Se dice pronto, pero El Canto del Loco dio su último concierto como banda hace más de tres lustros. Fue uno de los grupos que mejor ejerció como bisagra entre el rock de los años noventa y el pop de principios de siglo: nació en 1994, en 2000 lanzan su primer álbum de estudio (producido por Alejo Stivel) y el resto es historia. Tocaron el cielo con Zapatillas, en 2006, y durante cuatro años no hicieron sino crear himnos generacionales. Cuando se disolvió en 2010 ya eran inmortales en la industria. Fue entonces cuando la fragmentación dio pie a brillantes carreras individuales, como la del propio Dani Martín o la de su primo, David Otero.
Aunque este último inició su trayectoria como solista bajo el nombre de ‘El Pescao’, siete años más tarde retomó su propio nombre para rubricar las canciones que publicaba. Y triunfó. Dio giras a lo largo del planeta y conciertos por toda la geografía española; la gente aclamaba sus canciones y pedía, además, alguna de El Canto. Y él hacía lo primero, pero lo segundo, explicación mediante, no. Ha sido ahora, con motivo del estreno de su última maqueta, cuando ha explicado la razón detrás de este silencio musical.
“No sin miedos, sino a pesar de ellos”
“Bueno, hace unos días colgué la maqueta de lo que en su día fue Peter Pan. Ha tenido mogollón de visualizaciones, la ha visto mucha gente, un montón de comentarios, etcétera», ha iniciado el cantante un vídeo compartido a través de TikTok, dejando caer que tenía intención de compartir “una pequeña reflexión que tiene que durar menos de tres minutos porque si no Instagram me lo corta”. Y a ello que ha ido. Según explica, los que han ido a sus conciertos lo saben, pero “hay gente que no y me gustaría contárselo”: “Estuve aproximadamente unos ocho o nueve años sin atreverme a cantar delante de la gente canciones que había hecho con El Canto del Loco”.
Tal y como relata, “esto fue por muchos motivos”. La primera de las razones, “y más importante”, porque “tenía mucho miedo y porque toda la comparación que había en mi cabeza de lo que había pasado y lo que me estaba pasando era tan heavy que yo creo que me bloqueaba y me provocaba pánico”. Tenía que empezar una carrera como solista y sentía miedo por no ser capaz de desprenderse de la etiqueta que le había catapultado al éxito.
Durante casi diez años no me atreví a cantar algunas canciones. No por falta de amor, sino por miedo. En este vídeo explico por qué y cómo ese miedo, con el tiempo y con ayuda, acabó convirtiéndose en otra cosa. Gracias por escuchar.
“Y no solo eso”, añade, remarcando que, además, temía que “la gente no entendiese que yo quisiera tocas esas canciones, sobre todo las que yo había traído a este mundo y luego terminamos entre todos”. Aquello, insiste, le daba verdadero pavor. “Eso fue una pequeña parte y por muchas cosas más”, comenta, dimensionando el bloqueo mental que sentía. Quería superarlo y no sabía cómo, así que buscó la ayuda de un experto. “Empecé a trabajar con un profesional como la copa de un pino y empezamos a desenredar todos esos miedos y por qué venían; llegamos a la conclusión muy bonita de que lo más importante que podía hacer como artista era sacar lo que hacía en la intimidad cuando estaba yo solo en mi casa y mostrarlo a la gente a pesar de los miedos”, explica, a corazón abierto.
Esto último es importante. “No te iba a decir sin miedo, sino a pesar de los miedos; ese yo creo que es mi camino, mi ikigai”, menciona, empleando un término japonés que viene a traducirse como “razón de ser”. “Me atreví y todo aquel miedo y esos abucheos que tenía yo en mi cabeza se convirtieron en amor, en aplausos y en gente que entendía lo que hacía y que además le gustaba”, sonríe.
Si ahora comparte esta reflexión es porque “está guay contarlo y hablar de lo que a veces a uno le duele y no sabe cómo asimilar, pero que trabajándolo y con la mente abierta se puede transmutar y cambiar”. Lo sabe bien Otero, aunque le hubiera resultado imposible imaginarlo hace 16 años.
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