Alarma mayúscula en el vuelo TK1853 de Turkish Airlines que el jueves hizo un aterrizaje de emergencia en Barcelona, destino al que volaba desde Estambul y que se complicó mucho antes de llegar, cuando sobrevolaba la isla de Cerdeña, porque uno de los móviles de los pasajeros emitía como identificación un mensaje en inglés en lugar de un nombre: “Bomba. Todo el mundo morirá 0930”. Escueto pero inequívoco, disparó los protocolos de emergencia. Apuntaba a una explosión a las 9.30 horas que nunca se produjo. El vuelo aterrizó de emergencia, con todas las prioridades de acceso a una pista alejada de la terminal de pasajeros de El Prat después de ser escoltado en su trayecto por aviones militares en los espacios aéreos de Francia y España.
El descubrimiento del macabro mensaje lo hizo una pasajera que quería conectarse a la red wifi de Turkish Airlines, al abrir la opción de búsqueda de redes en su móvil encontró, además de la conexión de la aerolínea, otra de un teléfono cercano, la que contenía el mensaje de la bomba. Avisó a una de las auxiliares de vuelo de su hallazgo y se dispararon las alarmas.
Por la captura de pantalla publicada por uno de los pasajeros, se ve que el teléfono que se identificaba como el mensaje de amenaza estaba conectado a una red wifi. Quizás la de la propia aerolínea. El culpable de la falsa alarma sólo tuvo que volver a cambiar el nombre de su teléfono para hacer desaparecer la amenaza. De momento, no ha sido identificado, pero es muy posible que Turkish Airlines tenga información sobre los posibles sospechosos.
La Guardia Civil inspecciona parte de la carga del vuelo después del aterrizajeXavi Jurio
Ahora sólo se trata de cerrar el círculo, pero la compañía ya ha adelantado que no da el asunto por acabado. El jefe de comunicación de la aerolínea, Yahya Üstün, manifestó “las autoridades competentes del país realizaron los controles y no encontraron ninguna irregularidad en el avión. Se han iniciado esfuerzos para identificar al pasajero en cuestión y emprender acciones legales”.
Al cambiar el nombre del teléfono por la frase de la bomba, lo que hizo ese pasajero fue crear una especie de mensaje-baliza que todo el mundo podía ver en un radio de entre 10 y 30 metros a su alrededor, el alcance que tiene este sistema. La opción de compartir datos con otros móviles abre una pequeña conexión wifi que todo el mundo puede ver y a la que se puede solicitar enlace aunque, si se conecta, el icono identificativo es el de dos anillos enlazados y no el de wifi.
Cambiar el nombre que identifica el teléfono por un texto corto es rápido y sencillo. El camino judicial de quien sea encontrado culpable de causar una alarma de ese tipo será mucho más complicado. Es uno de los 148 pasajeros que iban en ese vuelo. No son tantos como para que el culpable no acabe identificado y denunciado.
