La menopausia es un proceso biológico prolongado que puede empezar años antes de la última menstruación. Tal como explica la especialista en Obstetricia y Ginecología del equipo Gómez Roig de Clínica Corachan, la Dra. Laura López, “lo que ocurre es una pérdida progresiva de la función ovárica, que conlleva una disminución de la producción de estrógenos y progesterona”.
Así -señala- “inicialmente, se produce una irregularidad hormonal, que genera los cambios menstruales característicos: ciclos de más o menos duración y menstruaciones abundantes o que desaparecen durante meses”. En este proceso, “los tejidos sensibles a estrógenos se ven afectados, y esta caída hormonal impacta en diferentes partes del organismo, ya que los estrógenos participan en otras funciones muy importantes que van más allá de la reproducción. Finalmente, llega la menopausia cuando han transcurrido 12 meses sin menstruación. A partir de ahí, empieza la postmenopausia, la etapa en la que los niveles hormonales se estabilizan en valores bajos y algunos síntomas se atenúan, mientras otros, como la sequedad vaginal o la pérdida ósea, tienden a progresar si no se abordan”.
La perimenopausia, de hecho, es la transición a la menopausia, y comienza cuando aparecen cambios menstruales y síntomas vasomotores u otros que reflejan la irregularidad ovárica. “Puede empezar varios años antes de la última menstruación, por lo que suele comenzar a mediados o finales de los 40 años, aunque la edad puede variar”, afirma la Dra. López.
Efectos más comunes
Los efectos de la menopausia más frecuentes son: sofocos y sudoraciones, sequedad vaginal y molestias en las relaciones sexuales, insomnio y fatiga, cambios en el estado de ánimo (irritabilidad, ansiedad o depresión), aumento de peso o redistribución de la grasa, y pérdida de masa ósea (osteoporosis). Como indica la especialista de Clínica Corachan, “muchos síntomas aparecen durante la perimenopausia y continúan en la postmenopausia”.
Y, tal como precisa la Dra. López, la menopausia puede conllevar también otros efectos que tienen menor prevalencia o que son menos conocidos. Estos son: problemas urinarios (urgencia, infecciones), dificultad cognitiva leve (pérdida de memoria y niebla mental), pérdida de cabello, migrañas en algunas mujeres, cambios en la piel y en la salud cardiovascular a largo plazo (mayor riesgo de enfermedad cardiovascular).
El hecho de que a unas mujeres les afecten más o menos los efectos de la menopausia, la Dra. López explica que se debe a que en ello “intervienen factores biológicos (edad de inicio, genética), factores sociales, ambientales y del estilo de vida (raza, obesidad, tabaquismo, alcohol, sedentarismo, estrés y otras comorbilidades)”.
Sobre si se pueden evitar los efectos no deseados, haciendo prevención desde mucho antes, la especialista de Clínica Corachan precisa que “en esta etapa lo más importante será reforzar las medidas de estilo de vida: dejar de fumar, puesto que el tabaco acelera la llegada de la menopausia y empeora varios riesgos; mantener la actividad física regular, priorizando el ejercicio de fuerza (protege huesos, corazón y estado de ánimo); seguir una dieta rica en calcio/proteínas y vitamina D, limitar alcohol y controlar el peso”. Igualmente -explica la Dra. López- “la terapia hormonal de la menopausia, bien indicada por un profesional especialista, puede prevenir la pérdida ósea y aliviar los síntomas”.

Los sofocos son uno de los síntomas más habituales de la menopausia / Freepik
Origen de los sofocos
El origen de los sufridos sofocos -explica la Dra.- “es una disfunción en el centro regulador de la temperatura en el hipotálamo relacionada con la caída de estrógenos. Investigaciones recientes señalan a un grupo neuronal llamado «KNDy» (kisspeptina-neuroquininaB-dinorfina), cuya desregulación por la falta de estrógenos reduce el umbral térmico. Este se vuelve hipersensible a los sensores periféricos del calor, desencadenando un efecto de disipación de calor mediante la vasodilatación en la piel, que se experimentará como sofocos y sudoración”. La Dra. añade que “pueden durar años y en una proporción significativa de mujeres pueden perdurar una década o más con ellos. Por tanto, la duración es variable y a veces prolongada. También hay que tener en cuenta que otros efectos pueden mantenerse en el tiempo si no se tratan o se previenen de forma adecuada, como, por ejemplo: la sequedad vaginal, la pérdida de densidad ósea o el riesgo cardiovascular”.
La terapia hormonal (estrógenos combinados con progesterona) -según explica la Dra. López- es la opción más eficaz para tratar los sofocos en mujeres sin contraindicaciones. Existen, además, tratamientos no hormonales para aquellos casos que no puedan realizar terapia hormonal: la fitoterapia (derivados de plantas) y los antagonistas del receptor NK3 (fezolinetant), que actúan sobre la vía KNDy. Cada opción tiene un perfil de eficacia y efectos adversos distintos. De ahí que la elección debe ser individualizada.
Osteoporosis
Para diagnosticar la osteoporosis se utiliza la densitometría ósea junto con la evaluación de factores de riesgo. El tratamiento incluye medidas generales (calcio y vitamina D adecuados, ejercicio de fuerza, evitar el tabaco y el exceso de alcohol) y fármacos específicos si el riesgo de fractura es elevado (bifosfonatos, denosumab, moduladores selectivos del receptor de estrógeno y terapia hormonal). “Lo más importante es la prevención y reducir el riesgo de fractura con los tratamientos adecuados”, puntualiza Laura López.
Recomendaciones para llevarlo mejor
Algunos consejos para que todos estos efectos se sobrelleven de la mejor manera, según la especialista de Clínica Corachan son:
- Dieta equilibrada rica en calcio, proteínas adecuadas y vitamina D.
- Actividad física regular: combinación de ejercicio aeróbico y ejercicios de fuerza/impacto para hueso y masa muscular.
- Mantener peso saludable; reducir alcohol y no fumar.
- Higiene del sueño y manejo del estrés
- Para la salud urogenital el uso de hidratantes
Actualmente, la investigación para tratar de paliar o evitar los efectos de la menopausia enfoca algunas dianas de estudio como los que señala la Dra. López:
- Vías neuronales KNDy / receptores NK3 (diana de los nuevos antagonistas como fezolinetant) para sofocos.
- Mejora y personalización de la terapia hormonal bioidéntica: optimizar formulaciones y vías de administración
- Fármacos óseos más seguros y con mejores perfiles a largo plazo, y estrategias para personalizar la prevención de fracturas.
- Intervenciones no farmacológicas conductuales para el sueño y el manejo del estrés.