«No tengo miedo al fuego eterno». Con una frase extraída de su propia canción, Amaia Montero ha lanzado lo que a todas luces parece ser una contundente declaración de intenciones. Su mensaje en Instagram llega en un momento crucial: justo cuando las dudas sobre su estado de forma arrecian y a las puertas de una gira por España que marcará su regreso definitivo a los escenarios con La Oreja de Van Gogh.
De hecho, esta sutil pero firme respuesta tiene un origen muy concreto. El caldo de cultivo ha sido un vídeo de un ensayo publicado por el propio grupo en el que interpretaban el icónico «Muñeca de trapo». Lo que pretendía ser un aperitivo para los fans antes de los conciertos se convirtió rápidamente en un encendido debate en redes sobre la calidad vocal de la artista donostiarra.
Asimismo, este episodio no es un hecho aislado. Se suma a la polémica que ya rodeó al grupo en Nochevieja, cuando la presentación de un nuevo tema y el atuendo de la cantante provocaron una avalancha de comentarios. Desde que se anunció su reincorporación el pasado octubre en sustitución de Leire Martínez —considerada por muchos una vuelta muy esperada—, cada paso de la artista es analizado con lupa.
La prueba de fuego sobre los escenarios
En esta ocasión, las críticas se han centrado exclusivamente en el aspecto musical. La conversación que inundó las plataformas digitales giraba en torno a la capacidad de la cantante para afrontar las exigencias de una gira en directo. Cientos de usuarios cuestionaron su afinación y la potencia de su voz en el vídeo, sembrando la incertidumbre a pocas semanas del inicio del tour.
Por todo ello, el pistoletazo de salida de la gira, fijado para el próximo 9 de mayo en Bilbao, adquiere ahora una nueva dimensión. Ya no se trata solo de un concierto, sino de una verdadera prueba de fuego. Será sobre las tablas donde la banda, y especialmente su recuperada vocalista, tendrán la oportunidad de disipar las dudas y demostrar que la magia de su formación original sigue intacta.