María Corina Machado y Donald Trump se reunieron durante más de una hora este jueves en la Casa Blanca en un encuentro privado y deliberadamente discreto, concebido como una reunión de trabajo al margen de los focos mediáticos. Según fuentes conocedoras de … la cita, la conversación fue muy cordial y se desarrolló en el comedor privado que el presidente estadounidense utiliza habitualmente para su trabajo diario, un espacio reservado para encuentros políticos de máxima confianza y alejado de los protocolos y formalismos de una visita oficial o de Estado. Al salir del encuentro, y rodeada de un grupo de seguidores, María Corina Machado declaró sonriente: «Contamos con el presidente Trump para la liberación de Venezuela».
Durante la reunión, Trump invitó a participar en distintos momentos al secretario de Estado, Marco Rubio, y al enviado especial Richard Grenell. Las mismas fuentes interpretan ese gesto como una señal política relevante sobre el enfoque que la Administración quiere dar al expediente venezolano, en un intento del presidente de ordenar posiciones internas y reducir fricciones dentro de su equipo. La presencia de Rubio refuerza el peso institucional del encuentro, mientras que la de Grenell introduce una lectura adicional, marcada por la controversia que ha rodeado su papel en los últimos meses y por sus contactos previos con el entorno chavista.
Grenell, antiguo embajador en Alemania y exdirector interino de Inteligencia Nacional, ha sido una figura influyente en los debates sobre Venezuela. Pero también ha generado recelos en sectores de la oposición venezolana por sus gestiones exploratorias con actores del régimen en etapas anteriores. Su participación en la reunión con Machado es vista en Washington como un intento de Trump de mantener a todos los interlocutores relevantes dentro de un mismo marco político y de coordinación, evitando canales paralelos en un momento especialmente sensible del proceso.
La conversación, desarrollada en un clima franco y reservado según fuentes conocedoras de ella, se centró en el futuro inmediato de Venezuela, en la trayectoria de la oposición frente al chavismo y en la sucesión de fraudes electorales que han marcado los años de poder de Nicolás Maduro.
Con el formato elegido, la Casa Blanca subrayó el carácter político y personal de la cita, más orientada al intercambio estratégico que a la escenificación pública. Justo cuando esta se producía, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó desde el podio que el compromiso de Trump es que haya elecciones en Venezuela. «Eso no ha cambiado», dijo Leavitt.
Trump acompañó además a Machado en un breve recorrido por algunas dependencias del Ala Oeste en las que trabaja con su equipo. Durante la visita, el presidente le mostró una pequeña estancia en la que conserva recuerdos de su campaña, como gorras, camisetas y otros objetos simbólicos de su trayectoria política, un gesto informal que fuentes del entorno interpretan como una señal de cercanía personal.
Réplica de la medalla del Nobel de la Paz
La líder opositora al chavismo acudió al encuentro portando una réplica de la medalla del Premio Nobel de la Paz, recientemente concedido, junto a una placa en la que se reconoce a Trump la defensa de la libertad y de los valores democráticos en Venezuela. El gesto tuvo una carga simbólica evidente en un contexto en el que el presidente había manifestado en el pasado su interés por ese galardón, finalmente otorgado este año a Machado por su papel en la resistencia cívica frente al autoritarismo venezolano. En Washington se recuerda que su candidatura contó con el respaldo de sectores republicanos y del propio Marco Rubio cuando era senador por Florida.
El encuentro se produjo dos semanas después de la operación estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, un acontecimiento que ha acelerado el rediseño de la política de Washington hacia Caracas y ha abierto un nuevo escenario de transición. Fue el primer encuentro presencial entre Trump y Machado articulado en torno a este almuerzo privado y sin presencia de medios de comunicación.
Machado había llegado a Estados Unidos el miércoles, procedente de El Vaticano, donde mantuvo también una reunión privada con el Papa León XIV. En ese encuentro, la dirigente venezolana abogó por la liberación de los presos políticos y por una salida pacífica y ordenada a la crisis institucional del país. Ese mismo mensaje fue trasladado a Trump, junto con el agradecimiento de los venezolanos por el respaldo mostrado por Estados Unidos a la democracia y a la justicia en Venezuela.
El apoyo de los venezolanos
La agenda de la cita en la Casa Blanca no se hizo pública con antelación. Machado llegó sola al recinto. Su jefa de gabinete, Magali Muria, la acompañó hasta la entrada del Ala Oeste. En los alrededores de la Casa Blanca, al norte de la columnata, se congregaron centenares de venezolanos llegados desde distintos puntos del país para mostrar su apoyo, en una movilización marcada por la expectación política y simbólica del encuentro.
En declaraciones recientes, Trump había señalado que Machado podría desempeñar un papel en el proceso de transición venezolana. La líder opositora, por su parte, ha insistido en la necesidad de avanzar hacia una transición ordenada, con el respaldo de un aliado clave como Estados Unidos y sustentada en el mandato popular expresado en las elecciones del 28 de julio.
Durante la reunión, Machado expresó también su confianza en el futuro del país y en la posibilidad de una reconstrucción integral que permita el regreso de millones de venezolanos hoy repartidos por el mundo, llamados a ser actores clave de una nueva etapa de estabilidad y prosperidad para Venezuela y para la región.
Tras su paso por la Casa Blanca, la agenda de la dirigente venezolana en Washington continuó por la tarde con encuentros con senadores de ambos partidos, en un intento de consolidar apoyos en el Congreso en un momento decisivo para el rumbo político del país.
La visita de hace dos décadas
La relación de Machado con la Casa Blanca se remonta a dos décadas atrás. El 31 de mayo de 2005, la entonces activista venezolana fue recibida en el Despacho Oval por George W. Bush, en una reunión que subrayó el respaldo estadounidense a la sociedad civil democrática en Venezuela. Machado acudió en su condición de fundadora y directora ejecutiva de Súmate, una organización independiente dedicada a la defensa del voto y la transparencia electoral frente al chavismo emergente.
El encuentro, documentado por la fotografía oficial de la Casa Blanca tomada por Eric Draper, situó a Machado como una interlocutora temprana de Washington en el debate sobre la deriva autoritaria del país y marcó uno de los primeros reconocimientos internacionales a su papel como referente cívico de la oposición venezolana.