Si fuesen ficción en vez de una realidad incómoda, las pretensiones de EE UU hacia Groenlandia darían para escribir una comedia política con grandes dosis de vergüenza ajena, en plan In the Loop. Pero, por desgracia, son reales, y las posibles consecuencias de este encontronazo entre la superpotencia, el gobierno groenlandés y Dinamarca (las cuales también afectan a la OTAN y la Unión Europea) arrastran consigo un alarmante ruido de sables. 

Colonia danesa hasta 1953, y región autónoma a partir de un referéndum celebrado en 1979 (más una ampliación de competencias en 2008), la situación política de Groenlandia es compleja cuanto menos, algo que ya ha tenido su reflejo en la ficción. Y no en una ficción cualquiera, sino en una de las series nórdicas más aclamadas del siglo XXI, disponible en Netflix y protagonizada por la espléndida Sidse Babett Knudsen. 

¿Qué serie habló sobre Groenlandia en 2022?

La serie en cuestión es Borgen, un show nacido en 2010 que arrasó en todo el mundo narrando el ascenso de Birgitte Nyborg (Knudsen) dentro del aparato político danés. De simple diputada, la protagonista pasa al cargo de primer ministro, que perderá para después aferrarse a una nueva candidatura y, finalmente, al cargo de ministra de Asuntos Exteriores. 

Durante su andadura, Nyborg experimenta las presiones de su vida personal, divorcio incluido, y también la necesidad de perder sus escrúpulos a fin de conservar el sillón entre conflictos de intereses y asechanzas de sus rivales. Aunque, según el showrunner Adam Price, en ella siempre late una chispa de idealismo. 

Una chispa que, a la altura de la cuarta temporada del show, estaba ya casi extinguida. Con el subtítulo de Reino, poder y gloria, estos ocho episodios llegaron en 2022, casi una década después del fin de la anterior etapa en 2013, y funcionaban como epílogo abordando una cuestión que entonces ya era espinosa: la soberanía de Groenlandia y la explotación de sus recursos naturales. 

Las tensiones entre Dinamarca y EE UU según ‘Borgen’

Tras regresar a la política y aceptar la cartera de Exteriores en un gobierno de coalición, Brigitte Nyborg se enfrenta en Reino, poder y gloria a una noticia que pone su ministerio patas arriba: el descubrimiento de un yacimiento petrolífero en la isla del Ártico. Algo que da alas tanto a los nacionalistas groenlandeses como a las potencias extranjeras, empezando por Rusia y China… pero también EE UU.

Aunque las políticas de Dinamarca (que siguen el Acuerdo de París sobre el cambio climático) rechazan las prospecciones petroleras en Groenlandia, Borgen presenta a un gobierno tentado por los beneficios que podría obtener. Unos beneficios que atraen a un oligarca ruso incómodamente próximo a Vladimir Putin y a Xi Jinping, y que posee parte de la empresa que gestiona las explotaciones. 

Asimismo, el show nos recuerda que Groenlandia tiene su propio gobierno (llamado Naalakkersuisut), aunque se rija por la constitución danesa y su política exterior dependa de la antigua metrópoli. En la ficción, dicho gobierno aprovecha el nuevo yacimiento para exigir concesiones a Dinamarca, apoyándose en el valor de la isla para EE UU.

Durante la II Guerra Mundial, la superpotencia atlántica construyó bases militares en Groenlandia. En 1949, tras su entrada en la OTAN, el gobierno de Dinamarca aceptó mantener en la isla varias de estas instalaciones, entre ellas la base aérea de Pituffik (antes llamada Thule), un lugar clave en la estrategia nuclear de EE UU contra la Unión Soviética. Debido a esto, Groenlandia se convertía de facto en un portaaviones insumergible para la USAF. 

La presencia de armas atómicas en Pituffik, así como el hecho de que la base se construyera en territorios expropiados a los nativos, son temas candentes en la política danesa. Entre otras cosas porque, como recuerda en Borgen un ministro groenlandés (interpretado por Svend Hardenberg), Dinamarca se ha apoyado en estas concesiones para mantener su buena relación con EE UU. 

En 2022, la idea de un conflicto internacional en Groenlandia era una hipótesis inquietante, pero lejana, y que un presidente de EE UU  amenazase con tomar la isla resultaba inconcebible. Sin embargo, la última temporada de Borgen supo intuir el posible enfrentamiento… aunque no anticipó que este pudiese demoler instituciones cuya continuidad dábamos por sentadas. En su empeño por resultar verosímil, parece ser, Adam Price no calculó la llegada de un espécimen como Trump: cómo culparle.