Se pueden contar con los dedos de una mano los cineastas que, a día de hoy, cuentan con la sensibilidad de Chloé Zao que viene demostrando su inmenso talento desde el arranque de su carrera: Songs My Brothers Taught Me, The Rider o Nomadland nutren su filmografía que crece aún más con Hamnet, la adaptación de la novela homónima de Maggie O’Farrell.

Lo hace gracias a un guión hermoso coescrito por ambas que cuenta con un crescendo emocional capaz de arrasar con cualquiera y con una dirección de actores impecable que tiene dos exponentes: los actores irlandeses Jessie Buckley y Paul Mescal. Ella es claramente la que carga con un mayor peso dramático y hace gala de un registro inconmensurable a la hora de expresar con su rostro un maremágnum de emociones que traslada al espectador de manera cristalina.

Pero también es de ley advertir que Hamnet se fragua a fuego lento, con una primera parte en la cual la inmersión en la naturaleza y la potencia de las relaciones que hay entre los personajes van a ir macerando hasta llegar a una catarsis colectiva final de altísimo impacto emocional que no solo pone el broche de oro a la película sino que además exuda amor por el arte como forma de procesar los reveses de la vida, exteriorizarlos, compartirlos y, de algún modo, aceptarlos.

Duelo y creación: el ciclo de la vida

Agnes conoce un buen día a William, el nuevo tutor de latín de los niños del pueblo e hijo de un comerciante que se ve obligado a trabajar para pagar las deudas familiares. Se enamoran de inmediato y pronto planean casarse, a pesar de las reticencias de su madre, dado que Agnes está encinta.

Después de casarse, Agnes le propone a su marido que viaje a Londres para poder vivir de sus conocimientos, con la idea de trasladarse después junto a él. Poco a poco, va labrándose una reputación en la ciudad mientras que ella sigue viviendo en Stratford dando a luz a los gemelos Judith y Hamnet en un complicado parto.

Tras un tiempo de gran felicidad, la peste empieza a cobrarse numerosas vidas y cuando la pequeña Judith enferma gravemente, Agnes echa mano de todo lo que sabe para tratar de curarla en vano. Están a punto de pasar por uno de los peores momentos de sus vidas.

Tratar de describir lo que te hace sentir esta película es como guardar el mar en un frasco: imposible. Sirva como pincelada para comprender su magnitud decir que es una de las pocas ocasiones en las que una película es superior a un libro y es, simplemente, por la suma de las capacidades de dos narradoras excepcionalmente superdotadas que han sabido limar la letra impresa para concebir una obra maestra.

A ellas se suma Jessie Buckley a quien veremos próximamente en ¡La novia! y que viene de dar recitales interpretativos en La hija oscura, Men, Ellas hablan o Pequeñas cartas indiscretas. Siempre supera las expectativas y aquí no encontramos una excepción: se merece el Óscar por su comprometida interpretación porque nos hace sentirnos en la piel de su personaje de una manera muy íntima y arrebatadora. Le da la réplica Paul Mescal, en un papel más próximo a la conmovedora Desconocidos que a los que ha sostenido en superproducciones.

A nivel de reparto, no hay eslabón débil, todos trabajan de fábula para trasladar la historia, desde los protagonistas, hasta los secundarios y los extras que no tienen ni siquiera una frase. 

Hay que subrayar que no estamos ante una película histórica ni pretende serlo: Hamnet es una tragedia que, de alguna manera, es probable que fuera la fuente de inspiración para crear otra tragedia, una de las obras cumbres de «el bardo» en la cual se vio reflejada la zozobra de la existencia, la tentación del suicidio y el silencio final de la muerte. Es por tanto una obra de ficción valiosísima que tiene la capacidad de traspasar a los espectadores gracias a su belleza y su honestidad. ¡Bárbara!

Valoración

Nota 98

Magistral, una obra mayúscula memorable, con interpretaciones sobresalientes, un guión que te arrasa y un crescendo final abrumador.

Lo mejor

Jessie Buckley estratosférica y toda la secuencia del teatro.

Lo peor

A quien no le guste llorar en el cine las va a pasar canutas: te destroza.