Nueva oferta: Suscríbete a Historia National Geographic durante todo 2026 y 2027 por solo 0,99€/mes. ¡-76% de descuento!

¡Novedad! Consigue la nueva edición especial de Historia NG: Grandes Episodios de la Edad Media.

La película ‘Invictus’ (2009), de Clint Eastwood, ha sido celebrada como una obra inspiradora sobre el liderazgo, el deporte y la reconciliación nacional. El filme está basado en el libro de John Carlin publicado en 2008 y titulado ‘El factor humano’, pero como ocurre con muchas cintas basadas en obras literarias que abordan hechos reales, su eficacia emocional se apoya en una reescritura selectiva del pasado. En esta ocasión, Eastwood opta por condensar una serie de procesos políticos complejos que, en la Sudáfrica de mediados de los años 90, estaban lejos de resolverse.

MANDELA COMO IMPULSOR DEL RUGBY FRENTE AL RECHAZO DE LA POBLACIÓN NEGRA

La trama principal de la película sigue a Nelson Mandela, quien tras salir de prisión y convertirse en presidente de Sudáfrica, abolió el apartheid. Para tratar de reconciliar a la población negra y blanca del país, el líder político instrumentaliza la participación de la selección nacional sudafricana de rugby, mayoritariamente integrada por blancos, durante la celebración de la Copa Mundial de 1995, haciendo que su éxito sirva para estrechar lazos entre diferentes sectores sociales. El filme presenta esta decisión como una cruzada personal y solitaria del presidente Mandela, quien confió en las posibilidades de su plan pese al rechazo inicial de la población negra, que identificaba a los Springboks con el apartheid.

Artículo recomendado

cofre romano1

Hallazgo único en Broadway: Aparece un ‘botiquín’ romano tallado en hueso

Leer artículo

Sin embargo, ya desde la década de los 80, en el seno del Congreso Nacional Africano (ANC), partido político al que pertenecía Mandela, ya se habían debatido y propuesto la utilización del rugby como una herramienta política para conseguir la reconciliación nacional. Mandela lideró este enfoque unificador, pero siempre apoyado por asesores y dirigentes de su partido político que venían trabajando en esta cuestión desde años atrás. Además, la película se empeña en mostrar el distanciamiento de la población negra con este deporte, cuando en realidad existían ligas de rugby semiprofesionales compuestas íntegramente por personas negras, aunque se encontraban segregadas a causa de las estructuras racistas.

RELACIÓN ENTRE MANDELA Y PIENAAR

En la película, Eastwood quiso profundizar en la relación entre el presidente sudafricano, Nelson Mandela, y el capitán y figura de la selección nacional de rugby, François Pienaar, convirtiéndola en uno de los ejes emocionales de la cinta. A lo largo del filme, ambos inician una amistad duradera que se va fraguando poco a poco durante diferentes contactos, despertando la fascinación de Pienaar por la figura del líder político, quien finalmente se convierte en algo parecido a un mentor.

En realidad, aunque ambos sí mantuvieron una relación institucional cordial, no disfrutaron de una profunda amistad, ni tuvieron contacto entre ellos más allá de los actos oficiales como recepciones gubernamentales del equipo nacional de rugby o la entrega de la Copa Webb Ellis tras la consecución del torneo, que estuvieron organizados de manera estratégica por el gabinete del presidente. La idea de que ambos se convirtieron en amigos y confidentes es una licencia dramática para reforzar la idea del capitán blanco que sufre una transformación vital gracias al líder negro.

LA CONSECUCIÓN DEL MUNDIAL COMO PUNTO DE INFLEXIÓN HACIA LA RECONCILIACIÓN

La película da a entender que la victoria de los Springboks en la final de la Copa del Mundo de rugby de 1995 sirvió como catalizador para superar definitivamente las tensiones raciales que habían sumido en una importante crisis identitaria a Sudáfrica durante los años del apartheid. Y aunque efectivamente la victoria fue celebrada como un símbolo de unidad, su poder fue más momentáneo que permanente y las tensiones raciales continuaron tras la finalización del torneo, dando lugar a una serie de manifestaciones nacionales de euforia colectiva más que a un cambio social real, de modo que los verdaderos problemas estructurales del país quedaron sin solucionarse tras el campeonato.