Dar las gracias. Ese es, quizá, el objetivo principal de la asociación Unirock, organizadora del festival del mismo nombre que cada verano, desde hace ya 23 años, transforma un pequeño pueblo del occidente de Asturias. Un agradecimiento sincero a una localidad que se implica, que se vuelca y que, al menos por un día, se viste de negro y convierte sus calles en un escenario más.
Ese gesto colectivo, construido a base de compañerismo y pasión por la música, será ahora contado en imágenes. La asociación presentará próximamente un documental (el sábado 24 de enero de 2026 celebramos décadas de pasión rockera) con el que quiere devolver al pueblo todo lo que recibe edición tras edición. No es solo un festival: «es una forma de estar juntos y de entender la cultura como algo compartido», señala Patricia Gosende, portavoz del colectivo.
Porque durante un fin de semana este pueblo marinero «se convierte en un escenario más. La editora técnica del audiovisual, Belén Lobeto, que coordina un trabajo coral en el que la emoción pesa tanto como la memoria señala que el documental todavía en fase de montaje, reúne 75 («quizás alguna más», dice) entrevistas. Algunas son dobles; todas, necesarias.
«Son muchas personas y, al final, quien sale de una forma u otra está vinculado con el festival: porque son músicos, porque han asistido, porque colaboraron o simplemente porque les gusta. Todo el mundo habla de este festival con cariño y con el corazón», explica Lobeto.
De ahí la dificultad del montaje. «Es complicado cortar porque dicen cosas muy bonitas«, reconoce esta portoveigueña, que desearía, para no dejar a nadie ni nada al margen, que el proyecto pudiera convertirse en una docuserie. Por ahora, la duración estimada no superará la hora y media.
Desde principios de diciembre
La preproducción arrancó en la primera semana de diciembre y las entrevistas se grabaron durante diez días antes de Navidad. Durante las fiestas quedaron algunas pendientes y todavía resta alguna por completar. Un proceso «largo» a la par que cuidado y acorde con la historia que se quiere contar.
Porque el propósito del documental va más allá de ordenar recuerdos. «Trata de reflejar un espíritu y de unir la trayectoria de un festival que tuvo sus primeras ediciones en los años ochenta», dice Patricia Gosende. Para quienes han pasado por muchos escenarios, hay consenso: «Este no es un festival como cualquier otro; auí se toca con amigos, se disfruta de algo especial y un pueblo entero se convierte en parte del espectáculo», añade Gosende.
La infancia, implicada
Entre los testimonios se repite una idea luminosa: la presencia de niños y niñas. «En un género donde a menudo se habla de falta de relevo generacional, aquí el rock sigue vivo y encuentra continuidad», dice la editora del trabajo. Personas que dedican su tiempo libre durante todo el año a organizar un evento pensado para que todo el mundo lo disfrute. «Es de agradecer y de valorar», subraya Lobeto, poniendo nombre a valores difíciles de encontrar hoy. Baste enumerar tres: compañerismo, amor por lo que se hace, entrega.
El documental será, en definitiva, una carta de amor. A la música, sí. Pero sobre todo a Puerto de Vega, un pueblo que demuestra que la cultura también se construye desde lo pequeño «cuando se hace entre todos». La entrada es gratuita con inscripción previa: https://forms.gle/HaMzQ5jp25eS4H