Durante un tiempo, la separación de Kiko Rivera (41) e Irene Rosales (34) pareció instalarse en ese territorio poco frecuente donde el desgaste no deriva en guerra abierta. Tras confirmar su ruptura después del verano, ambos insistían en una narrativa de cordialidad: meses de crisis, intentos sinceros por salvar la relación y, finalmente, la decisión adulta de tomar caminos separados. El bienestar de sus dos hijas, repetían, estaba por encima de todo. Una frase tantas veces dicha que, a menudo, esconde lo contrario.

Esa tregua emocional acaba de saltar por los aires. Según ha podido saber «Lecturas», una reciente discusión telefónica entre la expareja ha revelado hasta qué punto el equilibrio era más frágil de lo que parecía. El detonante: una petición de Kiko para que Irene firmara un consentimiento que permitiría a su actual pareja, Lola García, recoger a las niñas del colegio. Un trámite, en apariencia. Un símbolo, en realidad.

Acciones legales

La reacción de Irene fue inmediata. Desconcertada, hizo varias preguntas a las que Kiko no supo -o no quiso- responder con claridad. Su negativa fue rotunda. No estaba dispuesta a que una desconocida, por muy integrada que estuviera en la vida del padre de sus hijas, asumiera una función tan delicada. La conversación fue subiendo de tono hasta que Irene decidió cortar en seco. Antes, incluso, dejó caer la posibilidad de emprender acciones legales.

Kiko Rivera y Lola GarcíaKiko Rivera y Lola GarcíaGtres

El conflicto no puede entenderse sin el nuevo tablero sentimental. Kiko Rivera inició su relación con Lola García poco después de la separación. Lo hizo sin esconderse, compartiendo imágenes, declaraciones y gestos públicos de entusiasmo. Bailarina, carismática y ajena al pasado familiar del DJ, Lola se ha convertido en una presencia constante en su nueva vida. Una irrupción que, inevitablemente, ha alterado la dinámica con su exmujer.

Irene, por su parte, también ha rehecho su vida. Desde hace meses mantiene una relación con Guillermo, un joven atractivo con el que ha viajado, compartido rutinas y, según su entorno, presentado ya a la familia. Feliz y segura, no oculta su enamoramiento en redes. Pero una cosa es avanzar y otra muy distinta es ceder espacios que todavía duelen.

Irene Rosales y GuillermoIrene Rosales y GuillermoInstagram

La historia de Kiko e Irene demuestra que las separaciones no terminan cuando se anuncia el adiós, sino cuando se redefinen los límites. Y en ese proceso, cada firma, cada gesto y cada nombre nuevo puede convertirse en un campo de batalla.