Buena o mala suerte. Según se mire. Siempre relativo esto de los sorteos. En cualquier caso, Pablo Carreño ya conoce su teórico trazado en … el Open de Australia que comienza este domingo y el gijonés extrae una doble lectura: precaución de entrada porque, al fin y al cabo, tiene este domingo un debut muy exigente contra el checo Jakub Mensik (número 17 del mundo), y, a la vez, un cosquilleo en el estómago al saber que su camino puede parecer asequible en las primeras rondas.
Melbourne vuelve a abrir el calendario grande del tenis con su ritual habitual: el Open de Australia. Calor severo, ritmo alto desde la primera jornada y una pista dura que premia la firmeza y la continuidad. Es este escenario donde quiere reengancharse el raqueta forjado en el Grupo Covadonga, que llega a la primera gran cita del año con una idea clara: recuperar la normalidad competitiva y consolidar su presencia en el circuito ATP.
Su camino hasta Australia en este año 2026 ha sido más funcional que otra cosa. Eligió no perder el tiempo, aprovechar cada minuto, con dos torneos previos como banco de pruebas para evaluarse, adquirir mayor tono físico y afinar su tenis. «He jugado el ATP 250 de Brisbane, en el que pasé la previa tras la retirada de mi rival, Arthur Cazaux, y perdí en primera ronda con Grigor Dimitrov, y también disputé otra previa, la del ASB Classic de Auckland, en la que caí también en primer ronda con Vit Kopriva», explica desde Australia en conversación con EL COMERCIO.
El marcador no ofreció aún buenas noticias, pero el cuerpo, sí. «Físicamente me encuentro bastante bien, con algunas molestias típicas de los primeros partidos de la temporada, pero nada grave», asegura un Pablo Carreño al que, a través de sus palabras, se le antoja feliz, a la par de sereno. Sin embargo, a través del audio se adivina que mantiene los pies firmes sobre la tierra y que, como siempre, nada parece distorsionar la normalidad de él y de todos los suyos.
«El talento ayuda, pero pesa mucho más el trabajo», decía recientemente Carlos Alcaraz. «El trabajar duro es lo más importante, el dar lo mejor de ti cada día», añadía el número 1 del mundo. Y esa es una reflexión aplicable hoy en día a Pablo Carreño, que en los últimos años, por culpa de las dichosas lesiones, ha ofrecido más trabajo que resultados, aunque talento en sus muñecas no le falta.
Ingenio y talento
En un deporte especializado y profesionalizado, concebido y regido en muchos momentos por las estadísticas, en el que la inmensa mayoría de tenistas buscan la seguridad que dan los datos, sorprende el juego del tenista asturiano. Su imprevisibilidad, su ingenio y su gran talento pueden apabullar y poner contra las cuerdas a cualquier rival.
Carreño inició la pretemporada en diciembre y desde entonces ha trabajado a destajo para llegar en óptimas condiciones a la primera gran cita del año. Ha optado por entrenarse, pero también por competir antes del Open de Australia. Porque el tenis volverá a mirar a Melbourne desde este domingo. Las pistas duras de Melbourne Park, las superficies rápidas de resina acrílica y el ya habitual factor climático, con un calor extremo y una exigencia física máxima, se convierten cada enero en una primera auditoría de verdad para el circuito.
Porque Australia no admite especulaciones y el propio Pablo Carreño lo sabe. «Las expectativas de cara a este torneo es intentar ganar las primeras rondas, la primera por lo menos. Siempre intentar ganar obviamente las primeras rondas. Una vez conocido el rival, será el momento de ver un poco las expectativas». Una de las incógnitas, que se desvelará estos próximos días, será si aquellos problemas físicos que interrumpieron su carrera van a afectar decisivamente a su juego o si, por el contrario, conseguirá meterse otra vez entre los mejores.
«De cara a la temporada, vamos a intentar jugar en el ATP Tour, tratar de evitar participar mucho en el Challenger Tour, pero todo ello dependerá un poco de los resultados que logremos a principios de año», explica desde Melbourne con el realismo de quien conoce bien el Grand Slam y todo lo que le rodea. «Defiendo algunos puntos que necesito para no perder mucho ránking –actualmente el gijonés es el número 92 del mundo–. El objetivo es ese. Intentar otra vez verme en el ATP Tour, consolidarme y tratar de estar lo menos posible en el Challenger Tour», dice el asturiano, cuya calidad y conocimiento del medio, su simple nombre, lo transforman en un enemigo de peso.
Australia se le presenta, pues, como un examen deportivo, físico y emocional. Un escenario para comprobar que el cuerpo responde y si el juego se sostiene. El torneo pone las condiciones, el sorteo ha ordenado el punto de salida y Carreño llega con una certeza suficiente: competirá con normalidad.