Carlos Alcaraz es un tenista polifacético. Todo lo que hace le sale bien. El número uno mundial se ha probado este jueves como botones del hotel Crown Towers de Melbourne, que es su lujosa residencia en la capital de Victoria. Alcaraz se disfrazó para la ocasión. Incluso se probó con un bigote que luego descartó.
A pesar de su indumentaria, la misma de todos los trabajadores del complejo, todo el mundo reconoce hoy en día a Alcaraz. Primero coincidió en el ascensor con el canadiense Felix Auger-Aliassime.
Carlitos se puso rápidamente en el papel: «Si necesitas cualquier cosa en la habitación, avísame, por favor«, le decía a Aliassime, con el que había entrenado el pasado lunes en la Rod Laver Arena.
Después, ya en la puerta principal del hotel, ayudó a sacar las maletas a tres jóvenes que alucinaron con el hecho de que el mejor tenista del planeta les ayudara con el equipaje.
Fue reconocido desde el primer momento y acabaron por pedirle una foto en la recepción.