La apertura de una investigación criminal por parte del Departamento de Justicia contra Jerome Powell —presidente de la Reserva Federal (Fed)—, formalmente vinculada a los sobrecostes de la reforma de la sede del banco central, debe interpretarse en un marco institucional más amplio: es un pretexto para intensificar la presión política sobre el banco central en un momento especialmente sensible, cercano al final del mandato de su presidente. La reacción de los mercados financieros —con un aumento del precio del oro y una depreciación del dólar— es coherente con esta lectura, en la medida en que refleja un incremento de la incertidumbre institucional más que una reevaluación de los fundamentales macroeconómicos. En este contexto, las declaraciones de Powell, señalando que la investigación responde al deseo de condicionar la orientación de la política monetaria, no pueden descartarse como mera retórica defensiva

«Las implicaciones son profundas: afectan a la credibilidad de la política monetaria y, por extensión, a la estabilidad macroeconómica de Estados Unidos»

Este episodio no es aislado. Forma parte de una secuencia de ataques previos a la Reserva Federal, incluido el intento de destituir a la gobernadora Lisa Cook, que ya analizamos en este mismo medio, refuerza la hipótesis de que nos encontramos ante un esfuerzo sistemático por controlar al banco central. Las implicaciones son profundas: afectan a la credibilidad de la política monetaria y, por extensión, a la estabilidad macroeconómica de Estados Unidos. La evidencia histórica es clara. Cuando los bancos centrales han cedido a presiones políticas —como ocurrió en América Latina en los años ochenta o más recientemente en Turquía—, el resultado ha sido inflación persistente, inestabilidad financiera y pérdida de bienestar. Estados Unidos no es inmune a esas dinámicas. Precisamente por eso resulta preocupante que hoy tengamos que volver a insistir en lo obvio: la independencia institucional de los bancos centrales no es un lujo, sino una condición para que la política monetaria funcione.

La literatura reciente confirma que la independencia no solo es crucial para la credibilidad, sino también para la estabilidad de precios a largo plazo. En un trabajo académico, Angelos Athanasopoulos y otros autores aportan evidencia de que las reformas que fortalecen la independencia del banco central tienen un impacto mucho mayor en el largo plazo que en el corto, especialmente en economías en desarrollo. El estudio también muestra que la independencia reduce la persistencia de la inflación, reforzando la efectividad de la política monetaria. La investigación contra Powell también pone de relieve un desafío más amplio: cómo preservar la credibilidad del banco central en un entorno político polarizado. Un reciente estudio de Pei Kuang y otros autores muestra que la confianza pública en la Reserva Federal depende en gran medida de la percepción de su neutralidad política. A través de un experimento con más de 5.600 participantes, los autores documentan que quienes ven a la Fed como «aliada» confían más en su capacidad y esperan menor inflación, mientras que quienes la perciben como «opuesta» muestran escepticismo y mayor incertidumbre. Lo más relevante es que la investigación demuestra que una comunicación estratégica —centrada en la estructura institucional, los objetivos no partidistas y el historial reciente de la Fed— puede reducir estos sesgos, reforzar la credibilidad y mejorar la transmisión de la política monetaria. En un contexto de creciente polarización, la gestión activa de la narrativa institucional se convierte en un instrumento esencial para preservar la independencia y la eficacia del banco central.

«Aquellos bancos centrales con mayor autonomía y menor interferencia política tienden a asociarse con una mayor estabilidad financiera general»

Pero la independencia no solo tiene efectos sobre variables macroeconómicas como inflación o expectativas, sino que también influye indirectamente en los resultados operativos de las instituciones financieras, reduciendo la incidencia de activos problemáticos que actúan como detonadores de crisis bancarias domésticas. Existe evidencia concreta sobre la relación entre la independencia y la transparencia de los bancos centrales y la estabilidad del sector bancario. Utilizando un panel de datos de 39 países, se prueba que aquellos bancos centrales con mayor autonomía y menor interferencia política tienden a asociarse con menores niveles de préstamos incobrables (non-performing loans) y, por ende, con una mayor estabilidad financiera general. 

Los ataques personales, las amenazas veladas y el uso instrumental de otros órganos del Estado para presionar a la Reserva Federal no solo ignoran la evidencia anterior, sino que la desafían abiertamente. Lo ocurrido en los últimos días con Jerome Powell encaja en este patrón. No se trata de una crítica técnica a una decisión concreta de tipos de interés, ni de un debate legítimo sobre el marco de política monetaria. Es un intento de intimidación que busca condicionar el comportamiento futuro del banco central. El mensaje es inequívoco: la independencia se tolera solo mientras no resulte incómoda. 

Que esta dinámica se repita y que cada episodio sea más explícito que el anterior debería preocupar incluso a quienes simpatizan con el actual inquilino de la Casa Blanca. No obstante, es especialmente significativo que voces dentro del propio Partido Republicano, como la de la senadora Lisa Murkowski, hayan decidido romper el silencio. Su defensa de la independencia de la Reserva Federal no es un gesto partidista ni una maniobra táctica, sino un recordatorio de que existen límites institucionales que no deberían cruzarse, independientemente de quién gobierne: «Si el Departamento de Justicia considera que está justificada una investigación contra el presidente Powell por sobrecostes en proyectos —que no son inusuales—, entonces el Congreso debe investigar al propio Departamento de Justicia. […] si la Reserva Federal pierde su independencia, la estabilidad de nuestros mercados y de la economía en general se verá afectada», escribió la senadora Murkowski en redes sociales.

Epílogo
El ataque a la Fed ha dejado de ser un pulso doméstico para adquirir dimensión global. Los gobernadores de los bancos centrales más importantes del mundo (BCE, Inglaterra, Canadá, Japón, Corea del Sur y Brasil, entre otros) junto al BIS, publicaron un comunicado de «plena solidaridad» con Powell y con la Reserva Federal. El mensaje resulta nítido: la independencia del banco central no pertenece a una administración, ni a un ciclo electoral; sostiene la estabilidad de precios y financiera y, por extensión, la confianza en el ancla del sistema monetario internacional. Cuando los principales pares de la Fed se ven obligados a recordarlo por escrito, el riesgo ya no se mide solo en titulares o en volatilidad de corto plazo, sino en la erosión del capital institucional que Estados Unidos tardó décadas en construir.