En los primeros minutos de El mal, nueva película del siempre osado Juanma Bajo Ulloa, una escritora que está siendo entrevistada en un programa de televisión acerca de su nuevo libro, un acercamiento a la psicopatía, a los crímenes y a la vileza, interrumpe al presentador: “Pero, ¿qué es la moralidad? ¿Cuál de ellas, la de ayer, la de hoy, la de mañana?”. Corren buenos (malos) tiempos para hacerse la pregunta, tanto en torno a la política y al poder, como alrededor de lo que supone escribir un libro no ya temerario sino directamente suicida, como el que la protagonista de El mal va a desarrollar a lo largo del relato compuesto por el director vasco. El caso de El odio (otro enunciado conciso e impactante), el texto que nunca llegó a las librerías de Luisgé Martín sobre José Bretón, doblemente criminal de sus pequeños hijos, pulula así por el pensamiento del espectador.
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Indiferente a las modas, siempre a lo suyo, Bajo Ulloa continúa con su cine en los márgenes: desde Vitoria, levantando con arduas dificultades proyectos inauditos, enfrentándose a la moral cinematográfica reinante y sin que sus películas concursen en festivales nacionales (¿a él y a sus productores no les interesa, o es que los certámenes españoles, increíblemente, no las seleccionan?). Casi como si nada hubiera cambiado (ni en el cine ni, de nuevo, en la moral) desde sus dos excelentes primeras películas, Alas de mariposa (1991) y La madre muerta (1993), realizadas antes de cumplir los 27 años. Las que le convirtieron en el chico terrible del cine español.
Y a ese cine ha vuelto, más de 30 años después, y ya con 59 de edad, en El mal, de abundantes paralelismos con su obra de debut. Todo ello, después de gozar del estruendoso éxito de taquilla de Airbag (1997), darse un trastazo económico con la poética y desequilibrada Frágil (2004), hundirse a lo grande con Rey Gitano (2015), y recuperar sus esencias temáticas y formales con la poderosa Baby (2020), uno de sus cuentos crueles, sin una sola línea de diálogo, cine mudo y hermoso para tiempos de cháchara perpetua.
Tony Dalton y Belén Fabra, en ‘El mal’.
Es, por tanto, El mal una de sus feroces fábulas para adultos, aunque protagonizadas por niños. En este caso, una niña grande, una joven asesina en serie, ingenua y brutal —que bien podría ser la cría protagonista de Alas de mariposa si no se hubiera redimido en el esperanzador desenlace de aquel formidable título de los años noventa—, a la que acompaña la madura escritora que decide contar los crímenes en un libro de inspiración fáustica. “¿Matarías a mil niños para salvar al tuyo? ¿Por qué todo el mundo es capaz de machacar a una cucaracha y nadie de aplastar a una mariposa?”, se pregunta la novelista, interpretada con personalidad, notable dicción y férrea ambigüedad por Belén Fabra. Aunque la pregunta que debe hacerse el espectador en ese instante es quiénes son las cucarachas y quiénes las mariposas de hoy en día. Bajo Ulloa, también operador de cámara (lo que no es nada habitual), dirige con buen pulso y fuerza visual un thriller malsano, de enorme arrojo (ahora, más que nunca), que en la segunda parte de su metraje incluye imágenes difícilmente soportables, incluso en (relativo) fuera de campo.
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La niña de la ópera prima de Bajo Ulloa, Concha de Oro en San Sebastián, pasó de dibujar coloristas mariposas en su infancia a adornar su habitación de la adolescencia con innumerables cucarachas, por culpa de una madre desquiciada y quizá también a causa de su propio ser. En El mal, con ese toque barroco tan suyo, entre las añejas localizaciones vitorianas y una meritoria actuación de Natalia Tena como la asesina —un papel en el alambre de la imprudencia—, el cineasta, tantos años después, entronca con su debut a través de los bichos, los juguetes antiguos, la maternidad y una imagen final casi exacta. En ambas películas, tres generaciones de mujeres en torno al mal. Y en ambas películas, la osadía del que nada debe a nadie y del ajeno a las imposiciones morales.
El mal
Dirección: Juanma Bajo Ulloa.
Intérpretes: Belén Fabra, Natalia Tena, Tony Dalton, Fernando Gil.
Género: drama. España, 2026.
Duración: 120 minutos.
Estreno: 16 de enero.