El crecimiento no es lineal y eso es justo lo que está experimentando Chris Duarte, que no tuvo su día en la titánica victoria del … Unicaja en Valencia, contrastando con el nivel general del equipo y especialmente con el de los jugadores con los que comparte rol y demarcación en la cancha. Los mejores momentos del equipo en el partido fueron sin el astro dominicano, que no estuvo a la altura cuando otros sí que lo hicieron. En el último cuarto, momento en el que se cocían las habas e Ibon Navarro puso toda la carne en el asador para matar el partido, no disputó ni un minuto. No llegó a saltar a la pista.

Las particularidades de este grupo comandado por Ibon Navarro y de un estilo ya implementado y marcado han chocado, en cierto modo, con el del dominicano, un jugador de un talento superlativo, cosa que ya ha demostrado en más de una y de dos ocasiones en Málaga, pero menos contundente defensivamente que algunos de sus homólogos y menos acostumbrado a hacer un baloncesto rápido, que fue en lo que consistió el plan maestro de Ibon Navarro para asaltar el Roig Arena. En ocasiones sobrebota y ‘abusa’ de la posesión, ralentizando el juego del equipo. He ahí una de los motivos de su coyuntural y particular ‘bajón’ en Valencia.

Eso, y el excelso nivel que mostraron algunos de sus compañeros, siendo Chase Audige el más destacado de todos, que comandó el triunfo con 20 puntos, 18 créditos de valoración y una actuación defensiva de mucho nivel. Esa ha sido una de las características de este Unicaja de Ibon Navarro que estas campañas atrás se evidenciaron y que quizá en las últimas semanas se diluyó: cada semana puede aparecer un jugador diferente para ganar el partido. En este caso, el teórico suplente estuvo más fino y contundente que el titular, aunque a la hora de la verdad sean jugadores diferentes y con características distintas.

Así, su proceso de adaptación continúa con luces y sombras. En líneas generales, con más luces que sombras. Hay muchas expectativas puestas en él, más que en otros de los nuevos (por evidentes razones), y eso es algo con lo que tanto él como el entorno han de aprender a lidiar. Ese jugador con una facilidad impropia de crear ventajas y de firmar números extraordinarios trabaja ahora para encajar y servir a un equipo coral donde el impacto de cada pieza va más allá de lo puramente medible y donde, como el entrenador ha verbalizado en más de una ocasión, nadie es más que nadie y el equipo no es un instrumento para que nadie brille.