El mapa del universo observable presentado por el telescopio SPHEREx desvela galaxias lejanas, polvo y agua cósmica

Durante décadas, los “mapas del cielo completo” han sido la brújula de la cosmología. Misiones como IRAS, WISE o Planck mostraron polvo, estrellas y la huella fósil del Big Bang. Ahora, NASA estrena SPHEREx, un observatorio que no busca una imagen icónica, sino una cartografía coherente del cosmos para que los demás telescopios apunten mejor. La idea no es nueva, pero la herramienta sí: más resolución espectral y más cobertura.

Hace unas semanas, NASA enseñó la primera gran imagen de SPHEREx, un telescopio en órbita polar que observa el cielo en luz infrarroja. Las imágenes, bellas y extrañas por su color falso, solo son la puerta de entrada. El plan es medir la distribución de galaxias y de materia para entender cómo creció el universo tras el Big Bang y cómo los ingredientes de la vida se reparten por la Vía Láctea.

Así crea SPHEREx el mapa del universo observable

SPHEREx despegó en marzo de 2025 y dedicará dos años a escanear una y otra vez la bóveda celeste. El equipo aspira a catalogar más de 450 millones de galaxias y más de 100 millones de estrellas de la Vía Láctea. Ese volumen de datos permitirá someter a prueba hipótesis sobre la “inflación cósmica”, la rapidísima expansión que habría ocurrido instantes después del origen del universo. La inflación dejó diminutas «arrugas» en la materia. Con un mapa tridimensional de cómo se agrupan las galaxias, los astrónomos podrán comparar modelos y descartar los que no encajen.

SPHEREx da unas 14 vueltas y media a la Tierra al día y toma miles de imágenes a lo largo de una franja estrecha de cielo. La franja se desplaza cada jornada por el movimiento de la Tierra alrededor del Sol. En unos seis meses, el satélite ha cubierto el cielo completo y vuelve a empezar.

Su potencia reside en cómo ve la luz. SPHEREx observa 102 longitudes de onda en el infrarrojo, muy por debajo del rango visible. En ese territorio aparecen nubes frías de polvo, galaxias lejanas y firmas químicas atrapadas en granos de hielo interestelar. Es, en esencia, un espectrofotómetro, un instrumento que separa la luz por colores para identificar qué átomos hay en cada punto. Cada color añade una pista.

Los espectrógrafos en la Tierra se deben mantener increíblemente fríos, pero SPHEREx usa una solución más ingeniosa: en lugar de líquidos criogénicos o maquinaria pesada, dispone de escudos reflectantes, diseñados para bloquear el calor del Sol y de la Tierra, que mantienen los detectores a la temperatura adecuada.

Para qué sirve SPHEREx

SPHEREx no compite con el telescopio espacial James Webb. Webb ofrece primeros planos de objetivos concretos y un poder espectral enorme, aunque en zonas minúsculas del cielo. SPHEREx, en cambio, construye la imagen de fondo, el gran mapa en el que encajan todas esas postales. Son complementarios.

Otra meta es sorprendentemente cercana: el agua y las moléculas orgánicas. Sabemos que las nubes de polvo y hielo entre estrellas guardan compuestos ricos en carbono y nitrógeno. Con SPHEREx se podrá medir cómo se distribuyen por la galaxia y cómo terminan en discos protoplanetarios que forman mundos. Es seguir la pista de los ingredientes hasta las cocinas galácticas donde nacen los planetas.

Por ahora, las imágenes presentadas son una primera muestra. Se han coloreado para traducir al visible lo que el ojo no capta, así que resultan teatrales. No hay conclusiones científicas cerradas aún, y es normal. Filtrar, calibrar y cruzar tantos datos exige tiempo y potencia de cálculo. Lo importante es que, con cada barrido, el mapa ganará sensibilidad y detalle.

La luz que partió de galaxias lejanas hace millones o miles de millones de años termina atrapada por un satélite pequeño que da vueltas sobre nosotros. Con señales tenues, reconstruimos la historia de todo.

REFERENCIA

NASA’s SPHEREx Observatory Completes First Cosmic Map Like No Other