Vivir en un piso pequeño obliga, casi sin darnos cuenta, a repensar cada decisión decorativa. El salón deja de ser solo una estancia para recibir o descansar y se convierte en un espacio multifunción donde todo cuenta: la luz, el color, la distribución y hasta el tamaño de una mesa auxiliar. Y aunque cada casa es un mundo, hay algo que se repite cuando un salón pequeño funciona de verdad: transmite calma, orden visual y sensación de amplitud, incluso aunque los metros sean limitados.

En los últimos años, muchos interioristas han coincidido en alejarse de soluciones recargadas o excesivamente protagonistas para apostar por ambientes más serenos, pensados para vivirlos a largo plazo. Ya no se trata de «decorar para la foto», sino de crear espacios cómodos, luminosos y coherentes, donde el ojo descanse y el cuerpo también. En salones pequeños, esta filosofía se vuelve todavía más importante.

Al analizar distintos proyectos y discursos profesionales, hay una idea que se repite con claridad. Cuatro interioristas – Pia Capdevila, Sigrid Zúñiga, Meritxell Ribé y Alberto Torres – con estilos distintos, pero una mirada muy afinada, coinciden en cómo debería ser el salón ideal cuando los metros escasean. Y todos parten del mismo punto: una base neutra, relajada y bien pensada.

Iker Jiménez

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El secreto de la felicidad según Iker Jiménez
La base común: tonos neutros para ganar luz, calma y amplitudCuadro en salón 00533317_ALT_00001648 El Mueble

Antes de entrar en matices personales, hay un consenso claro entre los cuatro interioristas: los colores neutros son la base imprescindible de un salón pequeño bien resuelto. Blancos, beiges, crudos, tostados suaves, grises claros o tonos inspirados en la naturaleza ayudan a unificar visualmente el espacio, reflejar mejor la luz y evitar cortes innecesarios.

Esta paleta cromática serena no implica renunciar al carácter. Al contrario: permite que el salón respire y que los acentos (ya sean textiles, piezas de diseño o pequeños contrastes oscuros) destaquen sin saturar. En pisos pequeños, los tonos neutros funcionan como un lienzo continuo que amplía visualmente el espacio y crea una sensación de orden casi inmediata.

Además, esta elección cromática suele ir acompañada de materiales naturales, texturas agradables y una iluminación bien estudiada. El objetivo no es solo que el salón parezca más grande, sino que se sienta más habitable, más equilibrado y más fácil de vivir en el día a día.

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Pía Capdevila: neutros que unifican y amplían

Para Pia Capdevila, una de las claves fundamentales para agrandar visualmente un salón es clara: «Una de las claves para agrandar un salón es decorarlo con colores neutros en paredes, techos y mobiliario. Unifican, amplían e iluminan». En sus proyectos, blancos, crudos, beiges y tostados se combinan para crear espacios coherentes y luminosos, donde nada compite entre sí.

En salones pequeños, además, cuida especialmente el centro del espacio. Para no restar metros útiles, apuesta por mesas auxiliares ligeras, como «unas mesitas redondas y metálicas tipo nido que pueden juntarse o separarse, según necesidad». El color, explica, llega después, a través de los complementos: «cojines, plaids, cortinas…», elementos fáciles de cambiar que aportan dinamismo sin comprometer la amplitud.

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Sigrid Zúñiga: paletas naturales con carácter contenido

Sigrid Zúñiga también parte de una base neutra, pero pone el acento en las texturas. Su fórmula combina «paleta neutra con texturas naturales. Blancos, beiges, maderas claras, fibras… y algún contraste negro o metálico para dar carácter sin recargar».

En su enfoque, los tonos neutros no son solo una elección estética, sino una forma de vivir el espacio con intención. La clave está en introducir pequeños acentos oscuros o metálicos que aporten profundidad sin romper la serenidad del conjunto. El resultado son salones equilibrados, actuales y muy funcionales, donde cada elemento tiene un porqué.

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Meritxell Ribé: serenidad como punto de partida

Para Meritxell Ribé, el color influye de manera decisiva en cómo se percibe un salón pequeño. «Me gusta darle una base neutra y serena», explica. Parte siempre de techos blancos y paredes claras o de colores suaves que recuerden a la naturaleza en los muebles principales.

Eso sí, su neutralidad no es plana. La interiorista aclara que huye «de los beiges y los acabados brillantes», pero se siente especialmente cómoda con «los tostados, verdosos, azulados, grisáceos…». El dinamismo llega después, a través de “cojines alegres, lámparas y objetos de diseño”, que aportan personalidad sin alterar la armonía general del espacio.

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Alberto Torres: luz, continuidad y pequeños gestos

Alberto Torres pone el foco en la relación directa entre color y luz. En pisos pequeños, insiste en que «el color y la luz son aliados imprescindibles cuando los metros escasean». Por eso recomienda usar colores claros y uniformes en paredes y suelos para crear continuidad visual.

Además, apuesta por recursos sencillos pero muy efectivos, como colocar espejos frente a las ventanas para duplicar la luz natural. “Son pequeños gestos que cambian la sensación del espacio”, asegura. Completa la propuesta con cortinas vaporosas de techo a suelo, que elevan visualmente la altura, y alfombras grandes que ayudan a unificar todo el salón.

Con él, ya son cuatro miradas distintas, pero un mismo punto de partida. En pisos pequeños, el salón ideal no grita: susurra calma, coherencia y luz. Y casi siempre empieza con una paleta neutra bien elegida.