Menis, Jorge Sastre Moyano y Óscar Tusquets, artista catalán cuya figura y producción creativa protagonizan la película dirigida por Alex Guimerà y Guillem Ventura Dios lo ve, estrenada a finales de diciembre y donde el también pintor y diseñador regresa a la capital grancanaria para visitar el edificio que entre 1993 y 1997 construye en el extremo oeste de la playa de Las Canteras.

La década de los templos de la cultura / LP/DLP
Con el recinto de Calatrava para Santa Cruz de Tenerife, si se sigue un orden cronológico atendiendo al inicio de las obras de estos cuatro auditorios, se estrena en el Archipiélago el periodo de las grandes dotaciones culturales y la casi por entonces tendencia general basada en un argumento tan vacuo como que cualquier ciudad española -y europea en general- sin un edificio firmado por los en ese momento denominados superarquitectos era, por así decirlo, una urbe de tercera regional.
Coronado por esa ola blanca de 58 metros de alto que, pese a haberse convertido ya en icónica imagen de la capital tinerfeña casi arrolla tipo tsunami las arcas de la ciudad y la paciencia de sus habitantes, la construcción del Auditorio Adán Martín triplicó casi su presupuesto inicial de 26,7 millones de euros.
74 acabaría costando un edificio cuyas obras se prolongaron durante doce años -entre 1991 y 2003- en vez de los seis estipulados y que hasta hace alrededor año y medio continuaba enfrentando al estudio del arquitecto valenciano, las empresas que trabajaron en la obra y el Ayuntamiento de santa Cruz de Tenerife con el objetivo de dirimir quién debía pagar los 2,7 millones de euros destinados a arreglar sus numerosos desperfectos. Más allá de esta retahíla de inconvenientes, el Auditorio Adán Martín aportó 2.000 localidades a la ciudad destinadas a los amantes de la música y las artes escénicas, entre otras disciplinas, además de convertirse en emblema del skyline chicharrero.
Fernando Menis, autor del Magma Arte&Congresos de Adeje, uno de los cuatro grandes templos culturales del Archipiélago, comienza su explicación acerca de aquella «época brillante» en la cual «los políticos de cualquier color se ponían de acuerdo para trabajar en beneficio de la sociedad», dice el tinerfeño, defendiendo «la dedicación e ilusión» que Santiago Calatrava demostró siempre por su auditorio en la capital tinerfeña.

La década de los templos de la cultura / LP/DLP
«Fue su última pequeña gran obra antes de convertirse en un fenómeno mundial y convertir su estudio en una especie de factoría de la cual comenzaron a salir tantos proyectos que le era ya imposible tener bajo control pero», matiza Menis, «incluso con los defectos surgidos después, Calatrava aportó a Santa Cruz de Tenerife un edificio brillante de altísima calidad».
Cuenta el arquitecto tinerfeño un detalle que ha sufrido en sus propias carnes y traslada al espacio cultural chicharrero: el mantenimiento de ambas construcciones. «Es insuficiente», sentencia el también autor de la iglesia del Santísimo Redentor de Las Chumberas, en La Laguna, considerado en el World Architecture Festival como mejor edificio del mundo de 2025.
«El Magma está un poco abandonado», lamenta Fernando Menis. «Años más tarde construí un auditorio en Polonia que guarda cierto parecido» con su edificio en el municipio tinerfeño de Adeje.
«Mientras en el de la ciudad polaca de Torum acogió 530 actos durante 2025 el Magma permanece varios meses del año cerrado y tiene muy poca actividad», recuerda sobre la obra que, según dice, «me cambió la vida». Magma Arte&Congresos «me permitió dar el salto internacional pero en especial transformó mi manera de pensar y crear; supuso el comienzo de una evolución profesional de la cual surge mi sello propio», admite en referencia a ese estilo único y diferente que caracteriza su arquitectura.
Con 14 grandes rocas como principal elemento representativo, un aforo de 2.800 plazas y un coste total de 30 millones de euros, «Magma no es más que una sucesión de plazas unidas» a través de ese magma al cual hace referencia su nombre. «Si le quitáramos la cubierta quedarían al descubierto esos espacios que le comento», explica antes de rememorar aquellos años entre 1991 y 2005 en los cuales nacen los grandes templos de la cultura del Archipiélago que aborda este reportaje donde por su capacidad y diseño también debe figurar el Auditorio de Agüimes (Gran Canaria) aunque este, con diseño de los arquitectos Ovidio Macho Mishal, Tomás Morales González y Francisco Triviño Barreto en colaboración con los arquitectos técnicos José Manuel Sosa Pérez y José Mena Esteva, no abre sus puertas hasta 2011.
