Factores como la obesidad, la diabetes y la hipertensión, que contribuyen a la disfunción endotelial, a la señalización alterada del óxido nítrico y al aumento del estrés oxidativo, pueden conducir, conjuntamente, al endurecimiento del miocardio, al aumento de las presiones de llenado del ventrículo izquierdo y, en última instancia, a …
Factores como la obesidad, la diabetes y la hipertensión, que contribuyen a la disfunción endotelial, a la señalización alterada del óxido nítrico y al aumento del estrés oxidativo, pueden conducir, conjuntamente, al endurecimiento del miocardio, al aumento de las presiones de llenado del ventrículo izquierdo y, en última instancia, a la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (ICFEp). En la ICFEp, el aumento de la rigidez de la proteína titina se ha identificado como un factor patológico clave que contribuye a la disfunción diastólica.
«La titina es una proteína presente en las células musculares cardíacas y actúa como un ‘resorte’, permitiendo que la cámara cardíaca se retraiga y se estire lo suficiente», explicó Mei Methawasin, autora de un estudio impulsado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Missouri (EEUU) sobre esta temática. La novedad reside en el uso de un modelo cardiometabólico de IC-FEp, donde la inflamación sistémica y las alteraciones metabólicas impulsan la progresión de la enfermedad, con múltiples factores, como la titina, contribuyendo al desarrollo de la IC-FEp.
El trabajo, cuyos resultados se publican en la revista ‘Cardiovascular Research’ explora, por tanto, los posibles beneficios terapéuticos y clínicos de la inhibición de otra proteína, la RBM20, que regula la longitud de la titina. «Descubrimos, en ratones, que si reducimos la actividad de otra proteína, RBM20, se pueden generar filamentos de titina más largos y flexibles, lo que mejora significativamente el llenado cardíaco».
No obstante, según precisan los autores, la actividad de esta proteína solo se puede reducir parcialmente, ya que una inhibición total puede acarrear graves riesgos para la salud cardíaca. «Idealmente, la actividad de RBM20 debería reducirse lo justo para lograr los beneficios de una mayor duración de la titina, por lo que debemos encontrar el equilibrio adecuado», afirmó Methawasin.
La inhibición parcial de RBM20 también tuvo varios impactos positivos en el metabolismo energético, la función mitocondrial, el equilibrio antioxidante y el flujo sanguíneo. En síntesis, en este trabajo se evidencia el potencial terapéutico más amplio y clínicamente relevante de los Rbm20-ASO en el tratamiento de la IC-FEp, particularmente en presencia de comorbilidades complejas, lo que representa un avance significativo para abordar la naturaleza multifactorial de la enfermedad.
No obstante, «se necesita más investigación para encontrar maneras de aumentar la longitud y la flexibilidad de la titina, minimizando al mismo tiempo los posibles efectos secundarios en el organismo. Al restaurar la función más fundamental del corazón, esperamos ayudar a las personas con insuficiencia cardíaca a disfrutar de una mejor calidad de vida», concluyó Methawasin.
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