Donald Trump mostrando el Premio Nobel de Maria Corina Machado. A su lado, la opositora venezolana. Casa Blanca, 15 de enero de 2026: María Corina Machado hace entrega a Donald Trump de la medalla recibida por el Premio Nobel de la Paz.Imagen: Daniel Torok/White House/dpa/picture alliance

Durante su visita a la Casa Blanca, la líder de la oposición, María Corina Machado, le entregó al presidente Donald Trump la medalla del Premio Nobel de la Paz que recibió en diciembre pasado en Oslo, con una inscripción especial: «Presentado como un símbolo personal de gratitud en nombre del pueblo venezolano, en reconocimiento a la acción decisiva del presidente Trump para conseguir una Venezuela libre. El coraje de Estados Unidos y de su presidente, Donald J. Trump, jamás será olvidado por el pueblo venezolano».

Aunque la presea se la entregó como «un símbolo personal de gratitud», quedó claro el interés de Machado por recuperar el terreno político perdido tras el acuerdo que Trump alcanzó con la ahora presidenta Delcy Rodríguez tras la captura de Nicolás Maduro.

Sin embargo, los comentarios de la Casa Blanca y de la propia visitante en el centro del poder estadounidense no han dejado claro qué papel estaría dispuesto a cederle Trump a Machado en el complejo entramado que ha ido configurando en un escenario político venezolano, que no refleja ni libertad ni democracia para la población, y mucho menos una pronta mejora de sus precarias condiciones de vida.

El heroísmo de María Corina Machado

Aunque los héroes parecen haber desaparecido de la historia política contemporánea, siempre surgen figuras que, con su personalidad, logran dar ejemplo a la sociedad por su valentía y su capacidad para articular la voluntad popular.

No cabe duda de que María Corina Machado es una de esas figuras, no solo por su espíritu de sacrificio en favor de la democracia de su país, su ejemplaridad en la lucha política y la eficacia de su acción, sino también por la polarización que ha logrado imprimir a la sociedad venezolana.

En reconocimiento a su incansable compromiso con las elecciones libres y los derechos democráticos en Venezuela, recibió el Premio Nobel de la Paz en 2025, tras haber sido galardonada con el Premio Sájarov en 2024.

Tras haber pasado casi un año en la clandestinidad para escapar de la persecución del Gobierno de Nicolás Maduro, logró llegar —aunque tarde— a Oslo para recibir el Premio Nobel de la Paz, en un viaje peligroso y aventurado que aumentó todavía más el respeto ganado por su decisión de asumir riesgos personales.

 María Corina Machado saluda desde el balcón de un hotel. Detrás, fotógrafos.Perseguida por el chavismo, Machado tuvo que escapar clandestinamente de Venezuela para ir a Oslo a recibir el Premio Nobel de la Paz. No llegó a la ceremonia a tiempo, pero un día después salió a saludar a sus seguidores desde el balcón del Grand Hotel de la capital noruega.Imagen: Leonhard Foeger/REUTERS

La manera en que la diáspora venezolana festeja a esta persona contrasta con la gran cautela con la que la población de Venezuela observa el devenir de la relación entre el régimen chavista y sus protagonistas, que siguen controlando la situación del país, y la Administración Trump, que parece confiar mucho más en el poder establecido que en un cambio de las condiciones de represión y vigilancia del régimen, que muchos pensaban superado. No queda claro en qué condiciones Machado podrá volver a su país, donde sigue considerada «fugitiva», ni cuáles serían, en su caso, las posibilidades de su acción política en territorio nacional.

Machado vs. Chávez

Los héroes son autónomos y buscan la confrontación; demuestran más valentía que los demás. De este modo, van acumulando atención social y creando seguidores, gracias a su poder de influencia.

El 13 de enero de 2012, María Corina Machado protagonizó un momento icónico al enfrentarse directamente a Hugo Chávez en la Asamblea Nacional de Venezuela. Machado interrumpió el discurso de Chávez para cuestionar su gestión, especialmente en lo referente a las expropiaciones. La opositora criticó las políticas de nacionalización del Gobierno y afirmó que «expropiar es robar», en referencia a las propiedades de empresarios y comerciantes que habían sido tomadas sin una compensación justa.

Ya en aquel entonces, llamó mucho la atención la respuesta irónica de Chávez cuando trató de minimizarla con la frase: «Águila no caza moscas». Chávez afirmó que Machado estaba «fuera de ranking» para debatir con él y le sugirió que primero ganara unas elecciones primarias. Esta confrontación con el antihéroe le otorgó un primer impulso en su carrera política, que culminó con su papel central en las elecciones de 2024, tras haber destituido antes a Juan Guaidó como líder de la oposición.

Rodríguez contra Machado

Aunque se confía al héroe o a la heroína un papel central para superar situaciones de cambio o peligro, a Machado le parece que se le ha vetado el papel histórico que aspira a cumplir.

A pesar de la salida forzada de Maduro del poder, se ve obligada a enfrentarse de nuevo a su régimen en la figura de Delcy Rodríguez, que ha sido nombrada recientemente presidenta del país. Considerada por la población como la gran referente de su país, Machado puede construir sobre su legitimidad democrática.

Se enfrentan dos mujeres con altos niveles de radicalidad: Machado, conservadora y liberal en materia económica, perteneciente al ala derecha de la oposición y con Margaret Thatcher como modelo a seguir, acusó de inmediato a Rodríguez: «Sabemos que es la principal artífice de las torturas y los tráficos de personas; es aliada de Rusia, Irán y China. Es muy rechazada por el pueblo venezolano», dejando claro que no está pensando en ningún modelo de cooperación con ella.

Más bien, ve la función de Rodríguez como una fase transitoria corta para poder llegar a nuevas elecciones, en las que, según las nuevas encuestas, podría ganarle por un margen abrumador. Rodríguez, una multifuncionaria en el sistema chavista convencida socialista, se convirtió en 2017 en presidenta de la Asamblea Constituyente, destituyendo al Parlamento elegido, y fue la artífice de la consolidación del poder de Maduro, allanando definitivamente el camino hacia un sistema autoritario.

Trump y Machado

La frase que pronunció Trump tras la captura de Maduro sobre Machado —»No tiene ni el apoyo ni el respeto en el país»—, y su añadido de que era «una mujer agradable», fue demoledora para la líder opositora, ya que ponía en duda su papel como solución democrática a la crisis venezolana.

La reiterada referencia de Trump a su relación con la «fantástica» Delcy Rodríguez, no solo pone de manifiesto sus profundas reservas sobre la capacidad de liderazgo de Machado, sino que, de momento, deja en el aire su papel político.

A pesar de la amena conversación en la Casa Blanca, sigue habiendo una confrontación entre el hombre fuerte de Washington y la figura heroica con un fuerte carisma que tendrá que esperar su momento político en la transición democrática de Venezuela.

(ms)