[Este artículo contiene SPOILERS de ‘LA ASISTENTA’]

Encontrar referencias de Stanley Kubrick en La asistenta podría parecer chiste, pero es anécdota. Ya en los primeros minutos de metraje, Nina y Millie hablan sobre Barry Lyndon en la película de Paul Feig, reciente adaptación cinematográfica del fenómeno literario de Freida McFadden.

En apariencia, un comentario que podría pasar desapercibido en mitad de tanta casa y tanto giro inesperado. Pero realmente lo que logran es poner en bandeja, ya desde el inicio y sin rodeos, un paralelismo clave y también una diferencia con respecto al libro. 

El símil es evidente: una historia sobre alguien que asciende socialmente a un lugar que no le corresponde y que paga un precio brutal por ello. Lo que llama la atención de este sutil guiño es su completa ausencia en la versión literaria. Un detalle que viene a sentar las bases del filme, que, a pesar de respetar la versión original y convencer con creces a los más acérrimos fans de la trilogía, está sembrada de ausencias y separaciones para nada casuales.

Omisión y ausencias

Puede que la primera gran diferencia entre la película de Feig y el libro de McFadden, y también la más detectada por los lectores, se encuentre en el enfoque narrativo. Mientras que la novela publicada en 2023 se permite un desarrollo pausado, cuidando cada detalle, manteniendo un ritmo asfixiante y sin escatimar en la psicología de sus personajes, la película opta por acelerar los tiempos y poner el foco en una tensión a bocajarro, sin apenas profundizar en las relaciones y vínculos interpersonales.

El texto de McFadden dedica mucho espacio a los pensamientos, las dudas y las contradicciones internas de su protagonista, algo que en la gran pantalla no logra traspasar lo suficiente, perdiendo matices importantes que ayudan a conectar con la trama.

Lo vemos en el idílico matrimonio entre Andrew y Nina. En el largometraje protagonizado por Sydney Sweeney y Amanda Seyfried, este juego de poder se plasma claramente desde prácticamente el inicio, y aunque ya al final tratan de recrear el capítulo del libro dedicado a Nina, la historia detrás del personaje de Andrew se queda algo coja.

Sin embargo, en el libro, trazan con esmero la compleja dinámica de su relación, adentrándose algo más en el pasado de él. En el libro, Andrew no queda limitado a mero antagonista, sino que se expone mucho más su pasado, sus traumas y la forma en que su vida ha sido moldeada degenerando en conductas violentas. Esto es algo que la película prefiere tan solo sugerir.

Pequeños cambios con importancia

Es aquí donde entra en juego el papel de la madre de Andrew, uno de los más perturbadores del libro. En ese sentido, su figura se convierte en una de las grandes ausencias de la película —a lo largo de más de dos horas aparece en pantalla en apenas dos o tres breves escenas—. En el libro, sin embargo, se presenta un detalle especialmente perturbador: la propia madre confiesa que, cuando Andrew era niño, le arrancó un diente de leche como castigo. Algo que define el tipo de violencia heredada que atraviesa toda la historia.

Otro de los personajes sacrificados es, sin duda, el de Enzo. Una diferencia estructural clave entre el libro y la película, y puede que la que más hayan señalado los fans que han visto el filme. En la novela, su relación con Nina es explícita y determinante para el resto de la trama. No solo existe aquí un interés romántico entre Enzo y ella, omitido en la versión cinematográfica, sino que, además, se establece un gran vínculo con Millie — su primer contacto estuvo marcado por la palabra «pericolo» (peligro)— alargándose hasta el final de las páginas.

Algunas omisiones pueden parecer irrelevantes, pero dicen mucho del tipo de adaptación que se ha hecho. En la versión literaria, por ejemplo, se desarrolla toda una escena en torno a un bote de mantequilla. Un elemento de lo más significativo, pero que lo sabremos más tarde, debido a la alergia letal de Cece. En la película se podría extrapolar esta situación a la del sándwich que Millie le prepara a la niña en la cocina y que esta acaba rechazando.

Llegados a este punto es inevitable recordar el conflicto alrededor de la vajilla, que da lugar al primer castigo de Andrew sobre Millie. Esto nunca ocurre en la novela, y en ella, de igual modo, el castigo aplicado es diferente. En el libro, Nina no solo le deja a Millie un spray de pimienta en la habitación —mucho más inhóspita e tétrica que la versión adaptada—, sino que, en lugar de los 21 cortes, Andrew le obliga a sostener durante horas varios libros muy pesados sobre muslos y abdomen. 

Todos estos detalles refuerzan la idea de previsión, amenaza constante y fragilidad. La película prescinde de ellos para no dispersar la tensión, pero al hacerlo reduce la sensación de peligro cotidiano que marcaba la novela.

Dos finales, dos significados

Está claro que a todos nos cuestan un poco las despedidas. Se vio en su día con el edulcorado final de Los protegidos, recientemente lo hemos visto en Stranger Things y en los fans que se aferran a alguna otra alternativa, y también lo vemos tanto en la gran pantalla como en las últimas páginas de La asistenta. 

Contentar a todo el mundo es imposible y de muy mal gusto, y puede que, durante más de la primera mitad de la película, La asistenta lo consiga, en parte. Es en el desenlace donde no hay lugar para las medias tintas. Aquí, ambos relatos toman caminos diferentes.

En el largometraje, vemos cómo el villano consigue salir del cuarto, pero muere al caer por las escaleras tras ser empujado por la asistenta, un plan fruto de la unión entre Millie y Nina para acabar con él. Antes, hay una última conversación entre Nina y Andrew.

Destaca que en el libro nada de esto tiene lugar. En la versión en papel, Andrew muere encerrado en la habitación, deshidratado a causa de los castigos —en la novela se describen más de uno— impuestos por Millie. Tampoco hay aquí conversación final ni pacto alguno.

Asimismo, también se ve alterado quién «deja pasar» el crimen. En la novela es el padre de Kathleen, policía, quien decide proteger a Nina. En la película, sin embargo, ese rol de agente recae en la hermana, que resulta ser la exprometida de Andrew, a la que se menciona de refilón tanto en la película como en el libro.

En definitiva, en el largometraje de La asistenta vemos cómo los elementos principales del thriller funcionan de manera eficaz, ofreciendo al espectador una experiencia accesible, disfrutona y de tensión constante. La pena es que por el camino pierde muchas de las aristas que hacían del libro una aventura más perturbadora.

Una vez más, como suele ocurrir, el cine acierta; pero el libro original, en cambio, no tiene prisa por alimentar cada detalle. Que cada cual se sirva su favorito.