Tras la divertida visita de Chris Pratt, que desveló si habrá más películas de ‘Guardianes de la Galaxia’, Pablo Motos ha dado la bienvenida al plató de ‘El Hormiguero’ a Joaquín Reyes, que con su particular sentido del humor y un baile durante su entrada a plató que ha entusiasmado al presentador valenciano, ha compartido cuáles son sus nuevos proyectos.
El cómico de Albacete ha presentado su nueva obra de teatro, ‘La verdad’, del dramaturgo francés Florian Zeller y que estrena el 15 de enero en el teatro Infanta Isabel de Madrid. A través de ella, según ha detallado, «se plantea la verdad» y cómo «la mentira funciona como lubricante social».
En concreto, su personaje «es muy trolero» y sabe desenvolverse muy bien en la mentira. Sin embargo, durante la función, «pasa a ser el objeto de la mentira y lo lleva fatal porque a los mentirosos no les gusta que les mientan», ha explicado el actor, que comparte escena con Alicia Rubio, Raúl Jiménez y Natalie Pinot.
En relación con contar mentiras, Reyes ha admitido que no tiene malicia, aunque todas las personas acaban mintiendo: «Las mentiras no son todas iguales, muchas veces mentimos por no hacer daño. La verdad se ha de decir con cierta ternura».
Asimismo, ha abordado el asunto de las infidelidades, pues su personaje es infiel con la mujer de su mejor amigo. Preguntado por el presentador del programa de Antena 3, el intérprete ha manifestado que si se comente una infidelidad, es mejor no decirlo. «Si es una, no una detrás de otra, yo preferiría no enterarme. Hay que entender el contexto. Si es una cosa puntual, que no lo tenía agendado, prefiero no enterarme».
Por otro lado, el que ha sido uno de los principales impulsores del humor surrealista en España, se ha atrevido a contar la mayor mentira que ha contado a lo largo de su vida y que sucedió en un entorno laboral. «A veces escribo artículos y una vez me pillaron enviando uno que ya había enviado», ha comenzado.
«Me pilló el toro, era período estival, era un artículo de hace cinco años. El señor director me llama, me dijo: ‘Esto lo has enviado a otro sitio’. Y yo de repente me deshice. Empecé a preparar un montón de trolas y le dio tanto pudor a esa persona que dijo: ‘Da igual, ya pasó’. No me despidió, no en esa ocasión, pero se resolvió más o menos bien», ha relatado.
Asimismo, ha recordado una de las situaciones más cómicas que le han sucedido en la vida junto a Ernesto Sevilla, cuando a ambos les solicitaron, desde el Instituto Cervantes, actuar en Tokio. «Fuimos a actuar para los estudiantes de español del último curso», ha apuntado.
«Nos pidieron el monólogo con mucha antelación. Nosotros actuamos y cantábamos la canción de ‘El hijo de puto hay que decirlo más», del programa ‘La hora chanante’. Tanto a él como a Ernesto, les pareció «bonito» cantarlo en japonés, por ello se dirigieron a un traductor para aprender cómo se decía el insulto en japonés. Sin embargo, lo que en su cabeza era una buena idea, no resultó como tal.
«Nos pidieron que no la dijéramos. Nos dimos cuenta que los japoneses no dicen apenas tacos y que el humor es muy diferente. Cuando terminamos el monólogo se acercó una estudiante y dijo: ‘He entendido cero patatero», ha finalizado.
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