La reconciliación entre Gustavo Petro y Donald Trump le ha dado un nuevo aire al combate que mantiene Colombia contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Armando Benedetti, mano derecha de Petro y ministro del Interior, aseguró que los presidentes acordaron el miércoles durante su conversación telefónica llevar a cabo “acciones conjuntas” contra esta guerrilla y coinciden en que “hay que darle duro”. El grupo armado, fundado en los sesenta, ha atraído la atención de Estados Unidos al ser uno de los jugadores del narcotráfico más poderosos en Colombia. Su fuerza militar, económica y territorial ha crecido en los últimos años tras el fracaso de las negociaciones de paz. Ahora, el Gobierno busca, con el respaldo de Washington y también de Venezuela, retomar la ofensiva.

La llamada que mantuvieron Petro y Trump marca un giro en la relación que mantenían ambos mandatarios. La Casa Blanca, que acusaba al colombiano de ser un jefe del narcotráfico, será clave en la renovada lucha del Ejército Nacional contra el ELN, de acuerdo con lo revelado por los funcionarios del Gobierno. Aunque ninguno de los dos países ha dado más detalles sobre cómo se traducirá sobre el terreno esta cooperación, algunos analistas consideran que existe la posibilidad de que comience una estrategia tripartita para asfixiar al grupo armado, tan afincado en la zona más oriental de Colombia y en territorio venezolano.

Petro, que en los últimos meses ha endurecido su discurso de mano dura contra los grupos criminales, recalcó este viernes que “el narco debe ser desarmado”. “América Latina debe defenderse de cualquier actor que la desestabilice y eso implica la unidad de sus pueblos, de sus armas y de sus estados”, exhortó en una publicación de X, en la que también le pidió a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez —que invitó a Bogotá—, para que actúen “juntos en este objetivo”.

Jorge Mantilla, investigador especializado en el conflicto armado, asegura que con los anuncios del Gobierno se abre una “ventana muy grande de oportunidades” para que se pueda avanzar en la ofensiva contra el ELN, muy mermada por la fortaleza que ha ganado el grupo criminal recientemente. “Es una guerrilla mucho más robusta militar y económicamente. También ha desarrollado su capacidad tecnológica, a través de artefactos como drones o sensores térmicos. Hay que entender que el ELN ya no es solo ese del AK-47 ni de uniforme armado, sino que cuenta con un importante frente urbano”, explica el experto en una conversación telefónica.

El ELN fue responsable en el último año de graves ataques en todo el país. El grupo inició el 2025 con una cruenta guerra en el Catatumbo con las disidencias de las FARC en la que fueron asesinadas al menos 80 personas y otras 85.000 fueron desplazadas. También se le acusa de haber llevado a cabo atentados en varios departamentos como Arauca, Valle del Cauca, Cesar o Norte de Santander. En diciembre, el grupo ordenó un paro armado nacional, del que la Defensoría del Pueblo dijo que violó el derecho internacional humanitario.

Pese a la fortaleza que han conseguido los guerrilleros, el investigador Mantilla asume que los cabecillas son conscientes de que una cooperación con Estados Unidos y Venezuela los puede asfixiar: “Es por eso que se han expandido al Vichada y al Amazonas, cerca de la frontera con Brasil: están haciendo una suerte de salida geográfica para oxigenarse”. Para el investigador, el “peor escenario” para la guerrilla es que haya una transición rápida en Venezuela que avance en la eliminación de los grupos armados.

Pero no hay señales claras de que esto ocurra. El ELN lleva asentado desde hace años en Venezuela, construyendo nexos con la administración local y con fuerzas militares, al tiempo que actúa como una autoridad de facto en varios territorios, de acuerdo a varias investigaciones. Eso hace más difícil que el chavismo, que se mantiene en el poder tras la caída de Nicolás Maduro, facilite su desmantelamiento.

Jeremy McDermott, codirector del think tank Insight Crime, asegura que fuentes sobre el terreno no le indican “ningún cambio” significativo de la operación del ELN en Venezuela, con la excepción de que durante diciembre la guerrilla trasladó algunas tropas a Colombia “posiblemente por temores a ataques con misiles”. El experto propone tres escenarios: uno, en el que no hay cambios en la relación entre el régimen y el ELN; otro, que, bajo presión estadounidense, el chavismo “deba tomar medidas” contra el grupo, aunque estas sean superficiales. Para McDermott, el tercer escenario, el que cree más improbable, es que el Gobierno venezolano tome medidas significativas para “atacar y expulsar” a la guerrilla de su territorio.

Todo indica que los grupos criminales se sienten amenazados por Estados Unidos. En un video publicado este viernes, Iván Mordisco, el jefe de las disidencias de las FARC, propuso a otras organizaciones armadas, incluido el ELN, que conformasen una alianza criminal para responder a la “agresión imperialista” de Washington en Venezuela. Petro respondió que este tipo de llamados son “la excusa de la invasión”, mientras que el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, calificó el pedido de Mordisco como un “llamado de auxilio” ante la presión militar.

Los expertos coinciden en que, pase lo que pase con las operaciones conjuntas con Washington, los diálogos de paz con esta guerrilla están “muertos”. Petro llegó al Gobierno ondeando la bandera de la paz total, una estrategia que buscaba conseguir de manera paralela la paz con varios grupos armados y que ha mostrado grandes fisuras con cada año que pasa. A poco más de un semestre para acabar su mandato, el presidente descarta, al menos en el futuro inmediato, volver a sentarse con el ELN.

Mantilla señala que el enfrentamiento “no es aleatorio” para ninguna de las partes. “Petro tiene como prioridad desescalar sus relaciones personales con Estados Unidos para garantizar que no tenga consecuencias judiciales o financieras cuando sea expresidente y también quiere que [el candidato Iván] Cepeda tenga todo a su favor. Mientras, el ELN ha acumulado un gran poder político en los últimos cuatro años, probablemente más que en los 20 anteriores y, ahora en época electoral, más se quieren hacer notar”, apunta.