De «apasionante e ilusionante» califica Fernando Menis esos trece o catorce años que coinciden con los mandatos al frente del Gobierno de Canarias de Jerónimo Saavedra, Manuel Hermoso, Román Rodríguez y Adán Martín. Así, entre melómanos e ingenieros -caso de Adán Martín- «se generó un claro apoyo por la cultura y la arquitectura que, como les comento a mis alumnos universitarios, me temo que no se volverá a repetir».
Menis admite, asimismo, «cuánto aprendí construyendo el Magma, sobre todo en lo relativo a la acústica. De hecho», explica, «acabé haciendo un doctorado en Acústica».
En el caso del Auditorio Alfredo Kraus es ese el único problema que se le puede achacar al edificio de Óscar Tusquets para Las Palmas de Gran Canaria, un asunto solventado a posteriori con la afinación mediante una especie de hojas de palmera construidas en madera que se colocaron en la sala sinfónica pero que en absoluto alteraron el diseño del que Tusquets considera su «mejor» edificio.
«Ya sabéis el cariño que tengo por esa ciudad y por ese edificio, que creo que es el mejor que he hecho en mi vida», contaba en diciembre el arquitecto catalán. «Recuerdo cuando el aparejador me trajo una miniatura del Auditorio adquirida en un comercio y sentí una enorme emoción al ver cómo la ciudad hacía suyo el edificio», añadía.
En el documental Dios lo ve, donde también participa el escultor grancanario Juan Bordes, autor de las esculturas que a modo de guante encajan en el diseño del Auditorio, Tusquets vuelve a su edificio de Las Palmas de Gran Canaria. «Con Juan [Bordes] donde nos divertimos más e hicimos más cosas fue en Las Palmas», explica el catalán. «En los arranques de la escalera del interior, Bordes nos llenó todo de peces. Es», dice, «un poco como si nos metiéramos en el mar». Ese océano que rompe a orillas del Alfredo Kraus estuvo presente en la cabeza del arquitecto cuando tras visitar el enclave donde se levantaría el Auditorio comenzó a diseñar dicha infraestructura.
«Está lleno de ideas», sigue explicando ya dentro de la sala principal del edificio y después de recorrer el hall de acceso al recinto. «Es cojonudo; es fantástico ¿no?», dice ante las cámaras que tras filmarle comentando cómo había tratado de hacer con el lucernario cenital que corona el espacio central del Auditorio un homenaje al Palau de la Música de Barcelona. «Está bonito y tan bien conservado… ¡Qué bien! ¡Qué ilusión verlo así!», confiesa echando mano de su característica pasión. «Trabajo aquí desde hace casi siete años y no hay ni un día que pase por la sala escénica sin decir qué bonito», reconoce Tilman Kuttenkeuler, director general de la Fundación Auditorio y Teatro de Las Palmas de Gran Canaria. «A día de hoy no encuentro muchas cosas que no están pensadas por un lado para el público y por otro lado para la plantilla», añade el alemán. «Es que yo soy un arquitecto muy respetuoso con la función», responde Óscar Tusquets acerca de una instalación cuyo coste fue de 40 millones de euros y proporcionó 1.600 nuevas localidades a la actividad cultural grancanaria.
El Auditorio Palacio de Formación y Congresos de Puerto del Rosario (Fuerteventura), presupuestado en 23 millones de euros con capacidad para albergar a más de 1.200 personas, cierra la lista de las cuatro principales dotaciones culturales que entre 1991 y 2005 se ponen en marcha en Canarias. Obra del arquitecto canario Jorge Sastre Moyano, el edificio de 26.598 metros cuadrados tiene cinco alturas. «El proyecto fue muy complicado porque mezclar las funcionalidades de formación con la de espectáculos y de congresos, es complejo. El auditorio», contaba Sastre Moyano en 2015 a la web Canarias Empresarial, «no es solo una sala de espectáculos, también sirve para congresos, con salones adyacentes y servicio para los propios congresos. Eso mezclado con la otra función, que es la formación, ha resultado ser un proyecto muy difícil pero también muy divertido y, técnicamente, interesante», concluía el arquitecto.